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Champions League: Creyentes

En el fútbol también hay creyentes. Gente algo loca que profesa una extraña fe que los acompaña hasta que el partido no acaba.

Real Madrid y Villarreal avanzaron a las semifinales en una noche épica de Champions League. Foto: tomada de la página de Facebook 365 Scores

El Allianz Arena y el Santiago Bernabéu, dos imponentes templos europeos, acaparaban toda la atención de los feligreses. Cada quien con sus súplicas, sus promesas y las esperanzas de seguir adelante en el torneo que quieren ganar todos.

Algunos se encomendaban a Benzema, otros a Lewandowski, mientras que Emery y Tuchel cargaban con penitencias capaces de mortificar las pasiones de cientos de miles de personas.

Hay milagros y milagros: venir de abajo no es igual que aguantar una ventaja y eso bien lo sabían el Chelsea y el Villarreal.

El actual campeón tiró de ese orgullo que significa llevar la corona y parecía poder. El Bernabéu temblaba… Primero Mount, luego Rüdiger y finalmente Werner lograban una hazaña de la que los madridistas no daban crédito, 0-3. Las caras de Modric, Cortuois y un Kroos enojado, tras ser sustituido, presagiaban lo peor.

A la par, en Alemania, el todopoderoso Bayern ponía las cosas en su sitio e igualaba la eliminatoria con diana de Lewandowski, ante un Villarreal cauto, pero no entregado, que sabía soportar las amenzas de un Müller desconocido de cara al arco.

En España se encendían las velas para acompañar las oraciones. El Madrid afuera y el Villarreal al borde del abismo. En la Castellana unos le rezaban al gato, mientras que en Múnich los hinchas de amarillo simplemente mantenían la esperanza de un zarpazo que enmudeciera a la barra bávara.

Y el primer zarpazo llegó en Madrid y salió del empeine exterior de la bota derecha de Modric, un dios a veces olvidado, pero presente en varios milagros. La bola acabó templadita para que Rodrygo la empalmara de aire y el derechazo acabara en el fondo de las redes. Con el rey no se juega, habían alertado los locales al inicio. El gol, al 80, viró todo al revés.

Unos minutos después, a 1400 kilómetros de la capital española, las plegarias de Emery fueron escuchadas y Chukwueze materializó la estocada mortal en una contra del submarino amarillo a tres minutos del final, para dejar en el camino a unos superfavoritos que no podían creer lo que sucedía.

Ahí estaba la cuestión, en creer hasta el último segundo. Y Chelsea dejó de hacerlo y se ahogó en sus pretensiones, al tiempo que el Madrid se alimentaba de las dudas y fortalecía su fe.

Llegó el gato para certificarlo. Un Mesías raro, en el que muchos comenzaron a creer algo tarde, empujó un centro de Vinicius para dejar al campeón definitivamente sin corona.

Ahora, con las velas aún encendidas, los creyentes miran a la semifinal y es inevitable que se permitan soñar, cada uno a su manera. A fin de cuentas, demostraron creer en todo y no creer en nadie.

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