Día del Trabajador del Transporte: Yorday, ambulanciero improvisado

Día del Trabajador del Transporte: Yorday, ambulanciero improvisado

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Por Daniela Estevan y Adriana Fajardo, estudiantes de Periodismo

En segundos ocurrió todo. Yorday Rivero Le­yva comprobó que todos sus pasajeros estaban ilesos. Bajó del taxi, al igual que el resto de los ocupantes y se encaminó a un grupo de niños a quienes sacaban de la escuela Concepción Are­nal, contigua al hotel siniestrado. Rápido ―cree que en no más de dos minutos― se convirtió en ambulanciero, en el primer chofer en trasla­dar al policlínico más cercano a esos pequeños, también a algunos maestros y a una señora que estaba tirada al lado de su carro.

Foto: Alejandro Acosta
Foto: Alejandro Acosta

Todavía asustado, pero con la idea de con­tinuar su ayuda, regresó al sitio del accidente, pero ya el lugar estaba acordonado y las fuer­zas de seguridad no le permitieron acercarse tras explicarle que ya estaban transportando a los heridos en ambulancias.

Hoy llega a nuestras páginas, a propósito del Día del Trabajador del Transporte.

 

Un día para la historia

Nunca pensó que podría presenciar un hecho de tal magnitud. ¡Y mucho menos ser protago­nista y ver sobre su pecho la medalla de Proeza Laboral! “Yo nunca trabajé para lauros”, ase­gura.

El pasado 6 de mayo, poco antes de las once de la mañana, detuvo su pequeño taxi microbus a muy pocos metros del camión cisterna que descargaba gas en el hotel Saratoga. Aguarda­ba la luz verde del semáforo y de pronto sintió una fortísima explosión y una nube de polvo que se elevaba, y que también se metió en la ca­bina. No creyó morir, y si dudó de su capacidad, de lo que debía hacer, fue porque sus piernas le temblaban mucho, no le respondían.

Sobre él cayeron cosas del auto: espejos, tapa­soles y algún escombro golpeó el carro. “Aguan­té el timón fuerte, puse el limpiaparabrisas y busqué la claridad. Dicen que en esos momen­tos pasan por la mente muchos hechos. Creo que solo los que estaban allí podrán hablar de esa película. Yo nunca la voy a olvidar”.

Yorday nació en la oriental provincia de Guantánamo hace 40 años, justo en el Valle del Caujerí. Licenciado en Cultura Física trabajó por varios cursos como profesor de recreación, especialidad que también impartió en Venezue­la durante la misión internacionalista que lo lle­vó al país suramericano.

Desde que en el 2019 iniciara en La Haba­na el servicio de taxi con ese tipo de vehículos, conocidos popularmente como Gacelas, Yorday se convirtió en chofer profesional. Ya maneja­ba desde hacía muchos años y hasta recibía su primer aprendizaje sobre la reciedumbre de un tractor.

“Mi cuñado me propuso asociarnos con el proyecto de las gacelas y acepté. Me inicié como chofer profesional en marzo del 2019 en una ruta entre los municipios Habana Vieja y La Lisa, donde aún estoy”. Este es un trabajo duro, que agota mucho. Se levanta cada día a las seis de la mañana para revisar el vehículo y salir a traba­jar. Por 12 horas realiza unos seis viajes, que se vuelven agobiantes por el calor del verano y el corto tiempo para sus necesidades básicas.

“A veces alguien me discrimina por ser oriental y en otras cargo con el mal día de algu­no, pero la alegría llega cuando un pasajero, con gusto, da los buenos días y me pregunta: ‘cho­fer ¿Cómo está usted? ¿y los chamas cómo están? También si aparece algún contento con chistes que divierten a todos».

 

Una lección para la vida

La voluntad del guantanamero fue siempre la de salvar, y aunque los recuerdos aún le erizan, su forma de contar, su modestia, denotan la satis­facción de quien sabe que hizo lo correcto.

Por instantes le vuelven a llegar las imáge­nes allí vividas. “Lo ocurrido me demostró que la vida la tenemos colgando de un hilito y que tenemos que ser más humanitarios entre noso­tros mismos. Allí hubo muchos actos de heroís­mo y yo no podía hacer otra cosa cuando vi a los niños saliendo de su escuela.

“Como decimos popularmente: ese día no es­taba pa‘mí, pero en una circunstancia similar, volvería a actuar igual”.

La Central de Trabajadores de Cuba lo premió con la medalla Proeza Laboral, una motivación para su trabajo en momentos en que el transporte es, casi siempre, tema de insatisfacción popular.

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