Trabajo y lucha fueron dos palabras clave de la cruzada ideológica emprendida por el Comandante en Jefe a lo largo de la Isla, en la Caravana que partió de Santiago de Cuba hasta llegar a La Habana el 8 de enero de 1959. La libertad, subrayó, era solo la primera parte para empezar a tener derecho a luchar, y la paz representaba trabajo triplicado, lucha multiplicada.

Fueron muchas las emociones de aquel día: el pueblo capitalino volcado a las calles al punto de que los vehículos de la caravana apenas podían avanzar; la infinidad de personas que se encimaban al vehículo que conducía a Fidel para saludarlo y expresarle su admiración; el abrazo paternal a Fidelito, el hijo que no veía desde hacía dos años; el encuentro con Camilo, quien se sumó al trayecto; la visita al yate Granma, que le aguardaba en la rada habanera; el breve discurso en el Palacio Presidencial ante una masa compacta de habaneros y le dijeron que hacían falta mil hombres para que pudiera salir, él le pidió al pueblo que hiciera dos filas, que iba a pasar solo entre el la multitud, esta se dividió en dos y pasó sin problemas de ninguna clase; la entrada en campamento militar de Columbia, sede principal del ejército de la tiranía derrocada…
¿Qué preocupaciones tenía Fidel en aquel histórico momento en que se dirigió al pueblo capitalino?
“Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba. “dijo.
Como mismo lo había hecho en su siembra de ideas de Oriente a Occidente durante los ocho días de su recorrido por el país, les habló a los habaneros de temas cruciales, entre ellos uno que mantiene absoluta vigencia:
“¿Quiénes pueden ser ante este pueblo victorioso en lo adelante, los enemigos de la Revolución?” Preguntó y la respuesta fue: “Los peores enemigos que en lo adelante pueda tener la Revolución Cubana somos los propios revolucionarios.”
Recordó a los llamados revolucionario del pasado que querían vivir a título de haberlo sido, de haber puesto una o dos bombas, y posiblemente los que más hablaban eran quienes menos habían hecho. Eran los que acudían a los ministerios a buscar puestos, a vivir de parásitos, a cobrar el precio de lo que habían realizado, y, comentó Fidel ¿Dónde está la revolución que esta gente hizo?”
Por eso consideró que lo primero que habrían de preguntarse los que hicieron la Revolución que había triunfado era con qué intenciones la habían hecho, si en algunos de ellos se ocultaba una ambición, un afán de mando, un propósito innoble, si después de derrocar a la dictadura iban a disfrutar los gajes del poder, vivir como reyes, y su vida sería un paseo.
En contraste habría que saber si en cada uno de los protagonistas había un verdadero espíritu de sacrificio, si estaban dispuestos a darlo todo a cambio de nada y dispuestos a renunciar a lo que no fuese seguir cumpliendo con el deber de sinceros revolucionarios.
Alertó de que esa pregunta había que hacérsela “porque de nuestro examen de conciencia pude depender mucho el destino de Cuba y del pueblo.”
Fidel era el primero de aquellos sinceros revolucionarios al igual que la inmensa mayoría de los que lo acompañaron en la lid liberadora. Hubo oportunistas y traidores, pero frente a ellos el Comandante en Jefe utilizó a su mejor tropa, el pueblo, que como él afirmó, había sido quien ganó la guerra.
El crimen más grande que podía cometerse en Cuba en ese momento, enfatizó, era que alguien conspirase contra la paz, y el que hiciera algo contra la paz era un criminal y un traidor.
Le expresó a la multitud reunida en Columbia, en representación de todos los habaneros, el papel del Movimiento 26 de Julio, que fue la primera organización en emprender la lucha, lo que no quería decir que otros no hubiesen luchado como ocurrió en la Habana donde cientos de compañeros cayeron por cumplir con sus deberes revolucionarios. La guerra de liberación enseñó cómo había que tratar al enemigo y ‘resaltó que tal vez esta sería en el mundo la única Revolución donde jamás se asesinó a un prisionero de guerra, no se abandonó a un herido, no se torturó, a diferencia de la actuación del régimen batistiano.
Cuando la República entraba en una nueva fase no era justo que la ambición o los personalismos pusieran en peligro a la Revolución. El propósito de los que dirigirían el país era cumplir con lo que le interesa al pueblo, y expresó que lo primero que haría cuando viera en peligro la Revolución era llamar al pueblo, a la opinión pública para desarmar a los ambiciosos. Y le pidió al pueblo, a la prensa, a los hombre sanos y responsables del país que ayuden a resolver los problemas, con el apoyo de la opinión pública no con transacciones, porque “cuando la gente se arma y amenaza para que le den algo, eso es un inmoralidad y eso no lo aceptaré más”
En un momento dado interrumpió el discurso para hacer una pregunta que se convirtió para los patriotas cubanos en el reconocimiento liderazgo del Comandante en Jefe, reiterado en los sucesivos años de Revolución: ¿Voy bien Camilo? Le preguntó al Héroe de Yaguajay, y este respondió; Vas bien Fidel.
En aquella jornada al referirse a las concentraciones multitudinarias del pueblo en La Habana dijo que “es mucho más de lo que nosotros merecemos, y se adelantó al futuro al expresar que ”nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión y es el día en que muramos, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, anticipó, se reunirá tanta gente como hoy, porque nosotros ¡Jamás defraudaremos a nuestro pueblo!”
Acerca del autor
Graduada de Periodismo en 1974 y Master en Ciencias Políticas de
enfoque Sur, Al graduarse pasó a atender temas históricos e
ideológicos y viajó a varios de los antiguos países socialistas. Al
pasar al periódico Trabajadores, escribió para el Suplemento de
salud durante varios años y realizó la cobertura del segundo
contingente de la brigada médica en Guatemala. Posteriormente fue
jefa de la edición digital y subdirectora editorial hasta mayo de 2025
que se jubiló y se recontrató en la publicación. En el transcurso de
su ejercicio profesional Ha ganado premios en concursos
periodísticos y de humorismo.

