Series Nacionales de Béisbol: la historia bien contada

Series Nacionales de Béisbol: la historia bien contada

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El béisbol cubano tiene muchas fechas para recordar. El 27 de diciembre de 1874: primer juego histórico en el Palmar de Junco; el 29 de diciembre de 1878: se inaugura la primera Liga de Béisbol Profesional con tres equipos; 26 de octubre de 1946: apertura del Grand Stadium de La Habana (desde 1960 Latinoamericano), y como si no bastaran, hay que anotar con letras doradas el 14 de enero de 1962: inicio de nuestras Series Nacionales.

Fidel batea la primera bola en la I Serie Nacional de Béisbol. Foto: Archivo INDER
Fidel batea la primera bola en la I Serie Nacional de Béisbol. Foto: Archivo INDER

La novedosa iniciativa, impulsada por el Líder Histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, dejaba atrás la tradicional Liga Cubana de Béisbol Profesional. Pero no se trataba de un capricho o cambio festinado de nombre. Era la respuesta de un proceso social que pretendía —y logró— llevar el deporte tan lejos como fuera posible, en un contexto donde se les prohibió a muchos jugadores cubanos contratados en el circuito estadounidense retornar allí si jugaban en la tierra que los vio nacer.

Fue un paso trascendental y no por eso menos riesgoso en lo que constituía el principal pasatiempo deportivo-cultural del pueblo. El naciente certamen estuvo rodeado de escepticismo, como han reconocido varios dirigentes y jugadores de esa época, pues algunos dudaban de que pudiera mantener el mismo nivel de expectación y fidelidad tras décadas de campeonatos profesionales.

Jugadores aficionados, divididos en Occidentales, Orientales, Azucareros y Habana serían los nuevos actores. Más de 25 mil 250 personas (cifra récord de asistencia entonces para el Latino), presenciaron un excepcional espectáculo aquella tarde. Acabaron las dudas y comenzaron a tejerse un sinnúmero de apasionantes y épicas historias.

El primer juego del doble programa terminó con lechada de Azucareros 6-0 sobre Orientales, con pitcheo completo de Jorge Santín. Por cierto, Amado Maestri fue el árbitro principal de home. A segundo turno, en un desafío que se extendió a 11 entradas y casi tres horas de duración, Occidentales, de la mano del joven curveador de 17 años, Manuel “Amorós” Hernández, venció 3-1 a los habanistas, que enviaron al box al estelar Alfredo Street.

Justo es decir que en diciembre de 1961 se celebraron, como antesala clasificatoria, las Series Regionales  en la zona oriental y occidental del país, con los triunfos de Azucareros (10V-2D) y Habana (11-3), respectivamente. A esos dos formaciones se les unieron las selecciones Orientales y Occidentales, conformadas por los mejores jugadores de aquella justa llevada a cabo en las seis provincias que estaba dividida entonces nuestra nación.

La pasión de la propia obra revolucionaria se trasladó al béisbol con ribetes impresionantes y llevó a colegas, espectadores, pueblo en general, a decir que esos peloteros jugaban “con el alma en el terreno”, término merecido y exclusivo hasta nuestros días. El propio Fidel Castro selló ese día inaugural con una frase que sacada de contexto siempre ha traído controversias:  “…este es un triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”.

Sin embargo, lo que hizo inmortal esas históricas campañas fue la valentía de asumir la pelota revolucionaria y enraizarla mucho más a la cultura e identidad de la nación. Predominaba la ilusión de que el béisbol ganaría auge y calidad mientras más esfuerzo y entrega dieran sobre el terreno. Muchos de esos jugadores serían años después directores de equipos y aprendieron con el diarismo y la experiencia personal a dirigir los destinos de ese deporte en la isla.

Un destacado periodista e investigador de estos temas, Elio Menéndez, al aportar su visión sobre el tema expresó: “La pelota en Cuba es una síntesis de talento natural y ganas de brindar un espectáculo. No puede decirse que es solo un deporte, es la prolongación cultural de un país, es lo que no perdonaría la gente que no tuviéramos”.

La nueva generación de estrellas e ídolos que todavía veremos en la venidera 61 edición: Alfredo Despaigne, Frederich Cepeda, Alexander Ayala, Yosvani Alarcón, Yordanis Samón, entre otras decenas, son herederos directos de lo vivido por más de seis décadas de jonrones, fildeos y lanzamientos de Chávez, Cuevas, Urbano, Huelga, Muñoz, Vinent, Casanova, Cheíto, Linares, por solo citar algunos que llevaron pasión y calidad a los terrenos.

Y ya que hablamos de pasión, uno de los escritores cubanos más exitosos de los últimos años, Leonardo Padura, logró como pocos una conclusión brillante. “Todavía hay algo que nada ni nadie ha podido alterar en la vida de los cubanos: el sueño de un niño que, ahora mismo, en cualquier placer, en una esquina o incluso solitario ante una pared, lanza una pelota y se ve en medio del estadio Latinoamericano. Mientras esa fantasía siga persiguiéndonos no hay que preocuparse por lo esencial: seguimos siendo cubanos y la pelota es todavía el primer sueño que, sin saber muy bien por qué razón, la mayoría de los cubanos acaricia en la novela que cada uno escribe con su vida”.

Acerca del autor

Máster en Ciencias de la Comunicación. Subdirector Editorial del Periódico Trabajadores desde el 2019. Editor-jefe de la Redacción Deportiva desde 2007. Ha participado en coberturas periodísticas de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Intercontinental de Béisbol, Clásico Mundial de Béisbol, Campeonatos Mundiales de Judo, entre otras. Profesor del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba.

Un comentario en Series Nacionales de Béisbol: la historia bien contada

  1. Exclente recuento; nada extraño en el sabio oficio del cronista. Todo en contexto. Para no pocos información, y para muchos volver a vivir multiple y grandes emociones incitos o a través de las señales y testimonio de los medios dentro del terruño y allende los mares, ecos que se extrañan; pero que con trabajo y enteresa volverán, sobre todo uniendo voluntades en pos de potenciar hasta donde se puedan las minimas condiciones que sumen al propósito de fertilizar la práctica masiva de la disciplina. En este como en otros sempeños Vale un viaje
    a la raíz. Felicitaciones.

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