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Cuando los cigarros se (es)fuman

La presencia de cigarros en la red del comercio y la gastronomía en Sancti Spíritus dura los escasos minutos que demora un fumador en reducir un cigarrillo a cenizas.

 

Las máquinas de la fábrica de cigarros de Trinidad funcionan desde 1920. Foto: Yuleiky Obregón

Tensiones productivas, incremento del consumo y acaparamiento (en el comercio ilegal una cajetilla de Popular ronda los 35 pesos y 50 pesos una de Criollos), más la ausencia de las marcas que tradicionalmente se vendían en los establecimientos de Cimex, Caribe, se presumen como causas fundamentales de la escasez.

“Son conjeturas basadas en comparaciones con años anteriores cuando, con similar producción, había existencia en los almacenes”, dijo Oscar Cabrera, especialista de la Unidad Empresarial de Base Comercializadora de Tabaco División Centro- Este.

Un bosquejo desde la raíz hasta las ramas de la cadena productor- comercializador, confirman cifras de producción y ventas similares a la de períodos precedentes, cuando era asunto de llegar, comprar y fumar. En la provincia, al cierre del primer semestre de 2021, se comercializaron 8 209 624 cajetillas, el 98 por ciento del plan.

 

La producción no responde a la demanda

Desde 1920, se fabrican cigarrillos en Trinidad. Las mismas máquinas alemanas que impresionaban por su alta tecnología y amplia capacidad productiva a inicios del siglo XX, continúan su accionar en el XXI.

 

La fábrica trinitaria mantiene estabilidad productiva. Foto: Yuleiky Obregón

 

Deisy Hernández Consuegra directora de la Empresa de Cigarros Juan D. Matas Reyes enclavada en la ciudad Museo del Caribe, habla con orgullo del colectivo que dirige. Ese que mantiene producciones estables y le “saca el zumo” a una industria con más de 100 años de explotación.

“La última modificación se realizó en los años 70. En el mundo no se fabrican las máquinas que tenemos aquí, por tanto no existen piezas de repuesto. El 80 por ciento de la tecnología está innovada”, apuntó Iliana Castillo Jiménez, directora de tecnología y desarrollo.

En casi 40 años de labor como mecánico allí, Osvaldo Boe Rodríguez, ha sido testigo o partícipe de casi un centenar de innovaciones y más de 3 000 soluciones, porque “lo importante es que la fábrica siga funcionando”, refiere.

La industria trinitaria tiene la tecnología más desfavorecida entre sus homólogas del país, aunque a juicio de los entrevistados, todas se resienten el envejecimiento, la sobreexplotación y el déficit de piezas. De ahí que las producciones respondan a las capacidades instaladas y no a la demanda.

El colectivo trinitario no cree en falta de insumos, apagones, ni fenómenos meteorológicos, sostiene Teresa Gándaras León, secretaria general del buró sindical. “Se procesan cuatro toneladas de hebra por jornada, para obtener 3.7 millones de cigarrillos, que se convierten en casi 10 mil ruedas. Esa producción se cumple porque ante las carencias buscamos alternativas y recuperamos los atrasos”, comenta quien habla por más de 130 trabajadores.

De tal compromiso laboral dan fe Omar González e Irene Vázquez Sorí, quienes desde hace casi cuatro décadas laboran en la Juan Matas Reyes. Empeñan su palabra por un colectivo con tradición de cumplir “sea como sea, haya recurso o no haya. Días festivos, o feriados”, atestigua Omar. “Aquí hay arraigo y espíritu de trabajo”, refrenda Irene.

“En ocasiones se ha laborado en correspondencia a un plan operativo para aumentar las coberturas y lograr mayor disponibilidad, porque se ha disparado el consumo. Aun así, no se satisface la demanda”, argumenta Leovany Toledo Mendoza, director adjunto de la entidad.

Tal laboriosidad y esfuerzo no compensan un vicio que crece. La comercialización del producto responde a un balance nacional y en ella interviene una extensa cadena, que debe atar muchos cabos, para que cada cigarro llegue al consumidor sin el estrés de la escasez o el oportunismo de los revendedores.

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