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Galenos cubanos logran con éxito operación en infante

La medicina de Cuba hoy está bajo constantes retos, y así lo mostró la operación de urgencia a Henry Cardoso quien a sus 13 años fue atravesado accidentalmente por un arpón.

Foto: Prensa Latina

El Hospital Eduardo Agramonte Piña, de la capital de la central provincia de Camagüey, con una de las mayores infraestructuras hospitalarias del país, fue testigo de una intervención quirúrgica sui géneris en un infante en la región.

“Estábamos tirando fotos a la escopeta, cuando la viramos se disparó accidentalmente, recuerdo que me trajeron rápido y tras la anestesia me dormí”, comenta el protagonista de la historia, ahora en recuperación.

El instinto del vecino a su lado le dio para no extraerle la varilla, lo que no permitió mayores complicaciones antes de entrar al salón de operaciones.

Magda Pérez, especialista de primer grado de Cirugía Pediátrica, nos cuenta que “entrando a la guardia nos llaman por un niño con un varilla clavada en la zona paraombilical derecha”, comenta.

“Activamos todos los parámetros vitales y demás, pulso, a ver si existían alteraciones. Se comienza a desencadenar todo un protocolo médico. La necesidad de anestesia. Se crean las condiciones y se comienza la intervención”, rememora.

Un colectivo multidisciplinario tuvo que acudir para aglutinar conocimientos.

Foto: Prensa Latina

“Al ver la magnitud del accidente requerimos la ayuda de varios especialistas, angeólogo, y otros para determinar si había problemas en los intestinos”, explica la doctora quien reconoce el reto.

Los progenitores de Henry no estaban cerca del lugar del accidente, “así que se hizo más complejo y lo fundamental era salvar la vida del niño” explica la galeno.

¿Cómo manejas tanta presión, más cuando se trabaja con niños?

“No todos tenemos la experiencia de ser padres pero el sentir con un niño es como si fuera tu propio hijo. Uno siente que es su madre en ese momento.

«A veces conversas con colegas que trabajan con adultos y ellos muestra su respeto al hecho de lidiar con infantes», asegura Pérez.

Para Daimel Rodríguez , jefe del Servicio de Anestesiología, “fue un trabajo impactante para que la cirugía saliera con éxito”.

Sin embargo al término de la intervención quirúrgica para Dayanelis Aguilar, especialista de segundo grado de Cirugía Pediátrica, “con ese esfuerzo uno se siente reconfortado más allá de esa familia, por toda la sociedad. Te sientes feliz y realizado”.

Incluso para Niurys Aguilar , especialista en Reanimación y primer grado de Anestesiología quien estuvo de misión internacionalista, el hecho “ha llegado a colegas por internet, quienes nos ha felicitado y eso reconforta, y te dices que valió la pena pese a cualquier carencia”. La galeno asegura que «además se precisan una serie de aseguramientos, plaquetas, equipos, medicamentos, y uno hace el mayor esfuerzo, pese a la falta de los mismos».

Por último Taimí Cardoso, progenitora de Henry, recuerda “lo fatal que me sentí ese día, una experiencia horrible, verlo así no ne permitía siquiera comer, sin embargo los médicos han sido formidables”.

Con apenas 30 años y dos hijos, la madre siente un alivio al ver la pronta recuperación de Henry.

“Y uno experimenta mucho agradecimiento con los médicos que han hecho de todo para que el niño mejore, ya toma agua y hasta jugos. Me han devuelto el alma al cuerpo”.

Antes explicó, «que los médicos me advirtieron que la situación era complicada y que había cierto riesgo para la vida. Una experiencia muy desagradable, pues me dicen además que había dañado parte de los intestinos, pero habían esperanzas”.

Todo un conjunto movilizado para asegurar la vida del adolescente.

“Muy buena atención, los análisis, las enfermeras, los médicos, excelentes. Vecinos llamando, hasta organizaciones de la iglesia”, dice casi con el susto a flor de piel Cardoso.

Cinco días han pasado desde el accidente de Henry, el augura que no vuelve a tocar una pistola de pesca de ese tipo, aunque le gusta la actividad.

A pesar de múltiples carencias para realizar este tipo de operación la medicina cubana se volvió a poner a pruebas, con el liderazgo de jóvenes formados en las universidades de la mayor de las Antillas, conscientes del valor de la más humana de las tareas: salvar vidas.

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