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Fuego y luz de Caribe

La edición 41 del Festival del Caribe demostró la capacidad de renovación de una cita que sin perder sus esencias de defensa de las culturas tradicionales de los pueblos, resistencia, identidad y solidaridad, es también muestrario de resiliencia.

Calor, color culturas, luz… del Caribe se hicieron uno en Santiago de Cuba. Foto: Daniel Houdayer

Con esa impronta se fragua ya la 42 Fiesta del Fuego, en su Santiago de Cuba natal, con motivaciones al por mayor,  quizás como nunca antes.

Por primera vez hubo hechos que, junto con las acciones habituales — el coloquio El Caribe que nos une, los talleres y encuentros, el Desfile de la Serpiente, o la Quema del Diablo—  se convirtieron en sucesos, en alegrón, en acicate para el futuro.

Díganse la presencia del Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, en la Casa del Caribe y en otros escenarios del evento, la realización del IX Asamblea de los Pueblos del Caribe, el Primer Taller de Industrias Culturales y Creativas, así como el Encuentro de Festivales y Carnavales del Caribe y Europa, organizado por la Unesco.

Si bien es arriesgado hablar de lo mejor de una cita con tantas confluencias, sin dudas entre lo más trascendente estuvo el goce de los santiagueros, el disfrute de su Festival, esperado con ansias después de dos años de impasse como consecuencia de la pandemia.

No por gusto el Premio Internacional Casa del Caribe 2022 fue a manos de Eduardo Martínez Díaz, director de Biocubafarma, simbolizando en él todo lo grande y bueno de las vacunas anti-covid.

Esta volvió a ser una cita de voces anticolonialistas y antimperialistas, de apoyo a Cuba y condena al bloqueo, de multitudes en las calles, de pueblo viviendo el paroxismo de una fiesta singular, en la que artistas, grupos portadores, intelectuales, nacionales y extranjeros, se juntaron de la mano de las culturas tradicionales de la región.

Dijo adiós el 41 Festival, dedicado a los 40 años de la Casa del Caribe, los 30 años de Estudio Teatral Macuba y las cuatro décadas del santiaguero Septeto Turquino, ya se espera el que está por venir.

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