El 2026 ha iniciado para el movimiento sindical cubano como un play off, con poco margen a la improvisación. La corona lleva tatuada un texto: lograr una Central de Trabajadores de Cuba (CTC) lo más cercana posible a la creada y liderada por Lázaro Peña, pero atemperada al contexto económico y social actual. Todas las jugadas y batazos son posibles, excepto poncharse.
Por supuesto, para salir victoriosos en este partido que corrió sus cortinas el primero de enero es imprescindible desterrar fórmulas manidas en cuanto a los parámetros de la emulación y la realización de actos y condecoraciones; al tiempo que es urgente buscarse más rollos, por ejemplo, en centros y empresas con impagos a sus fuerzas laborales. Reunirnos menos y trabajar más debiera ser “la pizarra final”, así como disminuir las empresas con pérdidas a niveles del tobillo. Robustecer la propuesta del nuevo Código de Trabajo y darle un vuelco a la atención de nuestros Héroes del Trabajo.
Es bueno fijar además “reglas anticipadas”, pues lo hacemos en el año en que celebraremos el centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien más de una vez aseguró que el sindicato debe ser contrapartida de la administración y velar todo el tiempo por los intereses de quienes eligieron a los secretarios . Hay que ser celosos con la historia de la CTC y los sindicatos, pero desde perspectivas más atractivas y revolucionarias. No en consignas, sino en proyectos.
No por último son menos importantes “los jonrones” de esta organización en la preparación para la defensa del país, cuando arrecian las amenazas imperiales tras la agresión a Venezuela. En esencia, el desafío del sindicalismo cubano pasa por recuperar ese papel de liderazgo que siempre tuvo en nuestra sociedad y no solo en las convocatorias por el Primero de Mayo, sino en la producción de las riquezas a repartir. Reitero, todo es posible, excepto poncharse.