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La soberbia imperial tuvo una respuesta revolucionaria

En su obsesivo afán de exterminar a la Revolución Cubana desde sus inicios, el gobierno de los Estados Unidos acudía sin escrúpulos a  cuanta maniobra hostil fuera necesaria con tal de aniquilar a la economía de la Isla.

Foto: Alejandro Acosta Echevarría

 

Por aquellos momentos, la pequeña nación caribeña afrontaba constantes coacciones y amenazas del imperialismo norteamericano. Uno de los primeros golpes fue la suspensión de la cuota azucarera enviada al mercado de la vecina nación.

La industria petrolera también fue objeto de la agresividad. Washington adoptó la determinación unilateral de impedir la llegada de combustibles a Cuba con el fin de paralizar totalmente al país,

¿Qué sucedió entonces?.

Argelisa Moreno Rodríguez -Cuquita entre sus compañeros- rememora lo acontecido el 1ro de julio de 1960 en la refinería norteamericana Esso Standar Oil, ubicada en La Habana.

Nacida en un hogar campesino de una pequeña finca cafetalera del municipio de Buey Arriba, en el oriente cubano, había llegado a la capital del país y comenzó a laborar en la impresión y copia de mapas y planos en el Instituto Cubano del Petróleo (ICP).

 

Foto: Alejandro Acosta Echevarría

 

“Yo era calladita pero muy activa, relata quien entonces tenía 21 años y en esa entidad conoció de cerca a la destacada combatiente del Movimiento 26 de Julio y Heroína del asalto al cuartel Moncada, Melba Hernández.

En la mañana de ese día llegó la noticia de que los representantes de la Esso planteaban que no refinarían un envío de petróleo crudo que transportaba un buque mercante de la Unión Soviética anclado en la bahía de La Habana. “Fue cuando Melba, subdirectora del Instituto dijo: me llevo a Cuquita conmigo, que vaya con la bandera cubana”, recuerda Argelisa.

Así lo hizo en medio de su sorpresa y ante semejante tarea “Sentía una felicidad inmensa y de vez en cuando se me iba una sonrisita”.

“Nos fuimos para la bahía de La Habana y junto a un grupo de compañeros abordamos la patana Gloria”, agrega al evocar el memorable acontecimiento en el cual estuvieron acompañados por Melba y Onelio Pino, combatiente revolucionario que capitaneó el yate Granma durante la expedición encabezada por el Comandante en Jefe Fidel Castro para iniciar la lucha guerrillera contra la tiranía de Fulgencio Batista, el 2 de diciembre de 1956.

Prosigue su testimonio como si volviera a sostener entre sus manos el estandarte patrio: “desembarcamos en el muelle de la refinería y llegamos hasta donde estaban los norteamericanos. Con arrogancia  reiteraron que no procesarían ningún barril de crudo soviético”.

Foto: Alejandro Acosta Echevarría

La soberbia tuvo categórica respuesta. El Gobierno Revolucionario, en un inequívoco derecho soberano, procedió a la nacionalización de la empresa extranjera. Con fecha Primero de julio de 1960, en acta a través de la cual el ICP informaba legalmente la intervención y hacía mención al artículo 44 apartado III de la Ley de Minerales Combustibles de 9 de mayo de 1938 que establece la obligatoriedad de las empresas refinadoras de petróleo, de procesar el petróleo del Estado Cubano cuando el Gobierno así lo acuerde”.

Con una breve frase Argelisa resume el trascendental momento a partir del cual aquella industria: “la bandera norteamericana fue arriada y ocupó su lugar nuestra enseña nacional”.

Altas condecoraciones como la Orden Ana Betancourt y las Medallas Conmemorativas por los 30, 40, 50 y 60 Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Combatiente de lucha de liberación son algunas de los reconocimientos merecidos y no abarcan la admirable labor de esta mujer sonriente y cuyo dinamismo fluye como fuente de vida inagotable al servicio de la obra de la Revolución que también la ha hecho suya.

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