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Con Filo: Cultura de paz (+ Video)

Por paradójico que pudiera parecerle a alguien, aun cuando celebremos su día en la fecha de la primera interpretación del Himno Nacional, el mismo que fuera inspiración para las guerras por nuestra independencia, la cultura cubana es esencialmente una cultura de paz.

 

Ilustración: Alfredo Martirena

 

El hecho de que la historia de nuestra nación nos obligara desde sus orígenes a luchar por la soberanía, frente a la dominación de sendos poderes imperiales, no quita esa vocación pacífica, de profundos deseos de entendimiento, prosperidad y amor, a lo largo de todas las épocas.

Porque no fue hasta el triunfo revolucionario de 1959 que nuestro país pudo comenzar a construir, en medio de la hostilidad de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, las garantías sociales para el afianzamiento de esa cultura de paz, sobre la base de principios como la solidaridad, el patriotismo y el internacionalismo.

Por eso son tan ajenos a nuestra cultura los intentos por enfrentarnos, boicotear la tranquilidad que tanto sacrificio costó a generaciones sucesivas de cubanas y cubanos, o alentar divisiones que sirvan de pretexto para agresiones externas.

La paz y la unidad pueden y tienen que nacer del diálogo, la crítica, el empeño por el bien común desde las más diversas perspectivas. Pero nunca desde el entreguismo ni el mercenarismo, o los intereses personales y de clase camuflados de una falsa vocación democrática.

No son pocos ni tan lejanos los ejemplos de otros procesos sociales progresistas, y hasta revoluciones en el poder, que sufrieron dolorosos retrocesos, con un alto costo social de sufrimiento y muerte, por caer en la trampa de coquetear con las armas melladas, y mal intencionadas, del capitalismo y sus representantes directos o indirectos.

La cultura de paz que defiende la Revolución cubana parte también del respeto a la legalidad que nos hemos dado,  la cual cuenta con los mecanismos de participación que aseguran a la vez, el perfeccionamiento y la continuidad del socialismo como sistema social más justo y verdaderamente democrático.

Todo muy perfectible y siempre sujeto al mejoramiento a través de la construcción colectiva, pero sin concesiones ante las políticas de odio y encono que pretenden provocarnos, desunirnos y destruirnos.

Es imposible creer, y mucho menos seguir, a los falsos y volátiles profetas de un supuesto cambio de régimen en nuestro país, que cínicamente ignoran las verdaderas causas de los principales problemas que hoy tenemos.

Se nota demasiado a qué poderes sirven quienes restan importancia al bloqueo que sanciona a Cuba y al mundo, o hasta niegan y alientan su existencia. La cultura de paz que celebramos tampoco es tonta ni ingenua, como para ofrecerse en sacrificio ante los hacedores de la violencia y la guerra, que abogan por intervenciones, venganzas y ajustes de cuenta.

Aunque pudiera parecer paradójico, reitero, tampoco nadie debe olvidar que es la primera interpretación del Himno Nacional que nos inspiró en nuestras luchas independentistas, lo que celebramos cada Día de la Cultura Cubana, una cultura —sí— esencialmente de paz, que queremos y vamos a defender siempre.

 

 

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