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¡Aquelarre!

Este domingo ha concluido en La Habana el XXVII Festival del Humor Aquelarre 2023, y su celebración, desafiando con creatividad y empeño los muchos obstáculos del momento, es testimonio de la importancia que se le otorga al humor en el panorama escénico nacional, y en la conformación de una programación cultural para el verano.

 

La participación de compañías como Teatro Tuyo, que presentó su espectáculo Clowncierto, prestigian el Aquelarre. Foto: Cortesía de los organizadores

 

Casi una decena de espacios acogieron las presentaciones, coloquios, muestras y talleres de un festival de gran convocatoria popular. Los teatros llenos dieron fe de la acogida de las propuestas escénicas, a las que habría que sumar los concursos literarios y de artes visuales.

Y esa precisamente es una de las virtudes de la cita: su vocación integradora, que parte de la transversalidad del humor en su concreción artística.

Esta edición estuvo dedicada al trabajo de los grupos en el humor, justamente cuando algunas de las agrupaciones más reconocidas se renuevan —por lógicas artísticas o por el imperio de las circunstancias: la crisis económica impacta necesariamente en el trabajo de los creadores— y buscan alternativas para consolidar repertorios.

El reto mayor es que ese relevo —natural o impuesto— no ponga en crisis realizaciones evidentes del movimiento del humor profesional en Cuba. Por eso son importantes espacios de socialización e intercambio como el Aquelarre. Y aunque evidentemente el medidor principal será siempre la reacción del público, también se vuelve inevitable un acompañamiento más comprometido de la crítica especializada. En las artes escénicas, por ejemplo, el humor es una de las manifestaciones más preteridas en ese sentido.

Sin embargo, hay valiosos acercamientos teóricos al quehacer de artistas y agrupaciones, el legado de los maestros, el estudio de los públicos y las distinciones genéricas. Se hicieron evidentes en el encuentro ¿Piensas ya en el humor?, que sesionó en la sede nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

El Festival Aquelarre acoge un concurso y sus premios pueden contribuir a la jerarquización de propuestas, asumiendo incluso la subjetividad de la decisión de un jurado. Pero más allá de las emociones —o las polémicas— de la competencia, lo que confirma el éxito de la convocatoria es la calidad de la muestra. Y, ciertamente, son notables varios desniveles, comprensibles si se toman en cuenta la juventud y la falta de experiencia de algunos de los concursantes.

Pero hasta esa circunstancia puede ser asumida como una oportunidad para los que comienzan.

La capacidad de devenir conciencia crítica de la sociedad ha caracterizado al humor que se hace en Cuba, más allá de los lugares comunes y los facilismos. Humor adocenado es humor endeble. La visión incisiva, inteligente, chispeante o reflexiva (el espectro es amplio, los contextos imponen) ubican la expresión más allá incluso de la tan socorrida “válvula de escape” a la que suelen circunscribirla. Muchas verdades necesarias pueden ser enunciadas con una sonrisa o una carcajada.

Hay varios niveles para el humor. El Festival Aquelarre pretende garantizar la vigencia de una propuesta de alto vuelo, con valores éticos y estéticos, que entronque con la extraordinaria tradición cubana.

No se trata solo de ofrecer espectáculos “para desconectar”. Asimismo hacen falta conocerse, evaluarse, crecer… Y proteger experiencias colectivas de acceso al arte, en tiempos de avalancha anuladora de ciertas prácticas asociadas a las nuevas tecnologías. Reírse solo es bueno, pero reírse junto a otros suele ser mejor.

Hay y habrá Aquelarre porque hay voluntad institucional, hay humoristas con indiscutible talento… y habrá siempre un público expectante, entusiasta, conocedor.

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