La “ayuda” del vecino

La “ayuda” del vecino

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Las recientes medidas anunciadas por el Gobierno de los Es­tados Unidos respecto a Cuba han suscitado reacciones en­contradas. En el sur de la Florida los odiadores han declarado su total rechazo a cualquier flexibilización que favorezca a la Mayor de las Antillas, sin embargo, muchos cubanos radica­dos allí las acogieron con la esperanza de que contribuirán a estrechar los lazos con sus familiares en su tierra natal.

 

 

 

En declaraciones a Prensa Latina, el activista Carlos Lazo, coordinador del movimiento solidario Puentes de Amor y resi­dente en Seattle, afirmó sentirse “moderadamente contento” aunque habría que esperar “a ver cómo se implementan” las nuevas disposiciones.

Lo anunciado responde en parte a presiones de grupos que en los propios Estados Unidos exigen al presidente un cambio de política hacia Cuba, como la carta que en el pasado di­ciembre le enviaron 114 congresistas demócratas, respaldada por los jefes de 18 comités de la Cámara Baja, con la solicitud de abandonar la línea dura de su antecesor Trump, quien re­forzó el bloqueo con 243 medidas que por cierto se mantienen vigentes.

La opinión del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador es compartida por muchos que hoy batallan aquí por salir adelante: calificó las medidas de un paso positivo, pero a continuación agregó: “Hubiera querido que Joe Biden le­vantara el bloqueo violatorio de derechos humanos, medieval, genocida, que nada tiene que ver con la fraternidad”. Es la posición de la mayoría de la opinión pública internacional que año tras año ha votado en la ONU contra el cerco más prolon­gado de la historia.

Sin embargo, hay que reconocer que Biden ha dado un paso li­mitado en la dirección correcta, tal como expresa la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano.

Después del anuncio he escuchado opiniones de alivio de quie­nes desean emigrar, en el sentido de que se les facilitarán los trá­mites, de que sus familiares podrán visitarlos directamente en su provincia, que mejorará el monto de las remesas y se favorecerá al sector no estatal, entre otros criterios.

En la versión en español del sitio del Departamento de Estado de EE. UU., su portavoz señala que las medidas tienen la finalidad de “incrementar el apoyo al pueblo cubano, en consonancia con nuestros intereses de seguridad nacional” —que ya conoce­mos cuáles han sido históricamente respecto a la Mayor de las Antillas—, y que “El pueblo cubano atraviesa una crisis huma­nitaria sin precedentes, y nuestra política seguirá enfocada en empoderar a los cubanos para ayudarlos a forjar un futuro sin re­presión ni dificultades económicas”. Es decir, según ellos EE. UU. no tiene nada que ver con nuestras carencias y “generosamente” encaminará su política para que los nacidos en esta tierra forjen un porvenir a su conveniencia.

Pero no queremos hacernos eco del refrán de que “palo por­que bogas y palo porque no bogas”, porque un gesto positivo es más que mantener una posición retrógrada y fracasada. Hay que esperar, como se ha reiterado, por las regulaciones que harán efectivas estas decisiones y su impacto real.

Está por ver a qué mecanismo pretenden acudir para viabilizar las remesas, ya que con su acostumbrada arrogancia imperial declaran su intención de que “lleguen más libremente al pueblo cubano y no enriquezcan a quienes cometen violaciones de derechos humanos”.

Y las destinadas a apoyar a emprendedores cubanos del sector laboral privado recuerdan el empeño por potenciarlos como su­puesto factor de cambio del régimen social, sin tomar en cuenta de que forman parte de nuestro modelo económico.

La anunciada ayuda del vecino llega en momentos en que en nuestro país se vive una verdadera ebullición de medidas para perfeccionar el Estado socialista de derecho y justicia social, de lo cual fue elocuente muestra la Quinta Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su IX Legislatura, y en medio del consenso por actualizar la estrategia de desarrollo económico-social encaminada a emanciparnos por nosotros mis­mos con nuestros propios esfuerzos.

Cuba ha mantenido siempre la voluntad de dialogar con el Go­bierno de Estados Unidos en condiciones de igualdad y respeto mutuos; reconocemos los gestos que puedan contribuir a ese empeño, pero no olvidamos las enseñanzas de la historia.

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