Escuché expresar de un colega latinoamericano que la Patria Grande está hoy obligada a unirse o de lo contrario EE.UU. terminará por convertirla en su traspatio como ha pretendido siempre.

El amigo periodista insistió en esa opinión tras la agresión de Washington a Venezuela, el pasado 3 de enero, violando todas las normas internacionales, y cuyo objetivo principal fue secuestrar al presidente constitucional Nicolás Maduro y, claro está, destronarlo del poder.
El repitente inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, ha afirmado públicamente y en reiteradas ocasiones su intención de dominar Nuestra América y apoderase de sus riquezas naturales.
Trump lo dejó bien claro en sus repetidas amenazas a Venezuela antes de atacarla, y en sus irrespetuosas intimidaciones a otras naciones de la región como Colombia, Nicaragua, México, Brasil y Cuba, además de a varias pequeñas islas del Caribe.
Al mismo tiempo, ha utilizado el chantaje, el dinero y el fraude electoral para conseguir el ascenso al poder de gobiernos de derecha en América Latina serviles a los intereses de Washington.
Una gran ofensiva diplomática de fuerza, apoyada por poderosos medios de comunicación y redes sociales, fue intensificada desde enero del pasado año por el ocupante del Despacho Oval y su secretario de Estado, Marco Rubio, con el objetivo de dividir a la Patria Grande para reconquistarla.
Y hay que admitir que lo han logrado porque si no fuera así Venezuela no hubiera podido ser invadida por EE.UU.
El más eficaz antídoto para derrotar la actual escalada intervencionista de la Casa Blanca es la unidad entre las naciones, independientemente de diferencias políticas, y en especial de los pueblos.
En uno de mis artículos de hace algún tiempo escribí que EE.UU. es como el clásico alumno abusador de la clase que no respeta a sus compañeros de aula, y se cree con derecho a hacer cualquier cosa, con tal de lograr su propósito de avasallar a todos y sojuzgarlos.
Ese comportamiento se ha agravado con Trump ante el evidente hecho de que se cree el gendarme y dueño del mundo.
Si todos los alumnos de este planeta enfrentamos juntos con los puños de las ideas, y con otros si fueran necesarios, el abusador de la clase de seguro tendría un final muy infeliz.



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