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Chile dijo ¡Basta! y echó a andar

Las miradas de Latinoamérica y el Caribe se centraron sin dudas durante el fin de semana, en las jornadas electorales que iniciaron el sábado en Chile, tras lo cual al cierre de este domingo y con el 84.03 por ciento de los votos escrutados que representaban 38 726 mesas electorales, de  las 46 087 establecidas para la integración de la Constituyente, el llamado oficialismo había sido derrotado al alcanzar solo 38 escaños mientras que, tanto los partidos Independientes y los de la Izquierda o el progresismo habían alcanzado 49 puestos cada uno.

Foto: celab.org

Tras un proceso electoral que se había aplazado debido a la pandemia, que tuvo lugar bajo estrictos protocolos sanitarios y que, en su primera jornada sabatina solo poco más del  20 por ciento de los previstos a votar lo habían hecho, además de la complejidad de que existiesen más de 16 mil candidatos distribuidos en más de 100 listas, se confirma la complejidad de estas elecciones y a la vez, su trascendencia.

Previo a este fin de semana, encuestadoras locales señalaban que uno de cada tres chilenos considera que el proceso constituyente traerá cambios positivos para el futuro del país, aunque la falta de unidad y concertación para avanzar entre los representantes de los partidos de oposición y de izquierda, avizoraban que solo con mucha voluntad y con un interés profundo por que se entierre definitivamente la Constitución pinochetista de los años 80– tal como lo demostraron durante el Referendo de octubre de 2020 – podría llegarse a un resultado positivo a favor del llamado progresismo.

Tras reconocer su derrota, el presidente Sebastián Piñera dijo que debe escucharse con humildad y atención el mensaje de la gente y hacerse lo que sea necesario para interpretar y responder mejor a las necesidades de los chilenos, pues estas jornadas electorales exigen una amplia reflexión, a la vez que se regocijó por lo que nombró, un ejemplo de “elecciones libres, pacíficas y participativas”.

Piñera señaló que los Constituyentes elegidos tendrán la enorme responsabilidad y el desafío de elaborar la Constitución que deberá ser refrendada por toda la ciudadanía y que esta es una forma de reencontrarse, sanar el alma de la nación y reconstruir el país en un marco de responsabilidad y proyección hacia el futuro, con voluntad y esperanza.

Reconoció que la nación suramericana tiene muchos problemas por resolver y desafíos por enfrentar para llegar a ser más justa, inclusiva, libre, desarrollada, en armonía con el medio ambiente, y que los nuevos Constituyentes deben generar un diálogo profundo y bien intencionado, tras lo cual se comprometió a garantizar la adecuada instalación de la Convención y la realización de las próximas elecciones presidenciales en noviembre próximo.

En las primeras horas de este lunes, medios locales afirmaban que las fuerzas independientes y de izquierda no solo habían ganado la mayoría de los escaños de la Constituyente, sino también en las Gobernaciones y alcaldías, confirmándose a viva voz la voluntad por un cambio profundo y urgente  por el que ha luchado el pueblo chileno, tras la imposición de años de neoliberalismo que solo le han traído aumento de los niveles de pobreza, desigualdad, falta de libertad y violación de los derechos humanos, represión y persecución.

 

Foto: celab.org

 

Estos resultados definirán también cómo quedará redactada la Constitución, es decir, la profundidad o no de las transformaciones con equidad e inclusión, pues para aprobar cada artículo se deberá contar al menos con la aprobación de dos tercios de los miembros de la Constituyente. La posibilidad de crear una Carta Magna con paridad de género y que se hayan incorporado a quienes la redactarán, diez pueblos originarios reconocidos por el Estado – entre ellos los mapuches, aimaras, quechuas y diaguitas – quienes ocuparán 17 de los 155 escaños, resaltan también entre los logros de la lucha popular chilena de los últimos años.

A pesar de la poca presencia de los movimientos sociales entre los miembros de la Convención, voces sindicales, lideres regionales y de las más diversas organizaciones chilenas consideran que esta ha sido una victoria popular, que marca un antes y un después en la historia de ese país, un triunfo de los sectores que buscan transformaciones reales y es un adelanto de lo que ocurrirá en las presidenciales de noviembre.

La Asamblea Constituyente tendrá entonces unos nueve meses para presentar un nuevo texto constitucional que, a mediados de 2022, los chilenos deberán someter a un plebiscito que esperemos, marque definitivamente un golpe al neoliberalismo imperial que tanto ha hecho sufrir a los pueblos de Nuestra América. Lo que sí está claro ya, es que Chile dijo “!Basta!” y echó a andar.

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