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El sindicato no puede poncharse

El 2026 ha iniciado para el movi­miento sindical cubano como un play off, con poco margen a la im­provisación. La corona lleva ta­tuada un texto: lograr una Central de Trabajadores de Cuba (CTC) lo más cercana posible a la creada y liderada por Lázaro Peña, pero atemperada al contexto económico y social actual. Todas las jugadas y batazos son posibles, excepto pon­charse.

Son meses en que las prioridades o “lanza­dores abridores” están bien definidos: comple­tamiento de los cuadros en toda la estructura organizativa, más afiliación en el sector no esta­tal, acompañamiento al Programa de Gobierno, mejor representación de los trabajadores ante las administraciones desde la base hasta el sindicato nacional, sesiones finales del 22 Congreso —pos­tergadas desde el 2025 y que pudieran ser vir­tuales en julio, a tono con la realidad del país—, mayor activismo creativo en redes sociales y un aporte económico eficiente del sector empresa­rial, por solo mencionar algunos.

Por supuesto, para salir victoriosos en este partido que corrió sus cortinas el pri­mero de enero es imprescindible desterrar fórmulas manidas en cuanto a los paráme­tros de la emulación y la realización de actos y condecoraciones; al tiempo que es urgente buscarse más rollos, por ejemplo, en centros y empresas con impagos a sus fuerzas labora­les. Reunirnos menos y trabajar más debiera ser “la pizarra final”, así como disminuir las empresas con pérdidas a niveles del tobillo. Robustecer la propuesta del nuevo Código de Trabajo y darle un vuelco a la atención de nuestros Héroes del Trabajo.

Es bueno fijar además “reglas anticipa­das”, pues lo hacemos en el año en que ce­lebraremos el centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien más de una vez aseguró que el sindicato debe ser contrapartida de la administración y ve­lar todo el tiempo por los intereses de quie­nes eligieron a los secretarios . Hay que ser celosos con la historia de la CTC y los sindi­catos, pero desde perspectivas más atracti­vas y revolucionarias. No en consignas, sino en proyectos.

No por último son menos importantes “los jonrones” de esta organización en la preparación para la defensa del país, cuando arrecian las ame­nazas imperiales tras la agresión a Venezuela. En esencia, el desafío del sindicalismo cubano pasa por recuperar ese papel de liderazgo que siempre tuvo en nuestra sociedad y no solo en las convo­catorias por el Primero de Mayo, sino en la pro­ducción de las riquezas a repartir. Reitero, todo es posible, excepto poncharse.

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