El teatro es una ventana al mundo de la fantasía, un espacio donde la creatividad se encuentra con la educación y la diversión. En el contexto cubano, uno de los más destacados exponentes de las artes escénicas enfocadas en la niñez es Freddy Artiles Machado, reconocido teatrista cuya obra ha dejado una huella imborrable en el panorama cultural de la isla.
En ocasión del aniversario 80 del nacimiento de este inolvidable maestro y excelente amigo, quien vino al mundo el 13 de enero de 1946 en Santa Clara (falleció el 24 de diciembre de 2009), un grupo de prestigiosas figuras de la escena nacional, además de estudiantes, antiguos alumnos y compañeros de Freddy; se dieron cita en Teatro La Proa para rendir tributo a la aportadora obra en el teatro para niños y de títeres de este respetado dramaturgo, profesor e investigador, sin dudas el más importante estudioso estos géneros en Cuba.
Entre los asistentes a este encuentro de remembranzas y homenaje póstumo —organizado como parte de la Jornada Villanueva que actualmente se desarrolla bajo los auspicios del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE)—, moderado por la crítica teatral, dramaturga, investigadora y profesora Blanca Felipe Rivero; se encontraban, además, otros teatristas e investigadores, como María Elena Tomás, Gladys Alvarado, Yamina Gibert Núñez, Rubén Darío Salazar y Tomás Hernández, que integraron el panel.
Igualmente asistieron la actriz y narradora oral Dayana Deulofeu, muy amiga de Artiles y de Mayra de los Ángeles Navarro Miranda, su esposa (ya fallecida), también prestigiosa narradora oral, quien en 1995 fundó el Estudio NarrArte, adscrito al Centro de Teatro de La Habana, el cual dirigió; además de Rachel García Heredia y Rafael Perez-Malo, presidenta y vicepresidente, respectivamente, del CNAE; Kenia Idalmis Rodríguez, presidenta del Centro Cubano de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ); y el reconocido ensayista, crítico, profesor y editor, Omar Valiño Cedré, director de la Biblioteca Nacional José Martí, quien agradeció a los ponentes por haber pintado magníficamente a Freddy en todo lo frondoso que fue realmente.
Pasión por el teatro con un profundo compromiso social
A lo largo de su carrera, Freddy combinó la pasión por el teatro con un profundo compromiso social, creando espectáculos que no solo entretenían, sino que también educaban y fomentaban valores entre los infantes y jóvenes.
Desde muy joven mostró interés por las artes escénicas, un camino que comenzó como un juego y evolucionó hasta convertirse en su verdadera vocación. Se graduó en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y, posteriormente se hizo Doctor en Ciencias sobre Arte y La Habana (ISA), hoy Universidad de las Artes; a la vez que se convirtió en un nombre clave en el movimiento de teatro para niños en Cuba. Su dedicación e innovaciones en el ámbito de los títeres revolucionaron la manera en que se percibía este género, tanto dentro como fuera de la isla.
Sus obras están impregnadas de elementos de la cultura cubana, lo que no solo enriquece la experiencia teatral, sino que también fomenta un sentido de identidad y pertenencia entre los espectadores más jóvenes. Entre sus piezas más reconocidas se encuentran Adriana en dos tiempos (1971), En la estación (Premio 13 de marzo 1977), De dos en dos (1975), Vivimos en la ciudad (Premio Teatro Estudio 1980) y El esquema (1985).
También como ejemplos emblemáticos de su habilidad para entrelazar la fantasía con enseñanzas valiosas, se destacan sus creaciones titiriteras para niños, jóvenes o adultos: entre estas El conejito descontento (Premio La Edad de Oro 1973), estrenada el 19 de febrero de 1971 en una escuelita de la comunidad de Mogote, en San Pablo de Yao, localidad perteneciente al actual municipio de Buey Arriba, provincia Granma, y luego se presentó, hasta el 29 de ese mes, en el Círculo de Cultura de la ciudad de Manzanillo.
Su repertorio incluye, además, El pavo cantor (Premio La Edad de Oro 1979), ¡Llega el circo! (Premio Festival de Teatro para Niños 1981), El mundo al revés (1987), La explosión (Mención III Concurso Iberoamericano de Dramaturgia Infantil, Bilbao, España, 1994 y Premio de Texto en el Encuentro de Teatro Profesional para Niños y Jóvenes, Guanabacoa’99), El Quijote anda (2000), Cine-Títeres (2001), Pinocho y el tiburón morado (2004), y otras.
Muchas de sus piezas fueron representadas y publicadas en Cuba, Alemania, Bulgaria, la antigua URSS, Ecuador, Venezuela, República Dominicana, El Salvador, México, Argentina, España, Perú y Nicaragua.
También guionista de televisión
Como guionista de televisión escribió para la TV Cubana las versiones de El conde de Montecristo (2002); Príncipe de los zorros (2004); El caballero del Rey (2005) y la serie titiritera para niños Despertar con Pelusín.En el campo de la investigación teatral publicó Teatro para Niños (1981); Aventuras en el teatro (1988); Teatro y dramaturgia para niños en la Revolución (1988); La maravillosa historia del teatro universal (1989); Títeres: historia, teoría y tradición (Zaragoza, España, 1998); De Maccus a Pelusín; El títere popular (2002) y Nuevas aventuras de Pelusín del Monte (2003), entre otros títulos.
Sus artículos críticos y teóricos aparecieron en publicaciones cubanas como Conjunto, Tablas, Revolución y Cultura, Juventud Rebelde, Granma y Trabajadores, entre otras, así como en revistas especializadas de Costa Rica, Colombia, la URSS, España, Estados Unidos, México y Argentina. Impartió numerosos cursos, talleres y conferencias sobre teatro en Cuba y también en Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, México. Colombia, Perú y España; en tanto participó en varios eventos internacionales de teatro en Europa y América. La Televisión Cubana trasmitió su curso de teatro de títeres y para niños, área a la que se consagró con notable esmero, y se desempeñó también como traductor de inglés e italiano..
Los títeres pueden actuar como mediadores entre el mensaje y el niño
El uso de títeres es una de las características distintivas de Artiles. Recuerdo que varias veces, en nuestros innumerables encuentros durante la década de los años 90 del pasado siglo, me reiteró que los títeres pueden actuar como mediadores entre el mensaje y el niño, facilitando una conexión emocional con la narrativa. Sus creaciones eran visualmente impactantes, utilizando técnicas que abarcan desde marionetas de hilo hasta figuras de guante, logrando así captar la atención de una audiencia que puede ser difícil de mantener enfocada. Además, su conocimiento técnico sobre el manejo de títeres fue compartido en talleres y conferencias, lo que ha contribuido a la formación de nuevas generaciones de artistas en el campo.
Además de su trabajo en el escenario, Freddy Artiles fue un ferviente defensor del teatro infantil en Cuba. Participó activamente en foros y festivales en Europa y América, donde abogó por la importancia de este género en la formación cultural de los niños. Su visión, que reconocía el poder del teatro como herramienta educativa, ayudó a elevar el estatus del teatro para la infancia en nuestro país, promoviendo su integración en los programas escolares y en las actividades culturales comunitarias.
A lo largo de su trayectoria, recibió múltiples premios y reconocimientos, tanto a nivel nacional como internacional, lo que refleja el respeto y admiración que cultivó dentro de la comunidad artística. No obstante, más allá de los galardones, su mayor satisfacción radicaba en ver a los niños reír, soñar y aprender a través de sus historias. Su deseo de trascender a través de la creación de una conexión genuina con su joven público es lo que lo motiva y define como artista.
Impacto de Freddy en el teatro infantil y de títeres
El impacto de Freddy en el teatro infantil y de títeres va más allá de las obras que creó; su legado reside en cómo contribuyó a transformar el panorama cultural de la niñez en Cuba. En tal sentido demostró que el teatro puede ser un vehículo potente para la educación y la formación de valores, contribuyendo no solo a la cultura, sino también al desarrollo integral de las futuras generaciones.
El trabajo de este inolvidable teatrista fue testimonio de la riqueza y diversidad del teatro cubano. Su producción artística, centrada en la infancia, contribuyó de manera significativa a la formación de una cultura teatral vibrante y consciente en la isla. La promulgación de valores universales a través de su narrativa, su uso innovador de los títeres y su compromiso con la educación lo destacan como un referente ineludible en el ámbito del teatro para niños. Su legado perdurará en la memoria colectiva, inspirando a nuevos artistas a seguir sus pasos y continuar el importante trabajo de hacer del teatro un espacio de aprendizaje y alegría para todos los niños.
Otros reconocimientos
En 1989 obtuvo el Diploma Centenario de La Edad de Oro, otorgado a personalidades destacadas en el campo de la creación artística y literaria para niños y jóvenes. Ostentaba la Distinción por la Cultura Nacional (1995); el Premio Abril, por la trascendencia de su obra para niños y jóvenes (1998); el Diploma a la Maestría Artística, otorgado por el Instituto Superior de Arte (2000); la Distinción por la Educación Cubana (2000) y la Medalla Alejo Carpentier (2001), otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba.
Ganó el Premio Gorgorito, que otorga la UNIMA Madrid (Unión Internacional de la Marioneta), con el apoyo de la Comunidad de Madrid y UNIMA Federación España. El Premio fue entregado el 30 de agosto de 2007 en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias, coincidiendo con la celebración de la VI Escuela de Verano para Titiriteros, organizada por UNIMA Federación, y UNIMA Madrid.
El 19 de febrero de 2010, en la clausura del Taller El secreto de Polichinella, impartido por el titiritero Philippe Saumont de la compañía francesa Tarabates, quedó oficialmente constituida la Cátedra de Teatro de Títeres Freddy Artiles perteneciente a la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA).