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Bienestar animal, y humano

Siempre que se aprue­ba una norma jurídi­ca con razón se dice: ahora hay que hacerla cumplir. Y para coro­nar ese objetivo esen­cial el mejor derrote­ro, como plantean los juristas, es interpretar cada ley en su letra y en su espíritu.

Bien conocida es la sensibili­dad que acompaña a los cubanos hacia los animales. Por esa razón con mucho agrado fue recibido el Decreto Ley no. 31 De bienes­tar animal, aprobado en el mes de febrero del año 2021. Entonces comenzó el desafío mayor: ¿Cómo hacer valer en el día a día princi­pios, propósitos, reglas y deberes que garanticen el cuidado, la pro­tección y la salud de los animales presentes en nuestro entorno fa­miliar y social?

Grupos sociales defensores de los derechos de los animales, además de su quehacer bondadoso de resca­te, curación, adopción y seguimiento de ejemplares abandonados, repor­tan oportunamente irregularidades relacionadas con prácticas de mal­trato que califican como delito y se tipifican en el actual Código Penal.

La conciencia animalista de los integrantes de esa red apunta por un mayor rigor judicial en relación con las horribles peleas de perros, pues las multas impuestas a los actores de esas conductas lesivas resultan insignificantes compara­das con el monto que encierran las apuestas acordadas. Algunos abo­gan porque las medidas lleguen in­cluso al decomiso de los animales, decisión que posibilitaría librar a esas criaturas del martirio a que son sometidas.

El componente cultural vuelve a ser decisivo. La debida atención a los animales en su convivencia con los seres humanos exige una infraestructura al menos acepta­ble que integre variados servicios veterinarios. Por cierto, abundan las quejas de la población por los elevados precios aun en institu­ciones sanitarias estatales como la ubicada en la capitalina avenida Salvador Allende (Carlos III).

Como sabemos la vida es más rica que cualquier normativa. Esa máxima viene a recordarnos cuán­to nos falta en materia de con­ceptos e implementación en favor del bienestar animal, que es decir bienestar humano. Sí, porque el or­den que logremos alrededor del rei­no animal en la sociedad repercuti­rá directamente en la salud, higiene y satisfacción de los ciudadanos.

Ya es hora de contar en parques y otros espacios públicos con bol­sas y cestos para recoger y deposi­tar el excremento de nuestras mas­cotas. Puede parecer una demanda exquisita, pero no. Tal aspiración debemos verla como un elemento propio de civilización.

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