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Sergio y Luis Saíz, cubanos dignos de su tiempo

Aquel 13 de agosto de 1957, no dejaron de latir los corazones de los jóvenes revolucionarios Sergio y Luis Saíz Montes de Oca- aunque esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista arrebataran sus vidas- pues perduran en cada cubano digno que como ellos ame a su Patria.

 

Foto: Archivo

Fue en su natal poblado de San Juan y Martínez, en la provincia de Pinar del Río, donde los hermanos aprendieron a querer la libertad de Cuba, pisoteada por gobiernos de turno al servicio de Estados Unidos, y murieron en defensa de sus ideales.

Ese día, hace 64 años, la policía se empeñaba en no permitir ninguna acción de los revolucionarios, teniendo en cuenta que se celebraba el cumpleaños del líder Fidel Castro Ruz, quien suponía un riesgo para los intereses de la dictadura en el poder.

Pero Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, combatientes clandestinos de 18 y 17 años respectivamente, estaban dispuestos a romper esa tranquilidad y “burlar” las órdenes de los altos mandos de los cuerpos represivos.

No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros, constituyen las últimas palabras pronunciadas a su madre Esther antes de salir de casa esa tarde, convencidos de que la jornada no pasaría inadvertida para los esbirros, y cual premonición de un desenlace fatal.

En el entonces cine Martha realizarían una acción de propaganda, y cuando el menor de los hermanos se encontraba frente a la taquilla, un soldado intentó registrarlo violentamente, a lo cual se negó y el militar trató de pegarle. Justo en ese instante Luis acudió a su defensa avanzando y diciéndole al agente que dejara a Sergio, pero en esa tentativa un disparo acabó con su vida.

El más joven había escrito en un poema: «Cuerpos que yacen dormidos/ abrazados al cemento/de una calle y una estrella…», como si anticipara la muerte de ambos.

Sergio desafió al soldado: “Asesino, has matado a mi hermano, hazlo conmigo también”. El represor no vaciló, apretó el gatillo y le atravesó el pecho.

Luis integró el Directorio Revolucionario en La Habana, junto a José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez, y al cierre de la Universidad volvió a San Juan y Martínez y se incorporó al Movimiento 26 de Julio, del que fue nombrado Coordinador Municipal, de acuerdo con fuentes históricas.

Su hermano contaba con una trayectoria similar, iniciada en la Segunda Enseñanza y desde entonces participaba junto a Luis en todas las actividades conspirativas. Era quizás el responsable de Acción y Sabotaje más joven en ese entonces en el país.

 

Las vidas cercenadas no los llevaron al olvido por parte de un pueblo agradecido, ese que a pesar de los años recuerda con orgullo la obra de los Saíz Montes de Oca.

El documento ¿Por qué luchamos? se considera el testamento político de los dos jóvenes sanjuaneros y una de las evidencias más claras de sus convicciones: «(…) No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar y como ofrenda de devoción y desprendimiento las hemos depositado en los brazos de la Revolución Cubana -justa, grande, renovadora, honrada, socialista-, sin más esperanzas que ver cumplidos estos sueños».

Denuncias a la discriminación racial en aquellos tiempos y el señalamiento del rol de la enseñanza en la formación de valores revolucionarios, sobresalen en el pensamiento y acción de ambos; además de la organización de una cátedra martiana en su localidad para impartir Política agraria, Política educacional y Martí y la filosofía, entre otros temas, iniciativa reprimida por la policía.

Miles de habitantes de la mayor de las Antillas actualmente mantienen vivo su legado político y literario; como es el caso de la Asociación Hermanos Saíz que agrupa a la vanguardia artística e intelectual de la nación. (Tomado de ACN)

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