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Un swing, un sueño y el adiós olímpico

Todos los análisis, todas las críticas; toda la preparación realizada, todos los cambios posibles; todos los sueños olímpicos hacia Tokio y todos los aplausos terminaron en los primeros minutos del 2 de junio con el swing de Lisbán Correa ante la recta mortífera del cerrador canadiense John Berton Axford.

De nada vale decir que perdimos por la mínima dos veces y con el mismo marcador (6-5) si lo trascendente en el deporte es la victoria, pues esfuerzo, ganas, talento, empuje, garra, valentía y todas las calificaciones más extendidas son las mismas para ganadores que perdedores. Quizás la afición esperó lo que tantas veces nos levantó por años en torneos mundiales, panamericanos o clásicos: un batazo, un jonrón decisivo, un país estremecido de felicidad por el béisbol.

Comenzar a deshojar las posibles causas del adiós precipitado a la cita de los cinco aros de las bolas y los strikes (en que solo Japón y nosotros habíamos estado en las cinco anteriores), serían dar razones muy similares a lo argumentado cuando el Clásico Mundial del 2017, los Juegos Centroamericanos y del Caribe del 2018 o los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

Solo una diferencia parece florecer ahora. Recuperamos el equipo que no se da por vencido hasta el final, capaz de remontar marcadores hasta pegarse en la pizarra, con jugadores inspiración (Roel Santos, Yadil Mujica, el propio Lisbán con su cuadrangular de emergente ante Venezuela o Yariel Rodríguez desde el box ante Canadá) y una gran carga de vergüenza ante la derrota.

Armamos ahora un conjunto con lo mejor que tenemos en contratos profesionales en Japón (faltaron solo por lesión Yurisbel Gracial y Ariel Martínez); sumamos otros con experiencia en ligas profesionales de alto rango (Arruebaruena, Drake y Mujica) y completamos la nómina con lo más sobresaliente de nuestra Serie Nacional. Y ni así pudimos regresar con el objetivo cumplido.

¿Qué pudieron ser convocados otros jugadores? Puede ser. ¿Qué no se manejaron bien los emergentes en este partido contra Canadá: se deja batear a Dayán García y luego se sustituye al mejor bateador del partido (Cepeda por Mujica)? Puede ser. ¿Qué el pitcheo abridor falló las dos veces con un racimo costoso de tres carreras en el mismo primer inning? Puede ser. ¿Qué hubo impaciencia en la caja de bateo y muchos le fueron al primer y segundo lanzamiento sin sentido? Puede ser.

Cada uno tendrá su versión con más o menos detalles, con ejemplos puntuales y hasta con miles de interrogantes. ¿Se corrieron bien las bases, se hicieron las suficientes jugadas de corrido y bateo, se dejaron más del tiempo necesario algunos lanzadores…? Sin embargo, desde cualquier ángulo que se mire la respuesta certera y honesta será: este es nivel del béisbol cubano que tenemos hoy, con lagunas y veteranos, con mucha revolución por hacer todavía, y por supuesto, con muchas deudas de premios para nuestro pueblo.

Siempre se supo que el preolímpico de las Américas era una montaña tal alta como el Himalaya para un equipo Cuba cargado de tensiones competitivas y extradeportivas, desde una fuga precipitada del camarero titular de la selección hasta los insultos, gritos, carteles y canciones que soportaron en cada pleito, algo que ni Colombia enfrentó, a pesar de tener la situación política y social más compleja hoy del continente con protestas y muertos en las calles hace más de un mes.

Queda precisamente un encuentro contra los cafeteros y aunque es el partido más atravesado a partir de que ambos elencos ya están eliminados de la segunda fase, habrá que jugarlo y volver a salir por la sonrisa. Eso es ética y respeto al contrario y a la actividad física en el alto rendimiento.

Si algún aplauso pudiera pedir este comentario es para la vergüenza y entrega de nuestros peloteros. Defender hoy esas cuatro letras en un uniforme constituye un honor que muchos quisieran asumir y pocos lo logran. No hubo apatías ni rendiciones adelantadas. Nuestra calidad es esa. No somos ya los invencibles en el béisbol que fuimos hasta la década de los 90 del siglo pasado. Causas hay miles, soluciones otras tantas. Imbricar a ambas y dar el salto nos está costando ya más de seis años sin título internacional, pues la corona de la Serie del Caribe del 2015 es la vitrina dorada más cercana.

Quedar fuera de los Juegos Olímpicos por vez primera en nuestra pasión nacional se veía venir, aunque a lo lejos existían optimistas y soñadores. El dolor va por dentro. La tristeza en el pueblo está. El trabajo por delante es inmenso. Y ojalá el último swing de Correa ante Canadá sea solo eso, el último, el del adiós, y también el del renacer.

 

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