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Martha, una heroína anónima

Por: Abraham Enrique Mesa Berroa (Estudiante de Periodismo)

Martica, como todos la conocen, llega al Banco Provincial de Sangre Renato Guitart Rosell con la serenidad que la caracteriza, es una mañana diferente, se sienta a esperar ser llamada con la satisfacción que le dan 44 años de amor y solidaridad materializados en sus brazos. Esta será su última donación y por eso una que jamás olvidará.

 

Martha, primera a la derecha, es despedida por trabajadores del Banco de Sangre de Santiago de Cuba, luego de 44 años de vínculos de amor y vida. Foto: Abraham Enrique Mesa Berroa  

Jefa de brigada en la Empresa Geominera de Santiago de Cuba, Martha Urgellés Navarro es una donante de sangre de 63 años de edad. Se involucró en ello en el año 1979 en respuesta al llamado de los Comités de Defensa de la Revolución. Como motivación para hacerlo tuvo a la figura del  Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien en 1970 donó su propia sangre tras el devastador terremoto de Perú.

Sabiendo de la necesidad del vital fluido para el país, y consciente de que podía contribuir a salvar vidas, brindó su brazo de manera voluntaria.

Cada latido de su corazón cuenta una historia diferente de generosidad, bondad y amor.

Martha nos contó que ha donado sangre a varias personas en estado crítico, a muchas nunca las conoció, pero recuerda con especial cariño a Evelia, “…una vez me llamaron diciéndome que necesitaban una donante del Grupo A positivo para una paciente crítica y me presenté urgente sabiendo que podía ayudar”.

Sus venas también se “abrieron” para Ana Delia, una señora con criterio médico de amputación cuyo grupo sanguíneo era compatible con el de ella, “…cuando lo supe sin más me presenté a donar”.

Para Martha brindar su sangre siempre será importante, lo siente como una forma de hacer el bien. Nos dice que ayudar a otras personas para ella es fundamental.

“Le aconsejo a los jóvenes que se incorporen a las donaciones de sangre para contribuir a salvar vidas, que no tengan miedo”.

Con la emoción de quien sabe que ha cumplido su deber y la ha cumplido bien, Martha se despide de su altruista quehacer, convertida para muchos un rayo de Sol.

Su última donación es un acto de amor que trascenderá y quedará grabado en la memoria de quienes la conocieron. No solo es una donante de sangre, es mucho más que eso, es una heroína anónima, que con su afecto y entrega nos deja un ejemplo que bien vale seguir.

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