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AL PAN, PAN: Preservar la tradición

El folclor —y asumamos ese tér­mino a pesar de que ahora mis­mo está en discusión en ámbitos académicos— es el conjunto de leyendas, creencias, costum­bres, proverbios y prácticas ar­tísticas que un pueblo mantiene por tradición. Un pueblo. Una tradición. Una permanencia. Y permanencia en este caso no es sinónimo de estatismo, de inmo­vilidad.

 

Foto: Tomada de lajiribilla.cu

Hay renovación continua en el folclor, asociada al imperio del contexto, y por supuesto, a las propias lógicas de la evolu­ción del arte en general. Y el fol­clor no lo concibe una compañía profesional en sus salones, ni lo concreta sobre los escenarios. Lo hace el pueblo. Y la compañía, en todo caso, debe inspirarse, beber de ese legado para escenificarlo, estilizarlo, recrearlo… que son maneras también, aunque no las únicas, de preservarlo.

La labor del Conjunto Folklórico Nacional en la preservación y so­cialización de expresiones dan­zarias y musicales de la tradición popular cubana es indiscutible a lo largo de más de seis décadas de existencia. Y es comprensible la retroalimentación, porque el llamado foco además se ha nu­trido de las prácticas escénicas. Es un fenómeno del que la aca­demia en Cuba se ha ocupado mucho, y todavía hay tela por cortar.

Pero el desafío mayor del Conjunto, y por supuesto, del gran movimiento escénico del que la agrupación ha sido ente fundacional —hay compañías en todo el país—, es estar a la altura de la renovación permanente de ese río de aguas cambiantes que son las expresiones culturales del pueblo, como diría el maestro Rogelio Martínez Furé.

Y se debe hacer atendiendo a las más actuales concepciones escénicas. Porque a una compa­ñía profesional se le pide, se le exige vuelo estético.

Ese es un empeño múltiple: movimiento coreográfico, proce­sos formativos de los bailarines y maestros, vínculo constante con el llamado foco… y, como ha apuntado varias veces el actual director del Conjunto, el baila­rín y coreógrafo Leiván García: hacen falta estudio e investiga­ción permanentes.

Todo esto exige mucho más que buenas intenciones o deseos. Son momentos particularmente complejos y la carencia de recur­sos y el éxodo de profesionales impactan en la labor de la com­pañía. Pero se respira allí com­promiso. Hay ganas de hacer. Y eso se hizo evidente en su más reciente temporada, el pasado fin de semana en el capitalino Teatro Martí.

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