Icono del sitio Trabajadores

Con Filo: Aquellas aguas que no traigan lodos

Temporada de lluvias intensas la de este inicio de junio, que nos indica no solo la importancia de recuperarnos lo más pronto posible de las recientes afectaciones, sino las consecuencias a corto y  mediano plazo para la situación de la higiene en nuestras comunidades.

Con las precipitaciones, ya lo sabemos, vienen los criaderos de mosquitos, y el riesgo de las enfermedades que trasmite ese vector. Es una etapa del año que en Cuba se conoce bien, así como las acciones preventivas que se requieren para aminorar ese peligro de infestación.

No obstante, las circunstancias también son otras en esta ocasión, luego de más de dos años de pandemia de Covid-19 y restricciones económicas y de recursos.

La higienización pasa ahora más que nunca antes por el esfuerzo que se pueda hacer desde el escenario local, con independencia de la responsabilidad que tienen las autoridades sanitarias.

Después de los copiosos aguaceros de los últimos días, por ejemplo, no es extraño hallar grandes charcas de agua estancada en no pocos sitios, que la evaporación natural no alcanza a resolver con la celeridad que evitaría la proliferación de los mosquitos.

La posibilidad de envases u otros objetos que se conviertan en repositorios para las larvas del insecto, se multiplica a ojos vista en patios y placeres, o hasta en las áreas verdes o instalaciones de centros laborales. La hierba también crece, y crecerá con renovado vigor en las próximas semanas

Nadie va a ir a resolver ese problema fuera de quienes viven en un barrio o comunidad, o de los trabajadores de cualquier colectivo. La primera barrera para los problemas de higiene comunal es la conciencia de cada individuo. Y en ese techo de la conducta humana, dolorosamente, hay que reconocer que tenemos muchas goteras, más incluso tal vez de las que abundan en azoteas y cubiertas.

De manera que es preciso juntas fuerzas allí en la base. No solo Servicios Comunales tiene que tomar cartas en el asunto. Cada persona debe sentir que es dueña de su pedacito, y contribuir en todo lo que esté a su alcance a esa limpieza de la cual depende también, en gran medida, su salud y la de su familia.

Me salta aquí la anécdota de una colega que allá por el oriente del país se apropió del parque frente a su casa, y ante el abandono que sufría, asumió su limpieza, cuidado y hasta pintura, además de contarlo cada día en las redes sociales de Internet.

Podría parecer un ejemplo extremo, pero responde a la lógica de lo que se requiere en estos tiempos para partirle para arriba al problema de la higienización de nuestros barrios.

Ni los charcos, ni los herbazales, ni los focos de mosquitos, proliferan cuando la gente se organiza y trabaja. Hemos tenido, y quizás continúen, grandes precipitaciones este mes; pero aquellas aguas —contrario a lo que dice el refrán popular— no deben traernos ningún lodo.

 

Compartir...
Salir de la versión móvil