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Celia: la madre inmensa

“Entre los recuerdos que tengo de ella figura una imagen maternal cargada de fortaleza y coraje”, confesó Edemis Tamayo Núñez, al referirse a Celia Sánchez Manduley, una de las heroínas más queridas de la nación cubana.

 

Celia, bautizada la flor más autóctona de la Revolución Cubana. Foto: Internet

Fue en uno de esos encuentros con la Gallega, como se le nombraba también a quien integró el pelotón de mujeres Las Marianas, que, intentando indagar sobre todo lo concerniente a aquellos hechos tremendos de vivir bajo el asedio enemigo y las balas, no pudo dejar de dedicar varios minutos de la entrevista a aquella guerrillera, la primera en la Sierra Maestra, y la gran ejecutiva tras el triunfo revolucionario.

Entre evocaciones y orgullo expresó de muchas maneras su admiración por la audaz mujer, motivo siempre de inspiración para los combatientes que lucharon a su lado.

 

Edemis fue una de la integrantes del pelotón Mariana Grajales, o Las Marianas, que participó en disimiles combates durante el año 1958, período de la ofensiva final del Ejército Rebelde. Foto: ACN           

 

“Desde el instante mismo en que la conocí, justo por aquellos días intensos de 1958, en que, siendo apenas una muchacha al igual que las que me acompañaban, esperaba la decisión de Fidel y su Estado Mayor acerca de la conformación, o no, del pelotón, así como las tareas que nos serían asignadas para defender también la Patria.

“Celia nos acogió con mucho cariño y estuvo pendiente de todo lo que necesitábamos. Éramos unas jovencitas en medio de tropas de hombres ya curtidos por los combates y la difícil supervivencia en las montañas.

“Constantemente hablaba con el Comandante en Jefe, le asesoraba y, sobre todo, le cuidaba mucho: era su confianza. Ese mérito se lo ganó con tenacidad y una disciplina colosal.

“Todos allí le respetaban y sus órdenes tenían una mezcla de firmeza y dulzura. Nunca escuché a nadie expresar algún aspecto negativo sobre su persona o su actuar.

“Celia fue capaz, entre tantas responsabilidades que tenía dentro del Ejército Rebelde, de sacar tiempo para hacer jardines con hermosas flores en la propia Comandancia de La Plata. Cada cosa que se proponía lo lograba, aún las más inusuales.

 

Foto que conservó Edemis: ilustra a Fidel dando indicaciones combativas a Las Marianas, en plena Sierra Maestra. Foto: Cortesía de Edemis.  

 

“Era admirable su dedicación hacia los enfermos y los heridos de combate. Los recordaba, y cuando los volvía a ver le preguntaba sobre la recuperación y cómo se sentían.”

“Muchísimo se puede decir de esa inmensa mujer que acogió la causa revolucionaria desde su cimiente y sus servicios a este pueblo y a la Patria se multiplicaron cuando triunfamos. Los combatientes, desde los más jóvenes hasta los veteranos, veíamos en ella a una madre; es esa la más pura verdad.”

Edemis, o la Gallega, murió en esta ciudad de Bayamo el 2 de enero del pasado año. En un arsenal de fotos y recuerdos resguardaba toda una vida de luchas y afectos a los principales líderes de la Revolución.

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