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Colombia, oportunidad de vida y esperanza

La paz no es una utopía. Es un derecho legítimo de cada ser humano y de todos los pueblos. Es una condición fundamental para el disfrute de todos los derechos humanos, en particular, el derecho supremo a la vida.
General de Ejército Raúl Castro Ruz durante la II Cumbre de la Celac (La Habana, 2014) en la que se proclamó a América Latina y el Caribe como Zona de Paz

 

Hechos recientes de la realidad colombiana podrían considerarse evidencias de esa carrera por la vida y la esperanza en la que se ha empeñado una parte de ese pueblo suramericano. Si los numeramos, tendríamos que mencionar en primer lugar las multitudinarias marchas de respaldo al Gobierno del presidente Gustavo Petro, devenidas muestra de fuerza frente a quienes pretenden boicotear el proyecto de cambio estructural y legislativo impulsado por él.

 

Foto: Vladimir Molina Espada/ Prensa Latina

 

Otros dos hechos noticiosos respaldan la idea de que, en esta parte del mundo, el “bien” muchas veces llega acompañado de ese halo místico que lo hace real y maravilloso. Me refiero al rescate de cuatro niños que, tras un accidente aéreo, estuvieron perdidos 40 días en la peligrosa selva colombiana; y al acuerdo de alto al fuego con que cerró el Tercer Ciclo de la Mesa de Diálogos de Paz entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Tras visitar a los infantes rescatados y a sus familiares en el hospital donde se recuperan, Petro fijó un tuit que contiene la esencia humanista que enlaza ambos sucesos: “El encuentro de saberes: indígenas y militares. El encuentro de fuerzas por un bien común: guardia indígena y las fuerzas militares de Colombia. El respeto a la selva.

Aquí se muestra un camino diferente para Colombia: creo que este es el verdadero camino de la Paz. Aquí hay una nueva Colombia. Que es de Vida antes que nada. El objetivo que nos une es la vida”.

Cuba, con Colombia, por la paz

“No se le puede pedir a Cuba imposibles políticos, ni que viole protocolos de acuerdos o que falte a la palabra empeñada. Nunca renunciaremos a los compromisos adquiridos. Con toda modestia, pensamos que este ha sido el aporte de Cuba a lo que ustedes han podido lograr”, dijo el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez durante el acto de clausura de los Diálogos de Paz ocurrido en La Habana el pasado 9 de junio.

El mandatario cubano reconoció que la actuación “discreta, imparcial y responsable, junto a otros garantes y acompañantes, no ha sido en vano (…) fuimos facilitadores de lo que las partes necesitaban. Trabajamos para vencer los retos organizativos y políticos que las circunstancias fueron colocando en el camino, incluyendo superar la paralización de los trabajos de la mesa y la extensión posterior del plazo acordado para su conclusión.

“Aun cuando el precio que pagábamos por cumplir lo acordado ha sido y es aun alto, no nos arrepentimos (…) Lo hacemos desde la profunda convicción de que los pueblos de Nuestra América merecen vivir en paz, con justicia social y desarrollo, sin injerencias externas y sin imposiciones”, señaló.

Desde La Habana Petro agradeció el esfuerzo de larga data de Cuba para que “en Colombia dejemos de matarnos” y denunció la “puñalada por la espalda” propinada por un presidente colombiano (Iván Duque) al propiciar la inclusión de la Mayor de las Antillas en la lista de naciones que patrocinan el terrorismo, cuando esta solo había creado los espacios físicos solicitados por otro mandatario (Juan Manuel Santos), y que resultaban imprescindibles para trabajar por la paz.

El jefe de la delegación del ELN Pablo Beltrán, por su parte, informó que han iniciado acciones muy firmes para revertir esa inclusión de Cuba en tan espuria lista, mientras Antonio García, primer comandante del grupo insurgente, reconoció que el esfuerzo principal para que no naufragaran estas conversaciones se le debe a Cuba.

No obstante, el pasado 23 de mayo el Departamento de Estado ha vuelto a certificar al archipiélago como nación que “no coopera plenamente” con los esfuerzos antiterroristas de EE. UU., lo cual se traduce, entre otras consecuencias, en el incremento del número de bancos en terceros países que, por temor a represalias, han suspendido sus operaciones con la Mayor de las Antillas, incluidas transferencias y créditos para la compra de alimentos, medicamentos, combustible, piezas de repuesto y materias primas.

En ese caso la sinrazón caerá por su propio precio, como la paz triunfará en Colombia. Se me antoja entonces otro símbolo, esta vez representado en aquella pequeña que por estos días ha correteado los salones de El Laguito, mientras sus padres y abuelo negociaban cómo y cuándo silenciar las armas. En sus pies andan la vida y la esperanza de toda una nación.

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