“Desde que tengo uso de mi razón en todo lo que he hecho, hago y haré está inspirado en el legado de Fidel, nuestro inolvidable Comandante en Jefe”, lo dice categórica Emelia Martínez Sanso, una septuagenaria tunera jubilada del sector de la Salud.

Y no es retórica baldía la expresión. Cada palabra lleva aparejada la acción, y la humildad y la sencillez inculcadas por su familia en los campos de San Miguel de Manatí. Es, además, dueña absoluta de un espíritu enérgico, hiperactivo que no laceran sus 76 años de edad, ni la enfermedades crónicas que padece, ni la nostalgia por la ausencia física de Marcial Barreto Vaillant,esposo fallecido, y “mi cómplice en cuanto proyecto idee de propaganda gráfica en defensa de la Revolución”, señala acongojada.
Fidel y una jornada memorable
El 14 de junio de 1980 es una fecha memorable para todos los tuneros. Ese día Fidel inaugura el hospital general docente Ernesto Che Guevara, columna vertebral de un complejo que alimentaba esperanzas y abría nuevos horizontes a la atención médica en la todavía joven provincia de Las Tunas.
Pero para Emelia tuvo, además una connotación especial, “es el día más importante de mi vida. Lo llevo y lo llevaré siempre, hasta mi último aliento, en lo más profundo de mi corazón, de mi alma”.
Lo recuerda y lo hace público con incontrolable emoción, una emoción que le colma el rostro y el alma, y provoca un estremecimiento visible en sus gestos, yel tono firme y alto de su voz.
“Ese día conocí al Comandante en persona, me estrechó las manos, conversamos y esa imagen es imborrable, deja una huella perpetua y aumentó mi admiración, mis respetos y mi amor por Fidel y la Revolución que hizo para el bien de todos los cubanos”, evoca a más de 45 años del inesperado encuentro.
La sorpresa, la emoción…
Emelia, con la euforia que le provoca la remembranza, relata: “Entonces yo vivía en una cuartería en la calle Coronel Reyes, de aquí de la ciudad, y pasadas las 9:00 de la noche del 13 de junio tocan a la puerta de mi casa, eran representantes del Sindicato de la Salud, y me convocan para las 4:00 de la mañana en el Parque Maceo.

“Me dijeron lleva ropa de trabajo, porque vas a engalanar un lugar que recibirá a grandes personalidades de la nación, y ropa de vestir en una cartera, por si te invitan al acto. Y, allí estuve a la hora señalada junto a otras compañeras seleccionadas para hacer lo mismo.
“A mí me tocó en el grupo que llevaron en un camión hasta el Motel Los Pinos. Ni remotamente nos imaginábamos la sorpresa que nos esperaba. Ya casi habíamos terminado la tarea. Yo estaba apoyada en el palo de una escoba, no sentí pasos, pero sí la sensación de que alguien me miraba y cuando me voltee ahí estaba Fidel”, relata con la misma agitación a la que su sistema nervioso reaccionó ante la histórica y legendaria figura.
La reacción…
“Comencé a dar saltos y a gritar ´muchachitas salgan que aquí está el Comandante´”, hace el relato de pie y brinca en la sala de su hogar como brincó entonces.
“¿Esta energía?, me la proporciona el recuerdo imborrable con Fidel”, enfatiza y retorna a aquella casi madrugada y prosigue: “Fidel cubrió con sus manos las mías y me decía ´cálmese compañera, tranquilícese´ y me tranquilicé. Y comenzó a hacerme preguntas: cómo te llamas, dónde y cómo vives, estudias o trabajas; y, después que le dije que era Técnica de Farmacia empezó a indagar sobre mi desempeño, qué cómo me sentía ejerciendo la profesión, si me gustaba, las condiciones de trabajo…
“Me hizo un mundo de preguntas y yo nerviosa. Las palabras no me salían de la garganta y con la voz entrecortada logré responderlas. Saludó, y conversó con todas nosotras sobre esos y otros temas que demuestran su gran humanismo, su pasión por los trabajadores, su optimismo contagioso…
“Nos dijo que con esa misma emoción que mostrábamos, ellos habían venido a la inauguración del hospital, y nos pidió que siguiéramos trabajando con ese mismo fervor, porque él quería convertir a Las Tunas en una tacita de oro y en su empeño contaba con nosotros.
“Yo no me apartaba de su lado. Y una de las compañeras me dice ´Emelia, Emelia dile al Comandante que si no se va ´tirar´ una foto con nosotras´. Se lo dije y me respondió: ´Sí compañera, como no´. Nos agrupamos y enseguida apareció el fotógrafo, entonces le indicó a Zayas (Luis Alfonso Zayas, entoncesprimer secretario del Comité Provincial del Partido en Las Tunas) que nos entregara a cada una foto con la firma de un miembro del Buró Ejecutivo”.
Y me muestra la imagen, que recrea el inolvidable momento, presidiendo la sala de su casa en avenida Aurora, número uno, entre Fernando de la Cruz y Anexa, en la ciudad de Las Tunas. Un hogar que desde hace años es un espacio que convierte la fachada del hogar y el jardín en una oda a Fidel y a la Revolución con carteles diversos nacidos del ingenio y el amor a la Patria de Emelia y su difunto compañero.

En estos días Emelia, sintiendo la ausencia física y el apoyo perenne de Marcial, recompone carteles confeccionados juntos para rendirle honores al Comandante en Jefe Fidel Casto Ruz en el año de su centenario, porque Fidel, sobrevive en el imaginario simbólico de la nación y desde otra dimensión continúa convocando a salvar la Revolución y el socialismo.
Acerca del autor
Licenciado en Periodismo (Universidad de Oriente, 1986), máster en Ciencias de la Comunicación (Facultad de Comunicación Universidad de La Habana, 2010). Inició como colaborador (1999) y desde el 2008 es corresponsal de Las Tunas. Profesor adjunto de la Universidad de Las Tunas con categoría de asistente. Cumplió misión en la República de Haití (2000) y en la República Bolivariana de Venezuela (2018-2021). Es colaborar del Periódico 26 y de la emisora provincial Radio Victoria.

