Armas o comida, esa es la cuestión

Armas o comida, esa es la cuestión

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Acabar con el hambre en el mundo sigue siendo una utopía a pesar de esfuerzos aislados para acabar con este flagelo. La pandemia provocó que nuevas voces se sumaran a los llamados de urgencia para evitar una nueva crisis alimentaria en el planeta, existente mucho antes del inicio de la operación militar especial de la Federación Rusa en Ucrania.

 

Solo es cuestión de tiempo y la crisis alimentaria afectará a todo el planeta. Foto: ONU

El planeta llegó al 2019 con la vergonzosa cifra de más de 821 millones de hambrientos registrada a fines de 2017, según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018, de Naciones Unidas. Quiere decir que una de cada nueve personas era víctima de este flagelo.

No bastan las buenas intenciones para acabar con un mal que ya sufren millones de personas, hasta en las llamadas naciones ricas o industrializadas.

Surge entonces una inevitable pregunta; ¿Resulta imposible acabar con el hambre o, por lo menos, disminuir sensiblemente la enorme cantidad de hambrientos en el mundo?

Además de las ya señaladas buenas intenciones existen proyectos internacionales u ocasionales declaraciones de políticos, en especial previo a elecciones, pero esto no quita que por esta causa crezcan las muertes cada año ni que aumentan los hambrientos.

Que conste que solo hablamos del hambre, es decir, la imposibilidad de un ser humano de comer. No se trata de la desnutrición, o de malos hábitos alimenticios.

Las promesas no se comen

Quien lea estas líneas podrá pensar que exagero, pero una vez más las frías estadísticas dejan clara la situación. Ellas no reflejan en su totalidad el rostro de este fenómeno social que sigue sin resolverse.

Hace ahora un lustro, la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) denunciaba que mil millones de personas iban con hambre cada día a la cama, a pesar de existir en un mundo que producía comida suficiente para alimentar en esos momentos a los casi 7 mil millones de habitantes.

 

Los países subdesarrollados serán los primeros en sufrir las consecuencias de la crisis alimentarial. Foto: AFP

La organización internacional aseguraba que entre los más afectados estaban los infantes, con nueve millones de fallecimientos antes de alcanzar los 5 años de edad y concluía que » unos 178 millones de niños entre 0 y 5 años sufren problemas de crecimiento por una deficiente alimentación, fenómeno que se origina en el seno materno». Es decir, desde que nacen ya están condenados a morir por hambre o vivir con ella durante su existencia.

Datos más actuales, del 19 de mayo de este año, los ofreció Sara Menker, directora de una empresa analítica en su reporte ante el Consejo de Seguridad de la ONU; “las reservas mundiales del trigo están a unas 10 semanas de agotarse”.

Una vieja, y muy actual, tragedia

El problema del hambre en el mundo es viejo y, al mismo tiempo, tan nuevo que en el 2017 el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió que más de un millón 400 mil niños estaban en inminente peligro de sufrir desnutrición en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen.

Los hijos de los sobrevivientes de aquellos días hoy serán las primeras víctimas de la crisis que todo el mundo sabe que se nos viene encima, pero los recursos monetarios para por lo menos paliarla, son utilizados en la compra de armas y no en alimentos.

 

Los precios suben y seguirán subiendo. Foto: FAO

«El tiempo se acaba para estos niños, pero todavía podemos hacer algo para salvar muchas vidas» aseguró el director ejecutivo de esa institución, Anthony Lake, para precisar que «no podemos permitir la repetición de la hambruna de 2011 en el Cuerno de Africa”.

El Yemen de 7 años después muestra una peor situación debido a la guerra que le imponen y no recibe la ayuda necesaria porque EE.UU. y la OTAN dedican multimillonarios recursos en armas para “salvar la democracia” en Ucrania.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha reiterado que la reducción de la pobreza y la indigencia en América Latina se estancaron desde el 2014, en un contexto de desaceleración económica en la región.

Hace siete años el director regional para Mesoamérica de la FAO aseguró que Latinoamérica produce mucha más comida de la que realmente requiere.

Las crisis, los conflictos y las catástrofes naturales aumentan y traen consigo la disminución de la producción de alimentos, en un ambiente donde prevalece la ausencia de servicios médicos y la protección social de los ciudadanos. Eso nadie lo duda.

 

Hasta en los países del primer mundo comienza a sentirse la escasez de alimentos. Foto: Europa Press

Nuestra región, considerada una de las más desiguales del planeta, se encuentra en un círculo vicioso. Cuando hay  un gobierno progresista que pretende acabar con el hambre, la reacción conspira y, si no logran derrocarlo, hacen imposible que lleve adelante esos planes.

La realidad, dicha con pocas palabras; se viola el derecho de comer a parte de la humanidad.

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