
Un sistema de la crítica artística implica profesionales formados, instituciones y medios de comunicación comprometidos y una ética del pensamiento que favorezca el diálogo con profundidad, más allá de la inmediatez o la promoción acrítica.
Su existencia resulta clave para la formación de públicos. La crítica no solo valora obras, también educa la mirada, ofrece herramientas de lectura y contribuye a que los espectadores realicen una relación más consciente y activa con el arte.
Un entramado sólido de esta permite la jerarquización de la creación sin dogmatismos ni exclusiones arbitrarias. Establecer referencias, reconocer aportes significativos y debatir tendencias es indispensable para el desarrollo saludable del campo cultural. Esa jerarquización, sustentada en argumentos y no en modas o intereses coyunturales, contribuye a la memoria cultural y evita la banalización de los procesos creativos.
Es una herramienta estratégica para enfrentar esquemas hegemónicos de dominación cultural. Un pensamiento autónomo, informado y contextualizado permite defender la diversidad, la identidad y la soberanía simbólica.
Consolidar un sistema de la crítica artística en Cuba debe ser, por tanto, un empeño común de las instituciones y organizaciones culturales y académicas… y de los propios creadores, en favor de una vida cultural más reflexiva y sólida.