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La incultura

Parecería una paradoja, aunque no lo es tanto, que en el Día de la Cultura Cubana les propongamos pensar justamente en su opuesto: la incultura.

Porque si hay una noción bien afincada y amplia de lo que es cultura, con un alcance mucho mayor que la simple erudición o formación artística o estética, también habría que hacer extensivo esos límites más abarcadores a la incultura como su contrario.

No solamente es un individuo inculto en Cuba quien no disfruta de la belleza de las artes o no posee conocimientos elementales sobre la historia, la ciencia y la sociedad en que vive.

 

 

La incultura a la que se enfrenta nuestra cultura va mucho más allá: es también el distanciamiento de las esencias que dieron origen y han ido conformando a lo largo de tres siglos la nacionalidad cubana.

No es casualidad que el 20 de octubre combine en una celebración la concreción de un hecho artístico y político como fue la creación del Himno de Bayamo, devenido luego símbolo nacional, con los primeros combates armados en los albores de una nación que desde su nacimiento estuvo ligada a las luchas por la independencia patria.

No comprender esa mixtura de alumbramientos heroicos y propósitos de soberanía es quizás el peor rasgo de incultura que alguien podría evidenciar a estas alturas del siglo XXI en nuestro país.

Porque después del colonialismo español, la otra gran prueba de fuego para la cultura cubana siempre ha sido su resistencia ante la influencia hegemónica de esa América anglosajona que no es nuestra, en su afán por imponer sus cánones en todas las esferas de la vida económica, política y social, tal y como lo advirtiera de una manera terminante que no admite ninguna duda ni manipulación posible, el genio político de nuestro Héroe Nacional José Martí.

La incultura entonces a la cual hay que vencer es también la que no es capaz de comprender ni compartir los valores que la nación cubana ha ido fomentando como parte de esa gesta emancipadora, imposible de separar del legado y la obra de la Revolución triunfante del Primero de Enero de 1959, y sus ideales socialistas.

Se discute mucho en la sociedad cubana actual sobre la validez y calidad de referentes artísticos diversos, como si en esa pugna se concentraran las principales amenazas para nuestra cultura, cuando en el peor de los casos, esas solamente pudieran ser manifestaciones o evidencias de una incultura que sí resulta en verdad peligrosa: la que niega o va contra la solidaridad, el altruismo, la laboriosidad, el desprendimiento, la honradez, el patriotismo y la unidad que nos deben sostener y hacer progresar como nación.

En este Día de la Cultura Cubana, celebremos entonces todo lo excelso y bello que hemos creado como pueblo, y defendámoslo de cualquier síntoma de incultura que simplifique, niegue o ponga en riesgo nuestra verdadera libertad.

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