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Nuevo juego y no es el del Calamar

Un juego peligroso se practica por varios actores internacionales hace ya un tiempo, y su final no sera un premio en metálico para quien sobreviviva, si no todo lo contrario.

Ante todo porque quienes juegan se pueden clasificar como victimarios y victimas. No se trata de personas, si no de gobiernos, que en su osadía arrastran a sus ciudadanos a un escenario bélico.

No es nuevo, pero durante la pandemia se ha vuelto realmente preocupante.

Por una parte quienes conducen el jueguito y por otra, naciones que se ven amenazadas y alertan que su práctica podría llevar a una enfrentamiento bélico entre naciones que poseen armamento nuclear.

El premio realmente no existe, aunque quizás quienes lo organizan consideren que de ser ganadores la humanidad tendría que aceptar su mundo, caracterizado por las desigualdades.

Mientras se lleva a cabo, la mayoría de la población del planeta esta ajena del peligro. Cierto que la gran prensa reporta acciones desestabilizadoras en diferentes regiones, pero con la maligna intención de desinformar a los incautos.

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La embajada rusa en Washington pidió al gobierno de ese país, a principio de año,  que detenga el «ruido de sables» en el Mar Negro luego del ejercicio de dos destructores de misiles guiados de los Estados Unidos, dos fragatas de la Armada turca y aeronaves.

«El aumento de la agrupación de la OTAN en el mar Negro supone jugar con fuego y es un intento de poner a la prueba la resistencia de Rusia», advirtió el 11 de este mes  el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Riabkov.

El vicecanciller recordó que, por su parte, Rusia lleva a cabo acciones de entrenamiento militar «en su propio territorio», mientras que los buques estadounidenses se alejan «a miles de millas de sus bases».

«¿Y qué están haciendo en el mar Negro?», se preguntó. A su juicio, la explicación sobre el «mantenimiento de la libertad de navegación no funciona» en este caso.

Recientemente el vicecanciller ruso, Serguei Serguéi Riabkov, precisó que estamos listos para repelerlos, pero, desafortunadamente, los colegas del otro lado están descuidando algunas cosas obvias y la lógica, sugiere que los riesgos de colisión están creciendo», .

También este mes el portavoz de la Cancillería china, Wang Wenbin, declaró que la reciente visita a Taiwán de una delegación estadounidense es una «actuación torpe».

La misma forma parte de un conjunto de «acciones arriesgadas y provocadoras» que están «condenadas a terminar en un fracaso». Para concluir: «unirse a las fuerzas de la ‘independencia de Taiwán’ para jugar con fuego solo hará que se quemen a sí mismos».

Lo hipotético puede ser realidad

Por suerte, aunque al parecer no le brindan mucha atención, hay científicos que estudian las consecuencias de una hipotética guerra nuclear.

Ante todo señalan que las enormes columnas de humo que generaría alterarían el clima mundial y devastarían la capa de ozono y ponen en peligro la salud humana y el suministro de alimentos, concluyó el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de EE.UU.

Se aplicaron dos posibles escenarios, el primero de una guerra nuclear a escala regional entre la India y Pakistán y un segundo a escala global entre EE.UU. y Rusia. En el primer caso, se generarían 5 megatones de humo, mientras que el otro produciría 150 megatones.

«Además de todas las muertes que ocurrirían casi inmediatamente los efectos climáticos y las secuelas de los rayos ultravioletas serían generalizados», dijo Charles Bardeen, a la revista Journal of Geophysical Research: Atmospheres.

Los efectos no serían locales de donde ocurriera el conflicto, sino que afectarían a todo el mundo, agregó.

El final de este juego no será tan sencillo y polémico como el del Calamar, sino que constituiría uno de los mayores crímenes a la humanidad.

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