Amor, campo y frutos

Amor, campo y frutos

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Pinar del Río.— La finca Los Ramos está en­clavada en la demarcación del Consejo Popular Punta La Sierra, localidad donde el paisaje hace gala de su belleza, y sitio en el que la Empresa de Acopio y Beneficio de Tabaco de Guane fomenta un polo productivo que tributa al autoabasteci­miento territorial.

Jorge Luis y Yolanda comparten la vida y el cuidado de la finca, ese amor sirve de sustento a muchos otros. Foto: Pedro Paredes Hernández
Jorge Luis y Yolanda comparten la vida y el cuidado de la finca, ese amor sirve de sustento a muchos otros. Foto: Pedro Paredes Hernández

De chofer a campesino

“Esta tierra la cogí hace tres años, pero no esta­ba así”, dice Jorge Luis Ramos y mira alrededor suyo, allí se yerguen tupidos platanales. La fin­ca, de 16 hectáreas (ha), tiene 15 ya sembradas y cuenta con nueve precisamente de plátano.

“Yo manejaba una paila de combustible y el viejo me dijo que hacía falta venir para la vega, esto era de mi abuelo y lo atendía el esposo de una tía, que ya no podía; y si bien dudé, vine para acá. Yo me he ampliado, más de la mitad de esto es en usufructo, mi papá falleció hace dos años, pero me quedé”.

El recuerdo del padre hace que le tiemble la voz, y como quien trata de apartar una idea de su mente, empieza a hablar sobre el cuidado de los plátanos frutas de la variedad vietnami­ta que, asegura, es la más resistente y no se le pueden sacar los hijos, sino hacerle un barreno a mitad de tallo.

Explica que ya han pasado tres eventos me­teorológicos por allí y resisten los vientos mu­cho mejor que los FHIA. Y entonces bromea: “El plátano es como una mujer pintá. Si le quitas las hojas secas parece que le has echado abono y se ve muy bonito; y oiga, con pintura todas las mu­jeres son lindas”.

Sobre el potencial productivo de este cultivo manifiesta que todos los meses acopia más de 30 quintales, aunque ha llegado a entregar hasta 50, siempre con destino a los mercados, tanto del municipio, como de la ciudad de Pinar del Río.

Yuca, calabaza y frutabomba son otras plantaciones de la finca, que atienden él y su esposa. “Todos los días ella se va para casa de su mamá que está encamada, la voy a buscar luego del mediodía y de cuatro a seis de la tar­de me ayuda aquí a hacer de todo, la tengo que estar aguantando, porque hasta se sube a la tri­lladora y se puede caer, pero lo hace”.

 

Hija de veguero

Yolanda Carreras nació en una familia de cam­pesinos, eran cinco hermanas. “Yo ayudaba a mi papá, porque él sembraba tabaco y sé hacer de todo en el campo”.

Lleva 34 años casada con Jorge Luis, tienen dos hijas, una de 29 y la otra de 32 años, una vive en Rusia y otra en La Habana, donde tra­baja como bailarina; esta última los convirtió en abuelos.

“A mí me encanta el campo, y a ellas tam­bién, cuando vienen no quieren irse. Esas fru­tas que usted ve ahí no fueron compradas, yo hice el semillero. Yo tengo que ayudar porque él es solo, y cuando cogió esta finca tuvo que limpiarla porque había mucho monte. Somos pobres, pero tenemos nuestras comodidades en la casa”.

 

Amores que trascienden

Confiesan que les gusta ver crecer las plantas, cuidarlas; ese amor por la agricultura, que se ha convertido en proyecto de vida para este matrimonio, gracias a la dedicación y esmero, se transforma en alimentos para otros.

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