RETRATOS: Cuétara, “un guajiro con los ariques amarrados”

RETRATOS: Cuétara, “un guajiro con los ariques amarrados”

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Me quedé debiéndole una entrevista a Jesús Cuétara Véliz. En diciembre de 2020 lo llamé para puntualizar un encuentro, y quedamos en que a inicios de 2021 iría por su casa, en Campo Florido, Habana del Este, donde residía junto a su esposa Ela Pons Rodríguez.

 

El pinareño Jesús Cuétara mostró lealtad en todo momento al líder histórico de la Revolución cubana. Fotocopia: Agustín Borrego

 

Ese día fueron breves las palabras, pues el móvil no permitía extendernos en muchas explicaciones. Pero tuve el tiempo suficiente para descubrir su sencillez. No pude conocerlo personalmente: el 13 de enero la muerte de Cuétara sorprendió a familiares y amigos.

Hace algunos meses, la Premio Nacional de Periodismo José Martí, Magali García Moré, me hizo llegar un folleto, titulado: “Bajo la mirada de Fidel. Cuétara: Testimonios de un inseminador”, publicado por la Editora Política, en el cual se revelan momentos significativos en la vida de este extraordinario cubano. A partir de ese cuaderno, el cual debemos a la edición ejecutada por el General de División ® Ulises Rosales del Toro, a partir de una entrevista realizada a Cuétara por el Doctor José Miyar Barruecos (Chomy), expongo algunos de esos históricos pasajes.

A la memoria de Cuétara, es este particular Retrato.

 

 

Jesús Cuétara Véliz (el primero, de izquierda a derecha), en uno de sus encuentros con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Fotocopia: Agustín Borrego

 

En mi primer encuentro con Fidel, yo le dije que sí

“Yo soy un guajiro, como digo yo, con los ariques amarrados, cuando veo a Fidel por primera vez”, así de forma natural recordó Jesús Cuétara su primer encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. El pinareño, nacido en el Valle de Viñales, era de origen humilde. Apenas pudo estudiar. Tenía que caminar ocho kilómetros por medio del monte para llegar a la escuela en la que solo estuvo tres años.

Vinculado al Movimiento 26 de Julio y al Ejército Rebelde, luego del triunfo de la Revolución, estaba convencido de la necesidad de superarse. Es por eso que, desde las primeras luces de la transformación del país, él tuvo disposición para estudiar y llegó a lo que es hoy el Centro de Investigaciones para el Mejoramiento Animal de la Ganadería Tropical (CIMA-GT).

En aquel entonces, “era una recría caballar convertida en un cuartel, que pertenecía a Managua, bajo la dirección del Comandante Juan Almeida”.

Recordó que se preparaba como técnico en veterinaria, y además de las asignaturas correspondientes, practicaban infantería. En una de esas ocasiones, llegó Fidel. Luego de algunos comentarios, el líder cubano se paró junto a Cuétara, quien fungía como guía de pelotón y le preguntó, poniéndole la mano sobre su hombro. “¿Tú quieres ser inseminador?”. El jovencito, no lo pensó dos veces: “Yo le dije que sí. En mi primer encuentro con Fidel yo le dije que sí”.

Más adelante, señaló: “Yo no sabía lo que era inseminador ni nada, y allí empezó a hamaquearme para un lado y para otro, no me soltó más. Por eso, a mí me dicen que soy el primer técnico inseminador de Cuba, y empieza ahí el programa de la ganadería; pero Fidel nada más que hablaba de la ganadería de tres cosas: (uno) alimentación, como primera cosa ─la siembra, cuando aquello no era King-grass, era napier; (dos) la genética, y dentro de la genética estaba la inseminación artificial y (tres) la disciplina férrea”.

 

Más cercano a Fidel

“Ya graduado de técnico veterinario, estoy en el Regimiento de Pinar del Río y el día doce de diciembre tengo que presentarme otra vez al cuartel para seguir estudiando como inseminador”, añadió.

Rememoró que a partir de diciembre de 1959 Fidel visitaba muy a menudo El Dique ─ como le decía la gente ─ y daba instrucciones. “Dentro del grupo había uno que lo había conocido por Celia Sánchez, que era de Manzanillo, Pascual García, y el Comandante se viró para él y le dijo: ‘Prepárate para que vayas a los Estados Unidos para coger la técnica de congelación de semen con nitrógeno líquido’. Pero además le dijo: ‘Investiga el trasplante embrionario e investiga el semen…para liofilizar el semen’. O sea, también él había leído que se hacían trasplantes, se hacían in vitro…”

Contó que, a finales de 1964, luego de una situación dada con el director nacional de Veterinaria y con el director de la Empresa Genética de Matanzas, Fidel le expresó: “Deja todo el trabajo, que tienes que hacerte veterinario para que te hagas cargo de la Dirección de Veterinaria”.

Cuétara le respondió que no tenía nivel para eso.  “Llamó a Celia y le dijo que me buscara una profesora para que me diera el nivel para poder entrar a la Universidad. Y a los diecisiete días señaló: ‘Se acabó el estudio, tienes que ir para Matanzas porque el director de Matanzas se va para los Estados Unidos…al año vienes para acá y sigues estudiando’”.

En diciembre, el piñareño regresó. Buscó a Celia y le manifestó: “Dígale al Comandante que estoy aquí”. De inmediato, Fidel le indicó: “Tienes que hacer un centro de inseminación mejor que el mejor del mundo, selecciona la finca, y vamos a posponer un año más los estudios tuyos”.

Al otro día, Fidel lo llamó. “¿Ya seleccionaste?”, indagó y Cuétara le respondió que tenía dos fincas elegidas: una de Cuatro Caminos, entre San José y Cotorro, y la otra donde estaba la famosa fábrica de Vidrio, en San José, donde se hizo el Centro Rosafé Signet.

“Al poquito rato fue allí, me recogió: ‘Vamos, enséñame las fincas’”. Hasta allí llegaron y Fidel exclamó: “¡Esto está bárbaro, caramba!” En sus recuentos, afirmó que en octubre se mudaron de El Dique para el Centro de Inseminación Artificial Rosafé Signet, con todos los laboratorios.

Cuétara declaró que en 1965 el país llegó a contar con medio millón de reses bajo plan de inseminación. Agregó que todo eso, Fidel lo manejaba sin papeles.

Entonces empezaron los grandes programas de genética. “Yo llegué a contabilizar ─ aunque no supe nunca controlar─ en una libreta los ochenta y uno cruzamientos que él hizo, que se los sabía de memoria todos, con el toro que cruzaba las vacas, esto, lo otro; todo, todo se lo sabía. Todo lo dominaba y él me preguntaba, y yo aprendí a responderle de memoria también. Nunca le dije una mentira.

“Cuando él me preguntaba una cosa, y yo no estaba seguro, le decía: No recuerdo, Comandante, pero es alrededor de esto…, pero nunca le dije: es esto. Y tengo muchas anécdotas de esas.

“Cuando se empieza a construir el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (Cnic) ─ que era un potrero de hierba de guinea, que eran unas matas enormes así ─, en la loma que hay detrás del CNIC ─que está ahora ahí─, él tenía allí unos toriles, y él tenía una serie de pruebas y de investigaciones en ganadería, que llevaba allí con Santiago Castro y otros compañeros.

“En esa área él tenía en ese momento seis toriles, seis toros. Uno de ellos era un toro negro, gigantesco, que decía que era la primera vez que un Bos Taurus se había podido cruzar con un Bos Indicus. Además, tenía Hostein y Cebú.

“Un día, me dice: ‘Ven acá para que tú veas’ ─ y cuando me asomo ─, dice: ‘Aquí vamos a crear un centro científico de nivel mundial’. Me acuerdo que me dijo: ‘Ven acá, asómate, mira…’  Había pelos de alambre de púa y él estaba recostado. Me asomo y lo que veo es un potrero que tenía una zapata enorme, ¡enorme! Él estaba viendo los toros que estaban ahí, y de momento dice una frase, no puedo decir, y digo yo: ¡ño!, como diciendo, esto es del cará, porque era una cosa enorme. Me dice: ‘¿Por qué tú dices eso?’ Digo: No, por la magnitud”.

Muchas fueron las tareas asumidas por Cuétara. Según relató, en 1976 se le dio la misión de ir a la República Unida de Tanzania a proyectar un centro de inseminación, lo cual cumplió.

“En abril de 1983 recibí la orden de hacerme cargo del Centro de Inseminación Artificial Rosafé Signet”. Ahí permaneció hasta 1986 en que comienza a laborar en la empresa de Cultivos Varios de La Habana.

Como señala en el prólogo del folleto, el General de División ® Ulises Rosales del Toro, el guajiro Jesús Cuétara Véliz, “hasta su último aliento estuvo luchando por poner en práctica las ideas de Fidel y aportar su modesta experiencia al desarrollo ganadero del país”.

 

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Acerca del autor

Graduada en Licenciatura en Periodismo en la Facultad de Filología, en la Universidad de La Habana en 1984. Edita la separata EconoMía y aborda además temas relacionados con la sociedad. Ha realizado Diplomados y Postgrados en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. En su blog Nieves.cu trata con regularidad asuntos vinculados a la familia y el medio ambiente.

9 comentarios en RETRATOS: Cuétara, “un guajiro con los ariques amarrados”

  1. Merecido homenaje a Cuétara, ese gran constructor de la ganadería revolucionaria. Retrato que hace revivir hechos materializados, recordar su lucha por las metas alcanzadas. Recordar su fidelidad al Comandante en Jefe, su personalidad guerrera, humildad, optimismo y su rostro siempre y sonriente.

  2. Tuve el privilegio de conocer y tratar a Cuetary a su esposa . Me ha emocionado ese artículo que constituye un homenaje, a ese gran ser humano.
    Gloria eterna

  3. Profundamente fidelista, sus anécdotas cautivaban. Revolucionario hasta el final, tenía la experiencia y el conocimiento necesario para emitir criterios sólidos sobre la toma de decisiones en la esfera agrícola. Leyendo el articulo, me parece oírlo sentados todos en el patio de la casita de Campo.

  4. Hombre de gran fidelidad al Comandante, que supo entregar siempre, con total honradez, sus conocimientos y experiencia en bien de nuestro país. Será siempre recordado con cariño por los que lo conocimos.

  5. Gracias por este lindo homenaje a tio Cuetara. Fue un hombre excepcional, dispuesto a enseñar a todos los que se les acercaban en busca de conocimiento, un gran amigo y luchador incansable.

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