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Asalto al cuartel Moncada: sentido patriótico del momento histórico

La discreción como principio cardinal constituyó una vía certera para los preparativos de las acciones revolucionarias que acontecieron el 26 de julio de 1953, la primera gran batalla que inició la lucha insurreccional en Cuba contra la dictadura de Fulgencio Batista.

 

 

Tal  premisa enarbolaron los jóvenes de la Generación de Centenario Martiano quienes liderados por el joven abogado Fidel Castro Ruz   llevaron a cabo el asalto a los cuarteles Moncada –segunda fortaleza militar del país- y Carlos Manuel de Céspedes, ambos en el oriente de la Isla.

Por insignificante que pudiera parecer, cada detalle organizativo demandaba el más estricto rigor. Nada podía fallar. Nada podía  malograr la trascendental hazaña que se proponía realizar aquel naciente movimiento revolucionario.

La rigurosa captación de jóvenes humildes, con disposición y vocación patriótica, en su mayoría obreros, empleados y campesinos, así como la necesidad de reunir centavo a centavo para adquirir armas y otros recursos, obligaban a emplear de manera minuciosa las medidas de seguridad propias de la lucha clandestina.

Fue así como también los futuros combatientes lograron adquirir los uniformes militares del régimen con los cuales participaron en la histórica gesta con la cual no dejarían morir al Apóstol de la independencia de Cuba en el año del centenario de su natalicio.

“En una ocasión Fidel planteó la necesidad de conseguir pantalones y camisas del ejército, a lo que le respondí que conocía a un primo político de mi esposa que era oficial del Hospital Militar de Columbia, llamado Florentino Fernández”, recordaba el combatiente del Moncada Pedro Trigo en un testimonio publicado en la revista Verde Olivo, el 26 julio de 1964.

“Fidel me habló del peligro que corríamos en hablar con un militar sobre esta cuestión y quedamos en que yo lo plantearía, corriendo el riesgo, como cosa mía, pero a la vez señalándome que cualquier indiscreción o imprudencia cometida por mí al respecto sería juzgado por el movimiento”, agregaba el integrante de aquella Generación. .

“Mis contactos con Florentino fueron muy productivos para la adquisición de los uniformes”, expresó en sus vivencias en las que además comenta que como pretexto para conseguirlos planteó que esa ropa sería utilizada por campesinos en la siembra de tabaco.

 

Una riesgosa tarea

En la publicación antes mencionada y en igual fecha, Florentino Fernández, también participante en el asalto al Moncada, relató: “Fue Pedro quien me habló de la necesidad de conseguir uniformes, lo que constituiría mi misión desde marzo de 1953”.

“La misión era delicada –planteaba Fernández- pero existían condiciones dentro de los cuarteles que la facilitaban en cierta medida. Funcionaba entre los militares un verdadero comercio de compra y venta de ropas”.

“Algunos me fueron regalados por militares que conocían mis ideas contrarias a la tiranía, aunque por supuesto, ellos no sabían el destino que se les iba a dar (yo también ignoraba que se usarían en el ataque al Moncada)”

Al concluir la riesgosa tarea Fidel le dijo: “Has cumplido bien. Puedes permanecer tranquilo, ya tendrás noticias nuestras”.

Florentino no estuvo de acuerdo. “Le dije que yo quería seguir hasta el final. Me dio una palmada en el hombro y me dijo: Está bien, puedes seguir con nosotros. Y así fue”.

En diferentes casas permanecieron ocultos los uniformes con los que desorientarían al adversario en las guarniciones que iban a ser tomadas hasta que vísperas del 26 de julio fueron trasladados sin contratiempos a Santiago de Cuba y Bayamo.

Las acciones llevadas a cabo por aquella legión de jóvenes hace justamente 70 años no tuvo el éxito esperado desde el punto de vista militar, sin embargo  demostró el sentido patriótico del momento histórico que distinguió a sus protagonistas con la disposición de defender a cualquier precio los valores de justicia social que defendían.

A partir de entonces, la lucha insurreccional que abarcó cinco años, cinco meses y cinco días sumó en toda la Isla a miles de hombres y mujeres que hicieron posible el triunfo de la Revolución Cubana.

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