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En el aniversario 50 de su fallecimiento: Lázaro, maestro

El hombre en su tiempo

“Llegaba sonriente a una asamblea, hablando con los trabajadores que venían a saludarlo. Entraba alegre, jodedor, metiéndose con la gente, porque conocía a muchas personas”. Así lo describió el dirigente sindical azucarero Luis Martel Rosa y agregó otros detalles de su personalidad: “Nunca lo vi responder en mala forma (…). Nunca interrumpía a nadie. Dejaba que cada compañero hablara, y después iba deshojando las cosas que no tenían un contenido apropiado, que afectaban a la economía, al país, a los trabajadores; e iba convenciendo”.

Foto: Archivo del periódico Trabajadores

 

¿Y cómo un mestizo, hijo de un carpintero y albañil eventual y una despalilladora, quien por su orfandad ingresó tempranamente en las filas del trabajo, se convirtió en un líder carismático y reconocido por su autoridad, prestigio y agudeza política?

Tal vez su amor al sindicalismo nació al calor del orgullo con que su mamá guardaba el carné del padre fallecido, como afiliado al sindicato de obreros elaboradores de la madera y sus similares.

Lo cierto es que la huelga, los mítines, el manifiesto, el diálogo con sus compañeros de clase, la prisión, comenzaron a integrar su ejecutoria, sin perder su criolla alegría, su afición a la música —quiso ser violinista—, a la pelota y al boxeo.

Rubén Martínez Villena, quien lo conoció en los difíciles años treinta del pasado siglo, se admiró, según sus propias palabras, de sus bríos de juventud con madurez de veterano.

Y tenía razón: a los 18 Lázaro se hizo comunista, a los 23 fue electo secretario general del Sindicato de Tabaqueros de La Habana, y al año siguiente, en medio de una feroz represión gubernamental, asumió la dirección de la hasta entonces muy combativa Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC).

Su primera gran tarea consistió en reorganizar las fuerzas sindicales bajo el principio de la unidad. El resultado de esa labor fue la creación de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), de la que saliera electo secretario general y desde la cual encabezó numerosas batallas a favor de los intereses de los trabajadores.

No solo se entregó a la lucha sindical, por esos años se preocupó por forjar aulas para la superación cultural y política de los trabajadores; rescató, entre 1936 y 1939, la Universidad Popular José Martí; fundó la revista CTC y su espacio radial.

Los inicios de la década de los cincuenta sirvieron de escenario para intensas batallas contra el mujalismo, corriente reaccionaria que se había apoderado del movimiento sindical. Convencido de su gran poder movilizativo de los trabajadores, el tirano Batista le negó el regreso al país cuando viajó a Viena para participar en el III Congreso de la Federación Sindical a cuyo ejecutivo Lázaro pertenecía.

En México contactó con los futuros expedicionarios del Granma, Raúl Castro y Ñico López, quienes le entregaron a Lázaro su testamento político antes de partir para Cuba y, posteriormente, en las tribunas internacionales denunció al batistato y pidió apoyo solidario a los que luchaban por derrocarlo.

Sobre el triunfo revolucionario expresó: “Sentir que la vida me alcanzó para ver este hecho produjo en mí la satisfacción más honda”. Parafraseando a Villena, para esa fecha Lázaro se acercaba a la madurez, pero mantenía los bríos juveniles. Emprendió la lucha por desterrar de la CTC cualquier vestigio de mujalismo, y por convencer a los trabajadores de que solo el mantenimiento y el avance de la Revolución garantizarían los derechos de todos.

Y al frente de la CTC, nuevamente en 1961, la organización dio un gran paso de avance: dejó de ser una unión de federaciones para convertirse en una central sindical.

En el XIII Congreso de la CTC. Foto: Archivo del periódico Trabajadores

Años después, ya sin la presencia dirigente de Lázaro, el movimiento sindical se debilitó y entonces vino una segunda gran pelea del veterano líder: la reorganización del movimiento sindical que tuvo su punto culminante en el histórico XIII Congreso, al que entregó sus últimas energías de revolucionario.

Se involucró de lleno, pese a encontrarse muy enfermo, a revitalizar al movimiento sindical y colocarlo a la altura de las exigencias de aquel momento histórico. “Inútil era rogarle que moderara sus esfuerzos y atendiera su salud. Era lo único en que este militante modesto, dócil y disciplinado desatendió los ruegos de sus compañeros y las exhortaciones de su Partido”, expresó Fidel en el sepelio del Capitán de la Clase Obrera, quien hasta los últimos instantes de su vida estuvo trabajando afanosamente en el cumplimiento de los acuerdos del Congreso. Falleció pocos meses después, el 11 de marzo de 1974. (Alina Martínez Triay)

Un papá bueno

Aila, la hija de Lázaro, nos hizo llegar estos apuntes sobre su padre:

“Se cumple el 50 aniver­sario del fallecimiento de Lázaro Peña González, un cubano simple y de origen pobre que habiendo abraza­do las ideas del comunismo, y reconocido el tremendo papel que le corresponde ju­gar a una clase obrera com­prometida y empoderada en la construcción del país que todos deseamos, llegó a ser un defensor compro­metido de nuestra Revolu­ción, no solo fue el secreta­rio general reelecto por las masas revolucionarias de la Central de Trabajadores de Cuba, sino que también fue un dirigente destacado del movimiento obrero mun­dial desde su cargo de vice­presidente de la Federación Sindical Mundial.

“Siempre me piden que hable de él. Puedo decir que fue todo lo buen papá que pudo ser dadas las condicio­nes, porque luego del triunfo de la revolución no convivi­mos; que estuvo ahí cuando necesité una orientación en mi vida laboral y/o personal; que siempre fue un amigo que me enseñó a entender lo falso de las vanidades porque lo que vale de las personas no está en lo que aparentan ni lo que ostentan, sino en lo que está en sus corazones y en sus mentes; que me enseñó que el camino hacia los sueños más altos no son precisamente senderos rodeados de flores, pero que las piedras y las es­pinas y los retos son parte del proceso que hay que enfren­tar y superar, siempre que se tenga clara cuál es la meta que se quiere alcanzar.

“Como ven, estoy ha­blando de un papá normal y bueno, como el que quisiera que todos pudieran tener como guía y como el que todos debemos tratar de ser cuando nos toca la tarea de formar a la generación que dará continuidad al avance de la humanidad hacia una existencia feliz”.

Héroe del Trabajo

No siempre se menciona que por Resolución del Comité Nacional de la CTC se le confirió a Lázaro Peña González, inmediatamente después de su fallecimiento, el Título Honorífico de Héroe Nacional del Trabajo, “como reconocimiento a su condición de comunista, conductor y maestro de cuadros sindicales”.

Lázaro le acababa de entregar a su pueblo una obra colosal: el XIII Congreso de la CTC, en la que volcó toda su experiencia anterior de dirigente, desde que fundó la CTC en 1939.

Fue la culminación de un proceso en el que cumplió magistralmente la orientación de Fidel: “Rectificar errores, orientar, definir, establecer el papel que corresponde en la construcción del socialismo a las organizaciones obreras (…)”.

Lázaro consiguió que el Congreso se convirtiera en una de las discusiones más extensas, democráticas, profundas y aleccionadoras de toda la historia del sindicalismo cubano.

 

En la memoria de cuatro sindicalistas

Desde Santiago de Cuba, Camagüey, Ciego de Ávila y Villa Clara nos llegan los testimonios de quienes compartieron empeños sindicales con Lázaro.

Preparativos del XIII Congreso

Ricardo Martínez Masdeu tiene vivo en la memoria el recuerdo de aquella plenaria presidida por Lázaro Peña en el teatro Oriente de la ciudad de Santiago de Cuba.

“Fue en 1973, durante los preparativos del XIII Congreso de la CTC, al cual tuve el honor de asistir.

“Éramos unos mil 400 dirigentes sindicales y trabajadores reunidos en el teatro y todos nos quedamos admirados con aquel hombre de una oratoria impecable, que explicaba y convencía desde los argumentos y el ejemplo.

“Por aquel entonces yo era el secretario general del Sindicato de Trabajadores Azucareros de Oriente y hasta hoy llevo conmigo ese intercambio fluido, el espíritu proletario que Lázaro llevaba consigo y que sabía transmitir”. (Betty Beatón Ruiz)

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Fortaleció al movimiento sindical

Irmino Albert Cárdenas era muy joven, pero tenía en la sangre el extra de los dirigentes sindicales cuando participó en el XIII Congreso obrero.

Sobre Lázaro recuerda: “Era el líder indiscutible, organizó a los trabajadores cubanos de una manera increíble, estableció nuevos métodos basados en la interacción con los colectivos laborales, su vigor y empuje hicieron que el movimiento sindical cubano se fortaleciera y que el rol de representación fuera predominantemente para la CTC y sus sindicatos”, explicó.

Irmino, perteneciente al sector azucarero, siente orgullo de haber sido uno de los que hicieron historia por aquellos días y también con admiración evocó las certeras observaciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el cónclave. (Lourdes Rey Veitía)

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Convencía a todos

El agramontino Víctor Álvarez Borges recuerda que a Camagüey Lázaro Peña llegó varias veces para organizar o supervisar cuestiones sindicales.

Era un hombre, dice este fundador de los sindicatos de las Comunicaciones y de Administración Pública, que aseguraba que el dirigente sindical debía estar en donde estaban los trabajadores y los problemas.
Como dirigente del Sindicato de la Comunicaciones Víctor compartió con Lázaro en diversas reuniones, tanto en Consejos Nacionales como en encuentros para preparar el Congreso de la CTC.

En todos, alega, desbordaba justeza, paciencia, control y un estilo tan claro que convencía a todos. Fue un hombre que respetó a la Revolución y defendió a los trabajadores, que era defender a la patria. (Gretel Díaz Montalvo)

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Un recorrido inolvidable

Félix Álvarez Aguilar, fundador de la Central de Trabajadores de Cuba en la provincia de Ciego de Ávila, rememora una frase que, según él, nunca se ha cansado de repetir como soldado de primera fila al mando del líder sindical: “¡Ordene, mi capitán!”.

Cuenta acerca de los gratos momentos que sostuvo con Lázaro Peña González, entre los cuales reseña con más ímpetu el recorrido que hiciera junto al Capitán de la Clase Obrera por la provincia de Camagüey, tras la fundación de los círculos infantiles.

“El compañero Lázaro reconoció la labor humana de esas valiosas educadoras de los hijos de madres trabajadoras y posteriormente cumplió su compromiso ante el reclamo de mejoras salariales”.
Tales enseñanzas le indicaron el camino a seguir por Félix Álvarez Aguilar como secretario general fundador del Sindicato Provincial de Trabajadores de la Administración Pública y luego miembro del Secretariado Provincial de la CTC en el territorio avileño. (José Luis Martínez Alejo)

 

En defensa del arte y los artistas

Lázaro, en su condición de representante a la Cámara, presentó en 1941, ante el Congreso de la República, un Proyecto de Ley de Defensa del Artista Nacional. Igualmente demandó del Ministerio del Trabajo que los músicos y actores se beneficiaran con las leyes de Descanso Retribuido y de Maternidad Obrera.

Se empeñó en hacer realidad la idea de su compañera en la vida, Tania Castellanos, de crear una modesta editora musical que no se dejara explotar por los mecanismos de un mercado controlado por consorcios estadounidenses.

 

Al valorar esa institución, la guitarrista y cantautora Marta Valdés la calificó como un capítulo excepcional en las luchas autorales en Cuba, a la cual se incorporaron en los inicios de la década de los cuarenta del pasado siglo, figuras de la talla de César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Luis Yáñez, Ángel Díaz, Ñico Rojas, Adolfo Guzmán y la misma Tania Castellanos, entre otros.

Por esos años, a instancias suyas la CTC y el Partido impulsaron un intenso programa cultural del que formaron parte el Teatro Popular, del cual Paco Alfonso fue el principal inspirador, y la Sociedad Popular de Conciertos, que tuvo como sede el teatro Amadeo Roldán.

De ese modo, por un precio módico, los trabajadores podían acceder al disfrute de figuras de renombre nacional e internacional contratadas por la CTC e interesarse por el teatro.
Este movimiento a favor de la cultura se frustró con el asalto a la organización y sus sindicatos por la camarilla mujalista.

Con la victoria de enero de 1959 la preocupación de Lázaro por la cultura encontró un terreno propicio, y muestra de ello fue su impulso al movimiento de aficionados al arte.

Relató la ya fallecida cantante Esther Borja, quien integró también las filas del sindicalismo, que: “Es poco conocida la imagen del Lázaro romántico, con una sensibilidad exquisita por el arte, apasionado de la música, admirador y entrañable amigo de Adolfo Guzmán. Muchas iniciativas culturales fueron promovidas por Lázaro, como el coro gigante de la CTC, y recuerdo que Isolina Carrillo me contaba que cuando venían compañeros a probar sus voces para el coro, Lázaro sudaba, porque se sentía apenado cuando alguien interesado en participar era rechazado por no tener aptitudes vocales.

“Cuando se arregló el teatro de la CTC era uno de los que más disfrutaba de las funciones que allí se presentaban. Le concedía a la expresión artística, musical, teatral y danzaria una importancia muy grande, consideraba que todo ello embellecía la existencia del ser humano”. (Alina Martínez Triay)

 

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