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Todo vale para no perder el grano: Cenizas, cascarilla…

Dicen que el ingenio de las personas se mide en los momentos más complejos, pero el del camagüeyano Rider Fons Piornedo crece a cada instante. Para él su trabajo es lo más gratificante del mundo, pues le pagan por hacer lo que le gusta: dar solución a cualquier problema, como especialista en mantenimiento industrial en la Empresa Agroindustrial de Granos Ruta Invasora, en Camagüey.

 

Aunque los números productivos del arroz no son como en épocas anteriores, los innovadores de la Empresa Agroindustrial de Granos Ruta Invasora en Camagüey contribuyen a que no se pierda ni un grano de lo sembrado. (Leandro Armando Pérez Pérez)

 

“Para mí, apunta, no existen imposibles. Creo que lo que no se hace es porque los hombres no lo quieren hacer. Y si de algo sabemos aquí es de limitaciones, por eso toca dar el extra”.

Esa determinación la demostró, una vez más, hace unos dos años, cuando la dirección de la Empresa le comunicó que por el déficit de combustible se podrían perder cientos de toneladas de arroz. Había que secar ese grano. Rider se rascó la cabeza y sin que se le quebrara la voz dijo que eso tendría solución.

Y es que la entidad arrocera destaca como una de las mayores productoras del cereal en el país y como dice Rider, “ese prestigio no podíamos perderlo.

“Nos tocaba pensar en algo rápido. Por suerte, hacía unos 10 años atrás habíamos montado un horno que usaba como combustible la propia cascarilla de arroz. Esa podría ser la solución.

“El comandante Machado Ventura ya lo había visto y nos había instado a replicarlo, pero ese modelo demandaba muchos recursos. Fue entonces que copiamos uno chino, más pequeño y asequible. Y desde la dirección de la entidad recibimos toda la ayuda, al punto que proyectamos el montaje de uno en cada unidad productiva.

“Ese horno no es nada de otro mundo. Como todos tiene paredes de ladrillo, es cónico y rectangular para quemar en el centro, y cuenta con un intercambiador y otros aditamentos. Su principio es quemar la cascarilla para que el aire caliente disminuya la humedad del arroz.

“Para su construcción e necesita cemento, ladrillo refractario, un nivel de laminado, quizás lo más complejo, pero resolvimos reutilizando algunas láminas de una planta de precocido”.

 

Rider Fons ya piensa en la adaptación de la base del horno para, con otros cambios, secar maíz y yuca para la elaboración de pienso. (Cortesía Empresa Ruta Invasora)

 

Aunque todo estaba dispuesto, al inicio los arroceros del sur agramontino se toparon con el problema de separar las cenizas que generaba el horno. En algunos lugares lo han podido resolver con un filtro de agua, un separador neumático y hasta con la creación de una cámara extra, siempre con el objetivo de recogerla para su posterior comercialización. Es que algunos trabajadores por cuenta propia de La Habana y de Sancti Spíritus, confirma el innovador, la utilizan como fertilizante y en la creación de un tipo de cera.

“Muchos productores, detalla Rider, que han venido a copiar el horno dicen que es muy complejo lo de las cenizas y no lo adoptan. Es sencillo, lleva trabajo, hay que tener voluntad. El montaje solo demora unos dos meses.

“Además, esta innovación ahorra 16 litros de petróleo por cada tonelada del grano que se seque. Saque cuenta. ¿Cuánto dinero y petróleo se ahorra? Y lo más importante, sin perder un grano”.

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