Cuando la Patria llama, nada hay más importante. Cuando la nación depende de nuestras manos se impone producir y crecer. Cuando la convocatoria a un trabajo voluntario lleva la huella de Martí, Fidel, Che y de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) solo hay que ponerle pulmones y estar conscientes de qué defendemos.

Así lo debemos asumir 24 y 25 de enero, días en que nos veremos en cada municipio (para no hacer gastos innecesarios de combustible) y nuestro esfuerzo extra contribuirá a la producción de alimentos, la agricultura cañera, la higienización de ciudades, escuelas y hospitales o al montaje de parques fotovoltaicos, por solo mencionar algunas de las prioridades que hoy demandan la economía y los servicios.
Deben ser jornadas de organización precisa, movilizaciones concretas y un aporte real una vez finalizadas. Las listas de participantes no son lo determinante, sino haber concientizado que la labor es necesaria o imprescindible para darle vitalidad a un local o centro de trabajo; que dejamos más ganancias que pérdidas en los surcos donde trabajamos y que valió la pena la unidad por delante del individualismo, y la entrega por encima del desinterés.
Todo esto lo viviremos en medio de la preparación territorial que se redobla ya en función de la defensa del país. El imperialismo anda loco, amenazador y siniestro, pero los cubanos somos guevarianos y no confiamos, ni tantico así, en sus intenciones abiertas y camufladas de tener a América como su patio trasero. Ni más bárbaros ni más fuertes que nadie. Solo más dispuestos a que morir por la Patria es vivir. Y ellos lo saben.
La CTC está también a solo días de su aniversario 87 y el venidero fin de semana, lejos de fiesta o celebraciones pomposas, pretende estremecer con trabajo una sociedad que sigue siendo imperfecta, pero nadie tiene derecho a decirnos cómo construirla. Solo nosotros mismos, la clase obrera en el poder. Solo Cuba en Revolución.
Nos vemos en el campo, en las calles y en cada rincón donde seamos útiles. Y venceremos.

