Cómo cada cinco de enero nos parece que aún vibran en el aire las notas de esa marcha que, convirtió el nombre de un mártir en bandera, canto y marcó el paso de nuestros niños y jóvenes alfabetizadores hacia los lugares más intrincados del país.

Días antes de que el formidable ejército alfabetizador, armado de faroles y cartillas, empezara a extenderse a lo largo y ancho del país, murió en las montañas del Escambray, el maestro voluntario Conrado Benítez García, el cinco de enero de 1961, vilmente asesinado por bandidos al servicio del imperialismo norteamericano.
El crimen tenía como objetivo sembrar el terror en las zonas campesinas y obstaculizar la realización de la epopeya que llevaría la luz del saber a lugares intrincados de la geografía cubana. Pero los criminales se equivocaron una vez más. El llanto del pueblo se hizo ira, esta se replicó en un coraje popular que convirtió la promesa juvenil «Cumpliremos» en la victoria de la juventud.
Vergüenza fue para el imperialismo, señaló Fidel, comprobar que el asesinato de un maestro humilde del pueblo: Conrado Benítez, se multiplicó en cien mil brigadistas Conrado Benítez.
Aquel cinco de enero de 1961, tomó el camino de su escuela como de costumbre. Llevaba debajo del brazo tres libros: Fisiología, Lenguaje y Aritmética. En la cartera, cuatro pesos y la foto de su novia. El aire frío de la montaña le acariciaba su rostro, iba como embriagado con la belleza del paisaje y seguro de lo benigno de su fauna. Al llegar a un sitio que se conoce como San Ambrosio, el joven supo cómo el odio de clase de la burguesía fue capaz de convertir seres humanos en monstruos peores que las fieras. Lo supo él y el campesino Heliodoro Rodríguez que lo acompañaba.

Allí fueron apresados, vejados y golpeados por unos asesinos a las órdenes del contrarrevolucionario Osvaldo Ramírez, cabecilla de una de las bandas terroristas que el imperialismo norteamericano organizó y pertrechó en El Escambray. Por orden de él, Conrado y Heliodoro recibieron la muerte, uniendo sus nombres en la historia, como símbolo de la alianza obrero-campesina.
¿Por qué dieron muerte a Conrado?
Fidel precisó las razones: Era pobre, negro y maestro. Había nacido el 19 de febrero de 1942, en Matanzas. Era callado, tímido, introvertido y muy respetuoso; laboró como limpiabotas y panadero durante el día para contribuir en la búsqueda del sustento familiar y dedicaba las noches a estudiar en busca de horizontes más prometedores, que solo encontró tras el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959.
El ejemplo de los mártires y héroes despertó en su espíritu el anhelo ferviente de servir a la sociedad, por eso no titubeó ante el llamado de Fidel Castro, en 1960, de formar el contingente de Maestros Voluntarios en la Escuela de Capacitación Pedagógica de Minas de Frío, que impartirían clases en las montañas.
Le interesaba el magisterio, aunque también quería estudiar Ingeniería Eléctrica. Se incorporó al primer destacamento, donde señaló que permanecería dando clases en la Sierra Maestra todo el tiempo que fuera suficiente, incluso su disposición a formalizar su residencia permanente allí y recibir entrenamiento militar. En el campamento, por su rapidez, desempeñó el oficio de cartero.
Integró el primer contingente de estudiantes que partió hacia la Sierra Maestra. Esta gran cadena de montañas hacía honor a su nombre, inaugurando en Minas de Frío la Escuela de Capacitación Pedagógica, de donde surgirían los primeros maestros ambulantes de quienes nos habló José Martí.
Alternaba las clases de 44 niños por el día con otros tantos adultos por las noches, con el fin de erradicar el analfabetismo.

Su muerte cobró especial trascendencia, en especial para los jóvenes que se formaban en las carreras pedagógicas y en el lugar del hecho se levantó un obelisco en honor a las víctimas asesinadas, y la brigada de alfabetizadores creada el 17 de enero de 1961 por la Revolución adoptó su nombre.
El 28 de enero de 1961 el Máximo Líder de la Revolución Fidel Castro, convocó a la histórica Campaña Nacional de Alfabetización llevada a cabo en Cuba y manifestó: «¡Ese maestro después de muerto, seguirá siendo maestro! ¡El pueblo nunca lo olvidará!».
Y así ha sido, hoy decenas de jóvenes forman filas en las carreras pedagógicas en honor a ese brigadista, símbolo de Cuba y del magisterio.

