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Canto desde la fragua de combate

“A nosotros nos ha correspondido el privilegio o el derecho de empezar a hacer esa Revolución, a nosotros nos ha correspondido la oportunidad de comenzar.  A ustedes sí que les corresponderá el privilegio de llevarla adelante.”

Fidel Castro Ruz

A siete décadas de aquel 12 de febrero de 1954 volvieron a estremecen, como aquel día, las notas del himno de la Libertad, compuesto por Agustín Díaz Cartaya y devenido Marcha del 26 de Julio.

Aquella epopeya protagonizada entonces por 26 asaltantes a los cuarteles Guillermo Moncada y Carlos Manuel de Céspedes bajo la égida Fidel Castro (1926-2016), en nombre del pueblo, fue recordada este lunes como hecho ilustrativo de la actitud firme y unidad que mantuvieron los combatientes.

En febrero de 1954 estaba planificada una visita de Batista al Presidio Modelo; días antes y no obstante el aislamiento a que estaban sometidos, recibieron información acerca de ese encuentro, por lo cual, a propuesta de Fidel, decidieron manifestar su disposición de lucha frente al tirano y a su vez rendir homenaje a los caídos.

Cuando Batista junto a otros testaferros y guardaespaldas transitaban por una de las galeras, Juan Almeida – encargado de avisar la cercanía de la nefasta comitiva – alertó a sus compañeros.

De pronto treinta pechos emocionados entonaron fuerte la letra del Himno del 26 de Julio. El tirano impávido se detuvo mientras dos guardaespaldas en un alarde de fuerza sacaban sus pistolas.

La represión que siguió fue terrible. A muchos los confinados en celdas aisladas por más de quince días; Agustín Díaz Cartaya, autor de la marcha, sufrió salvajes torturas y a Fidel Castro lo separaron e incomunicaron del grupo fue trasladado en solitario a una celda individual, donde permaneció hasta su excarcelación el 15 de mayo de 1955.

Mientras Ramiro Valdés, Oscar Alcalde, Ernesto Tizzol e Israel Tápanes durante 15 días recibieron vejámenes en calabozos de castigo.

A 70 años de esta composición, encargada por el líder histórico de la Revolución el 19 de julio de 1953 en la finca Santa Elena durante la última práctica de tiro antes de los asaltos a dos fortalezas militares de la tiranía en el oriente del país, el pueblo pinero y del consejo popular Juan Delio Chacón, donde se encuentra enclavado el antiguo reclusorio, rememoraron el acontecimiento.

En acto político cultural, acompañado de las principales autoridades del territorio y cuadros de las organizaciones políticas y de masa, con la misma energía de aquel día, cantaron la Marcha del 26 de Julio, símbolo de que aún está viva más que nunca esta letra que inmortalizaron los jóvenes asaltantes a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, quienes incluso encarcelados no cesaron de luchar por la libertad para Cuba.

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