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Quisicuaba: Luz y amor (+ Fotos)

En pleno corazón de Centro Habana, donde la rumba y el tambor se entrelazan con las historias coloniales de mulatos y negros libertos, hoy Quisicuaba coloca a los seres humanos en el centro de su razón de ser.

 

Dr.C Enrique Alemán Gutiérrez líder de Quisicuaba y también de la Institución Religiosa Espiritista Kardeciana Cruzada. Foto: Agustín Borrego Torres.

 

El Dr.C Enrique Alemán Gutiérrez —su líder y también de la Institución Religiosa Espiritista Kardeciana Cruzada— heredó de su familia no sólo la casa que hoy se erige como Museo con todas las piezas que allí se exponen, sino la vocación humanista y solidaria de hacer el bien por y para los demás.

“Luz y amor”, la frase que los une e identifica, trasciende entonces lo espiritual y se deriva en un conjunto de acciones dirigidas a los más vulnerables de la sociedad. Es ahí, quizás, donde radica la mayor virtud y también el orgullo de Quisicuaba.

“Hemos acompañado la obra de la Revolución, de ahí nuestro esfuerzo por ayudar a los demás, sobre todo a los adultos de la tercera edad, las madres solteras, los habitantes de calle, los hombres y las mujeres con VIH. De la puerta para afuera nos identifican como un proyecto, pero aquí dentro nuestra esencia es la práctica del bien y el amor al prójimo”, apuntó Alemán.

La comunidad forma parte de este quehacer de Quisicuaba —continuó—, son sus miembros, contrapartes y filiales, las que llevan adelante las obras sociales, ya sea la institución religiosa o su proyección comunitaria afrontan las mismas dificultades que cualquier ciudadano cubano, debido al acérrimo bloqueo que nos acecha. “Tenemos limitaciones, pero tratamos de multiplicar los panes y los peces como nos enseñó Fidel,  hacer mucho con poco”.

 

Raíces

Quisicuba debe su nombre a la etnia Kissis, que llegó del África Subsahariana, de la cuenca sur de Angola. Eran negros libertos asentados en las proximidades de San Cristóbal de La Habana. Ellos construyeron sus viviendas con una madera dura del árbol Cuaba, y así llegan a ser conocidos como los negros de los cuabales: los negros Quisicuaba. De esta forma nació el nombre de lo que hoy se conoce como Los Sitios de La Habana.

La casa de la calle Maloja número 22 se construyó a principio del siglo XIX; pero no fue hasta los años 90 del finales del pasado siglo que el doctor Enrique Alemán redimensiona la histórica labor comunitaria al servicio de la sociedad.

Posteriormente el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural declaró este inmueble como Museo siendo el único de su tipo enrutado en la Sociomuseologia y en la conservación de la memoria histórica.

 

Lien Lucía García Miranda, directora del museo y vicepresidenta de la institución religiosa. Foto: Agustín Borrego Torres.

 

Lien Lucía García Miranda, su directora y, al mismo tiempo, vicepresidenta de la institución religiosa, narró la historia rememorando con amor a sus antepasados. Se detuvo con delicadeza en cada pieza, obra e imagen, resguardadas con celo hasta nuestros días.

La vivienda se mantiene —señaló— tal y como era de la familia. Dentro de la línea de trabajo de la sociomuseología se encuentran las colecciones de artes decorativas, como es el caso de las Mayólicas, pero también conservamos elementos de la memoria histórica de la nación para enriquecer el conocimiento de las futuras generaciones.

Trabajamos para salvaguardar todo lo que resulte importante desde el punto de vista histórico y patrimonial —subrayó Lien—, desde la diversidad cultural y las tradiciones de la localidad. Hoy es un privilegio mostrar una casa colonial tal y como fue concebida.

Gracias al aporte de la familia Alemán Gutiérrez, en la actualidad en una habitación del inmueble se conservan valiosos objetos históricos: la mascarilla mortuoria y lentes (espejuelos) del líder del Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás, así como el acta original de inscripción del joven Fidel Castro Ruz a esa formación política.

Vale mencionar también que la institución tuvo un destacado trabajo en la lucha por la libertad y regreso de nuestros Cinco Héroes antiterroristas.

 

 

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 La comunidad: fuerza e inspiración

Gisela Braña Fernández se traslada todos los días desde el municipio capitalino del Cerro, donde reside, hasta Centro Habana, “no importa que esté lloviendo, haga frío, sea día feriado o de las madres”. Ese trayecto lo realiza desde hace más de veinte años, entregada a la obra social que ha visto crecer de manera paulatina.

 

Gisela Braña Fernández, directora de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales. Foto: Agustín Borrego Torres.

 

La directora de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales resaltó que Quisicuaba es una escuela, donde se aplica lo aprendido durante la vida. “Aquí los problemas de los demás se colocan por encima de los propios, y en el ejemplo personal de Enrique Alemán encontramos al líder comunitario, al diputado, al militante del Partido, al  patriota, al Doctor en Ciencias Antropológicas, al Coordinador de la Plataforma para el Diálogo Interreligioso en Cuba”.

Y añadió: “A diario aprendemos de quienes nos acompañan, de los que se han reinsertado a la sociedad, y ello nos ha permitido crecer como seres humanos, prepararnos para enfrentar la vida, y aportar un granito de arena a la obra de la Revolución”.

Con más de 20 años vinculada a la institución religiosa, Gisela explicó que ha visto nacer y desarrollarse el proyecto sociocultural. “Los inicios fueron de una familia deseosa de mejorar el entorno de su comunidad y la calidad de vida de las personas que la habitaban.

“Comenzamos agrupando a jóvenes ex reclusos, que estaban desvinculad, quienes contaban con algunas destrezas para las artes plásticas y la artesanía en sentido general. Estos jóvenes se agruparon en un taller donde trabajaban, el objetivo era desarrollar algunas habilidades relacionadas con la artesanía y las artes plásticas, empleando fundamentalmente materiales de desechos, para de esta forma consolidar un crecimiento humano.

 

En el museo. El doctor Alemán al centro, junto a integrantes de la junta directiva de Quisicuaba y de la institución religiosa. Foto: Agustín Borrego Torres.

 

“Se dieron pasos que coadyuvaron a la reinserción social. Al mismo tiempo se promovió la entrega de ayuda alimentaria —lo cual se mantiene—, sobre todo tan necesaria en épocas de huracanes y situaciones como la que nos plantea en el presente la pandemia.

“Esta labor comunitaria resultó exitosa —aseveró—, a tal punto que muchas de esas personas, ahora ya no tan jóvenes, comenzaron a transformar sus conductas. Actualmente forman parte de nuestro proyecto y trasmiten sus experiencias en los talleres.

“Empezamos tocando puertas, sensibilizando corazones y poco después comprendimos la necesidad de crear puentes intersectoriales que nos permitieran diseñar las acciones. No era posible realizar una labor de tal magnitud sin establecer vínculos con las direcciones municipales de Educación, de Salud Pública, de Cultura; con el Poder Popular y las organizaciones políticas y de masas de la localidad.

“El trabajo comunitario es de todos los días, no admite descanso. Es agotador, pero hermoso. Siempre tuvimos claro que el proyecto Quisicuaba concebía a los seres humanos como entes transformadores de su propia realidad, protagonistas de los cambios.

“De esta forma la propia comunidad promovió el mejoramiento de la limpieza, la disciplina en las actividades, y contribuyó a cambiar formas y estilos de vida inadecuados.

Foto: Agustín Borrego Torres.

“A través de los vínculos con la Federación de Mujeres Cubanas se buscaron fuentes de empleo para madres solteras o muchachas que estaban desvinculadas del estudio y el trabajo. Hoy nos enorgullece decir que Quisicuaba es un proyecto de referencia nacional e internacional, atendido de manera metodológica por el Consejo Nacional del Sistema de Casas de Cultura”.

 

 Nacer para servir

Para el doctor Alemán, quien también preside la Federación de Espiritistas, Quisicuaba es parte esencial de su vida, pero lo son también la casa donde vivieron sus ancestros, la religión que profesa, la comunidad, y sus responsabilidades como Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), de lo cual se siente orgulloso. Todo en él es una simbiosis y sería muy difícil abordar un aspecto sin destacar el otro.

“El compromiso con la Patria —enfatizó—, tanto a nivel comunitario como nacional, nos ha servido mucho para atender más a la población, ayudar a las comunidades, y desarrollar la gestión de gobierno en cada instancia de mi territorio.

“Uno de los retos más importantes es seguir llegando y ayudando a más personas. Los religiosos, sobre todo, debemos tener bien claro que nacimos para servir y entregar la vida al sacrificio. De la familia recibimos el sentimiento de amor a la Patria en su máxima expresión; también una creencia, una filosofía para actuar en la vida con todos y por el bien de todos.”

 

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