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¿Qué reto tiene Cuba en el Clásico? Se oye clarito, clarito…

Cada vez queda menos y los preparativos de nuestra selección en Japón complacen a unos, preocupan a otros y, al final, todos sueñan con una actuación en el V Clásico Mundial de Béisbol que nos devuelva, al menos, el orgullo de ser potencia en este deporte y que la presión lógica de un juego no reprima esa pasión y alegría con que crecimos y disfrutamos podios mundiales y olímpicos.

No obstante, el reto de este equipo es quizás mayor que todos los anteriores por dos razones. Primero, con formaciones íntegras 100 % de nuestras Series Nacionales hemos avanzado, como mínimo, a la segunda fase del evento; por tanto, ahora que se convocaron jugadores con experiencia en Major League Baseball y ligas profesionales, quedar sin aliento en la primera etapa sería el peor resultado de Cuba en estas lides.

La segunda varilla radica en borrar las malas imágenes dejadas en la arena internacional de nuestras selecciones, con errores del ABC beisbolero, pitcheo bolón o más trabajo que nadie para producir carreras. Y fíjese que no hablo de recuperar el podio, porque para eso no basta con un juego casi perfecto, sino de ganar el partido decisivo, sobre todo ahora que desde cuartos de final el sistema será de muerte súbita. Es decir, pierdes y te vas.

El grupo junto a Países Bajos, Italia, Panamá y Taipéi de China sigue pareciendo el más accesible para nosotros, aunque los dos primeros países serán los rivales de mayor consideración, sin demeritar al resto. Los conocidos tulipanes irán con nombres bien conocidos (Xander Bogaerts, Didi Gregorius, Andrelton Simmons, Jonathan Schoop, Sharlon Schoop, entre otros) y en Clásicos nos han tomado la medida con tres victorias y un fracaso. No les ganamos desde el 2006.

Del cuadro de Italia quizás los aficionados no conocen mucho, pero está bien armado con jugadores de MLB y dirigidos por una estrella como Mike Piazza, Salón de la Fama en el béisbol estadounidense. Jamás los hemos enfrentado en estas justas y subestimarlos sería de locos. Dentro de sus nombres sobresalen David Fletcher, Nicky López y Vinnie Pasquantino, aunque hay otros que también mojan y hasta empapan en el béisbol estadounidense.

Tampoco lo debemos hacer con canaleros y taipeianos, solo que su béisbol es más descifrable y la historia nos favorece sobremanera con ambos. Con Panamá volveremos a chocar desde aquel juegazo del 2006 en el que ganamos 8-6 en doce entradas; mientras que los anfitriones de la llave nunca nos han ganado en lides internacionales de importancia y en la edición del 2013 lo superamos 14-0.

Con todo lo dicho hasta aquí, vemos a Cuba pasando a cuartos de final como primero o segundo de su apartado. En esa instancia el cruce con Japón sería una espina que, con total justicia, veo muy complicada sacar de nuestra garganta. Sin embargo, chocar con un presumible escuadrón de Korea podría hacernos más potable el boleto a semifinal, instancia hasta la que considero debemos llegar. Todo lo demás sería sorpresivo y ojalá, una vez más, ande errado.

De lo visto hasta el momento en los dos choques contra los Leones de Nippon Ham (perdimos 11-2), y este domingo frente a los Dragones de Chunichi (vencimos 3-2), complace la forma deportiva que vamos viendo en Yoelkis Guibert, Dayán García, Yadir Drake, Alfredo Despaigne y Luis Vicente Mateo. Es cierto que faltan jugadores claves y que en topes se van probando las cartas sin tanta exigencia, pero han existido fisuras en el corrido de las bases, el control de los lanzadores y en el batazo oportuno para empujar un corredor.

Queda tiempo para pulir detalles, no para enseñar. Estamos llenos de optimismo y esperanzas, pero clavamos los pies en la tierra si decimos que lo visto hasta este domingo no convence a plenitud. A los aspectos técnicos hay que ponerle disfrute y alegría. Quienes emplean esa fórmula son mejores y complacen a sus más fieles seguidores, ganen o no las medallas que todos quisiéramos.

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