Ante las amenazas: Defender la Cultura

Ante las amenazas: Defender la Cultura

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La cultura cubana, rica en historia, tradiciones y valores, ha sido forjada a lo largo de siglos de resistencia, creatividad y lucha. En la actualidad, esta cultura se enfrenta a uno de los mayores desafíos de su historia contemporánea: la injerencia externa y las amenazas de agresión provenientes de figuras políticas como Donald Trump y Marco Rubio, quienes pretenden desestabilizar el sistema político de la Mayor de las Antillas y menoscabar sus logros.

A pesar de sus innegables deficiencias y errores, el socialismo cubano ha promovido desde 1959 un modelo de desarrollo que prioriza la educación, la salud y la cultura como pilares fundamentales del bienestar social. Las conquistas en estos campos son evidentes: Cuba cuenta con uno de los sistemas educativos más inclusivos del mundo, donde la alfabetización es prácticamente universal, y un sistema de salud pública que proporciona atención médica gratuita a toda la población. La cultura no solo es un reflejo de su diversidad étnica y social, sino que también se ha convertido en un vehículo de promoción de la identidad nacional y de resistencia ante agresiones externas, empeño en el que el Ministerio de Cultura, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura, la Asociación Hermanos Saíz y la Unión de Periodistas de Cuba, desempeñan un crucial papel en la unidad de todos los intelectuales y artistas.

 

La defensa de la cultura cubana no es solo una cuestión estética o simbólica, sino una cuestión de soberanía. La cultura es un espacio donde se manifiestan las luchas de un pueblo, y cualquier intento de erosionarla equivale a atacar la identidad y la autodeterminación cubanas. La música, la danza, la literatura y todas las expresiones artísticas que surgen en Cuba son testimonio de la riqueza de su historia y de la capacidad de su pueblo para crear y resistir.

Las declaraciones de figuras como Trump y Rubio no pueden ser vistas como meras palabras vacías. Sus discursos y acciones reflejan una estrategia de política exterior orientada a deslegitimar al gobierno cubano y a revertir los avances sociales conseguidos. Esta política de agresión se manifiesta en diversas formas, desde el establecimiento de medidas económicas coercitivas hasta la promoción de un discurso de odio que busca dividir y antagonizar a la sociedad cubana. A través de estas acciones, se intenta crear un clima de inestabilidad que atente contra el proyecto socialista en Cuba y, por ende, contra su cultura.

Es esencial comprender que las amenazas de agresión física o económica no solo ponen en riesgo el bienestar material de los cubanos, sino que también atentan contra la esencia misma de su cultura. La cultura cubana, impregnada de elementos autóctonos e influencias de todo el mundo, es un patrimonio colectivo que refleja la resistencia de un pueblo. La preservación de esta cultura es, por lo tanto, un acto de resistencia ante cualquier intento de dominación colonial o imperialista.

Uno de los aspectos más importantes de las conquistas del socialismo cubano en el ámbito cultural es la promoción de la igualdad y la inclusión. Durante décadas, el Estado ha trabajado para asegurar que  todos los ciudadanos tengan acceso a la cultura. Esto se traduce en una oferta cultural variada y rica, accesible para todos, sin discriminación. La promoción de artistas emergentes, la creación de espacios culturales en comunidades vulnerables y la difusión de la cultura a través de medios comunitarios son conceptos centrales en la política cultural cubana.

La narrativa de los agresores también busca desdibujar la imagen de un país resiliente. Sin embargo, la realidad de Cuba es que, a pesar de las dificultades económicas provocadas por el bloqueo y la pandemia, su cultura sigue floreciendo. Las iniciativas culturales impulsadas por el gobierno y por la comunidad han demostrado la capacidad del pueblo cubano de adaptarse y reinventarse. La participación activa de los ciudadanos en la vida cultural del país es prueba de que la cultura no pertenece a una élite, sino que es un bien común y un derecho que todos deben disfrutar.

Es crucial que la comunidad internacional y los cubanos en la diáspora reconozcan la importancia de defender la cultura cubana frente a las amenazas de injerencia. La solidaridad y el apoyo mutuo en la promoción de la cultura cubana pueden jugar un papel vital en la preservación de su identidad. Artistas, intelectuales y ciudadanos deben unir fuerzas para contrarrestar la narrativa negativa que se propaga desde el exterior y para fortalecer el orgullo nacional en torno a sus raíces culturales.

La defensa de la cultura cubana ante el injerencismo y las amenazas de agresión debe ser una prioridad no solo para los cubanos en la isla, sino para todos aquellos que valoran la diversidad y la riqueza de las culturas del mundo. Las conquistas del socialismo cubano en el ámbito cultural son ejemplos de cómo un pueblo puede construir su propio destino a través de la educación, el arte y la solidaridad. Defender esta cultura es, en definitiva, defender la libertad y la dignidad de Cuba como nación soberana.

Ante los intentos de desestabilización, la respuesta debe ser clara: reafirmar y celebrar la cultura cubana en todas sus manifestaciones, como un acto de resistencia y de amor por la tierra que nos vio nacer.

 

 

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