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Céspedes: el entresijo de una muerte

Por: Lianet Suárez Sánchez y Javier Vega Leyva, presidente de la UNHIC en Granma

Un triste destino tuvo el hombre reconocido en nuestro país por su amplia cultura, sentido de humanidad y del deber para con ella y por haber iniciado las contiendas por la independencia de la nación el 10 de octubre de 1868, para lo cual tuvo que despojarse de comodidades, fortunas y el calor de su amada familia.

La muerte de Céspedes golpeó fuertemente a las tropas cubanas que luchaban entonces por la independencia. Imagen: obra del artista de la Plástica Amaury Palacio Puebla

El 27 de febrero de 1874 fue la caída en San Lorenzo de Carlos Manuel de Céspedes, el hombre intrépido y cabal que definió con actos tremendos el destino de un pueblo.

El suceso estuvo marcado por el abandono y la humillación por parte de quienes encabezaban las huestes mambisas que lo llevaron a la tristeza profunda y por la voraz persecución de la que fue objeto por haber sido también el primero en conducir nuestras luchas.

Javier Vega Leyva, director del Museo Casa Natal y presidente en Granma de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba hizo al respecto valoraciones:

“Para hablar de los misterios que envuelven la muerte del Padre de la Patria es necesario mencionar entre los factores su destitución como Presidente de la República de Cuba en Armas pues a partir de ahí quedó abandonado, sin escoltas, y además humillado, vejado y viviendo uno de los momentos más tristes y dolorosos de su vida.

“Eso se debe no solo a la degradación en sí, sino al tratamiento que recibió posteriormente por parte de la Cámara de Representantes que fue inadecuado.

“Céspedes, al ser un hombre de ley, lo que cuenta entre sus valores fundamentales, mantuvo una conducta intachable en torno al respeto a lo establecido por ese aparato de ordenanza aun sabiendo que quienes lo integraban estaban equivocados, que habían sesionado de forma inconstitucional y que no era la voluntad del pueblo de Cuba sino de aquellos nueve camerales y de algunos jefes militares que tuvieron participación.

“Ese acatamiento estuvo bajo la premisa de que lo más importante era alcanzar la libertad definitiva y que por él no se derramaría sangre, sin embargo, su pérdida fue un duro golpe para la nación.

“El Patricio bayamés explica en su diario que al dejar la presidencia la Revolución se encontraba en un buen momento en cuanto al proceso de insurrección lo cual cambió después: el presidente que asumió a la sazón, Salvador Cisneros Betancourt, no supo llevar bien las riendas para el destino del país que se encontraba en plena contienda, por lo que cuenta entre los elementos que llevaron al fracaso de la Guerra de los Diez Años.

“Es decir, que después de la muerte de Céspedes no hubo más un liderazgo que fuera natural, ni un estratega, un estadista o un político de su talla”.

En cuanto a las circunstancias en que se encontraba el patriota en el último paraje donde fue confinado destacó el especialista:

“Llegar a San Lorenzo en calidad de residenciado, luego de sus múltiples solicitudes al Gobierno haciendo uso de derechos como ciudadano libre, le permitía no andar errante por estas tierras, pues ya antes había estado así.

“Cuenta la anécdota que al llegar a ese lugar con el documento que lo declaraba como tal tuvo que explicarle él mismo al prefecto en qué consistía tal condición (no podía ir a ningún otro sitio sin la anuencia del funcionario) y así quedó entonces.

“Pero era un hombre que padecía en soledad. Salvador Cisneros Betancourt le negó la posibilidad de reencontrarse con familia que había emigrado hacia los Estados Unidos.

“Céspedes no llegó a conocer a sus últimos dos hijos, fruto de unión con Ana de Quesada, por lo que les enviaba mechones del cabello para que de algún modo ellos pudieran sentir el calor de su padre.

“Y allí en San Lorenzo sufría también las humillaciones del olvido, de que se revisara su correspondencia sin excusas y de que fuera obligado a entregar todas sus propiedades a favor, supuestamente, de la República en Armas.

“Aún bajo estas presiones no dejó de ser un hombre de ley ni la persona con una conducta intachable, inalterable, con la misma vocación de independencia.

“Durante sus últimos días convivió con los negros de la zona de los que conoció sus costumbres y cultura al tiempo que les estimó como amigos y agradeció que le proporcionaran alimentos en la propia choza de guano. Enseñó a leer y a escribir a los niños de estas serranías y continuó jugando sus partidas de ajedrez”.

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