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Y el amor entró por el comedor

Corrían las semanas finales del calendario 2023. Con prisa el co­medor comunitario Las Margari­tas, ubicado en la calle Habana, se ponía bonito bonito para asombro de los vecinos y los muchos cami­nantes, entre ellos visitantes ex­tranjeros, que andan esa zona de la parte vieja de la ciudad.

 

En la imagen superior derecha Vivian dialoga con la abuela Adela. “Ahora somos una familia numerosa”, coinciden en afirmar las dos. Fotos: Alberto Núñez Betancourt

Estaba en marcha una alianza efectiva impulsada por actores del sector privado y las autoridades del Consejo Popular de la demar­cación Catedral y del Consejo de Administración Municipal.

Activo, con muchos deseos de hacer por encima de pronunciar palabras, se nos presenta Fabián Castro Pérez, utility en materia de oficios, sobre todo albañil. Cuenta que un cuarteto de trabajadores por cuenta propia —casi todos nacidos y crecidos en el barrio— decidieron transformar, primero el comedor y luego el local aledaño, que pronto expenderá productos cárnicos, y tendrá por nombre La Farola, justo en una de las cinco esquinas donde confluyen las calles Cuarteles, Ha­bana y el Callejón Espada.

 

La metamorfosis

Impecable labor se aprecia en te­chos, paredes y suelo. El buen ha­cer y la bondad contagian. Vivian Pérez Valdés, al frente de este pro­pósito, apunta que esos muchacho­nes donaron, además de materiales de construcción y su faena en sí, los muebles y la caja de agua, mientras propietarios de restaurantes y hos­tales como Antojos, Loma del Án­gel, Cuarteles y Casa Karen apor­taron un freezer, sábanas, toallas… A la contribución se suman en cada jornada el Mercado Orden 5, de la cooperativa Nelson Fernández y el agromercado de oferta y demanda localizado en Empedrado no. 519, con la entrega de productos que conforman las ofertas de comida.

Setenta y un ancianos y tam­bién personas vulnerables que no llegan a la tercera edad acuden de lunes a lunes a este sitio que lleva el nombre (ahora en plural) de una de las fundadoras —ya fallecida—del Sistema de Atención a la Fami­lia (SAF), del primero surgido en La Habana Vieja.

El empeño supone un desa­fío mayor que brindar almuerzo y comida a precios muy módicos. “Aquí se trata de acoger a este nu­trido grupo y brindarle un cuida­do integral”, precisa Roxana Díaz Roldán, delegada de circunscrip­ción y vicepresidenta del Consejo Popular.

Por esa razón en días alternos, junto a una licenciada en Cultura Física, los abuelos hacen ejerci­cios de estiramiento, y siempre hay tiempo para uno que otro juego de mesa. Una vez a la semana viene un especialista en Medicina Gene­ral Integral y chequea la salud, y ya se habla de incorporar servicios de barbería y peluquería.

De repente sale de la cocina un sabor cubano. El salón huele a bue­na sazón. Está de turno la cocinera Ana Victoria. Para ella será inolvi­dable la fecha del reestreno del co­medor: sábado 23 de diciembre del 2023. “Ese día los comensales que­daron tan satisfechos que pidieron saliera de mi puesto de trabajo, me aplaudieron fuertemente. Y hasta me hicieron llorar”.

Mediodía radiante el de este domingo. Van llegando los abuelos. Ocupan asientos. Cada uno quiere decir algo. Aldo vuelve a recordar a Margarita; Elvira aprieta las va­sijas y dice “aquí llevo almuerzo y comida para mí y mi esposo, de 85 años de edad y recién operado”. María Rosa es más breve, pero bien enfocada: “Esto tenemos que man­tenerlo lindo”. Y Adela se limita a hacer un gesto, y coloca las yemas de los dedos en los labios para in­dicar que el menú está exquisito.

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