En el vecindario de la literatura cubana (+Fotos)

En el vecindario de la literatura cubana (+Fotos)

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Durante alrededor de 20 días la literatura cubana centró el interés de la 46 Feria internacional del Libro de Buenos Aires, que tuvo a La Habana como la ciudad invitada de honor.

Foto: Francisco Rodríguez Cruz
Foto: Francisco Rodríguez Cruz

Alrededor del stand de Cuba en el pabellón amarillo del recinto expositivo La Rural, una docena de editoriales de diversos países y ciudades argentinas compartieron el vecindario con la amplia representación antillana que asistió a Argentina.

«Han tenido mucho movimiento, música, en el día dedicado a Cuba vinieron importantes personalidades que lo hizo muy llamativo», recordó Aylén, del Instituto de Cultura Italiana, justo frente a la muestra cubana.

La joven nunca antes estuvo en contacto con personas de la Isla, pero sí con su cultura. «Mis abuelos estuvieron una vez y me llevaron algún recuerdo, ese fue mi único acercamiento anterior», contó.

Foto: Francisco Rodríguez Cruz
Foto: Francisco Rodríguez Cruz

En el concurrido espacio del Grupo Argentinidad, Carlos Guigliotti, su gerente comercial, no escatimó elogios hacia sus vecinos isleños: «Nos hemos llevado muy bien. En el respeto y la educación se sobrepasaron ustedes», enfatizó, al calificar de excelente el programa de actividades de Cuba y la colaboración para acciones coordinadas.

Profesor de historia, Guigliotti encomió los textos de ese género de las editoriales cubanas, «con muy buena variedad» y calificó de espectacular la experiencia.

Natalí, de la Fundación de Jóvenes por los Derechos Humanos, prefirió la apuesta que se hizo por el baile en una de las jornadas. Aunque no podía escuchar desde su posición todo lo que se decía o leía, no dudó en decir que «fue relindo» , pues incluso hizo dos nuevos amigos cubanos.

«Me contaron que también en Cuba utilizan las máquinas de risografía», apuntó Luba, de Estudios Mafia, editorial que utiliza ese método de impresión para publicaciones artísticas, y agradeció la amabilidad de los cubanos.

Martín Ramón, de Moelius Editora, especializada en artes gráficas, dijo que esperaban con ansiedad la presencia de la Isla y de «una ciudad que amamos».

«Conocemos artistas gráficos cubanos, quizás entre los mejores afichistas del mundo, y un poco nos defraudó el diseño del espacio. Hubiera hecho algo más potente a nivel gráfico porque La Habana tiene una impronta muy fuerte», señaló con total razón.

«Me los mandó el cielo, pensé, pero hizo falta un poco más de ron», bromeó por su parte Gito Minore, de Clara Beter Ediciones, no sin resaltar que estaba muy contento de tener a Cuba de vecina, y poder escuchar música y poesía.

Pablo Pellegrini, de la Editorial Argonauta, consideró haberse beneficiado con la afluencia de público por la proximidad al concurrido stand de Cuba, lo cual incluyó la activa presencia de la poetisa Basilia Papastamatiu, de quien ellos también tienen libros en su colección.

Foto: Francisco Rodríguez Cruz
Foto: Francisco Rodríguez Cruz

Como un stand muy activo también lo calificó Cayetano Quattrocchi, de la paraguaya Arandurá, editorial que fuera representante del libro cubano en ese país.

Ante el elevado ruido ambiente, la música del espacio cubano le pareció un alivio a Carolina Musa, de Libros Silvestre, de Rosario, quien confesó «haberse colgado» a varias lecturas de poesía y comprado un libro de uno de ellos.

«Me enteré del Premio Casa de las Américas, que no lo sabía – añadió – ¡ahora me toca ir a La Habana!».

No todos estuvieron felices, sin embargo. De Urania Ediciones, el porteño Gustavo admitió que se enojó más de una vez por el audio del stand cubano, pero después se contradijo al afirmar: «no pude escuchar nada».

Solo salvó de su rechazo a la música de salsa y baile, que dijo estuvo buena, pero criticó a la trova, «no me gusta para nada», enfatizó quien fuera al parecer el único descontento con esta vecindad.

Justo en el stand de al lado, Diego Rosaque, de la editorial Hemisferio Derecho, en la ciudad de Bahía Blanca, se mostró feliz de haber podido conseguir al fin un disco del trovador cubano Silvio Rodríguez que no tenía.

«Los encuentros musicales fueron hermosos, y los trovadores, excelentes», valoró este amante de Silvio, a quien atribuyó «la banda sonora» de su adolescencia. «Fue un lujo estar de vecinos de Cuba», resaltó.

Foto: Francisco Rodríguez Cruz

Igualmente favorable fue la opinión de Camila, de la Cámara Uruguaya del Libro, también coincidente con una crítica muy reiterada en tono de broma, ante las expectativas incumplidas de probar nuestro ron. «Es lo más cerca que he estado de Cuba», enfatizó.

«Me miro todos los videos, todos los días», admitió por último Adriana, de Política Argentina Libros, a quien le encantaron los documentales, los escritores y el baile. «Ahora me gustaría conocer el país», dijo.

«Hay algo que me llamó mucho la atención: ¡con qué delicadeza guardan su bandera! Los estuve observando y me encantó. ¡Cómo quieren su bandera, cómo la llevan bien en alto!».

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