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Daniela, raqueta al aire… ping pong olímpico

Daniela Fonseca nació exactamente 84 días después que mi hija más pequeña. Cumplirá 19 años el venidero 24 de julio. Jamás la he visto jugar un partido completo de lo que en mi época siempre fue ping pong y la convención deportiva le puso tenis de mesa. Tampoco he intercambiado con ella ni una palabra. Es pequeña, camina despacio y guarda emociones tan fuertes como sus remates.

El gesto de Daniela tras ganar el cupo. Foto: tomada del video de internet del evento.

Sin embargo, este viernes quise abrazarla, felicitarla y hasta cargarla, cuando la vi tirar su raqueta al aire después del último punto frente a otra matancera, nacionalizada mexicana Yadira Silva. Era un gesto de contención y felicidad, un gesto olímpico. De esos que pasarán largo tiempo en volver a disfrutar de forma tan espectacular: siete sets y definición final 12-10.

Salió caminando despacio y por más lágrimas contenidas, no la vi llorar en el video que circula por Internet. Era bravura y entereza, gallardía y placer. Había conseguido lo que muchos anhelan y no consiguen nunca, el más certero regalo para su cumpleaños: la clasificación a los Juegos Olímpicos, que empezarán el próximo 23 de julio en Tokío.

Impecable durante el evento. Foto: ITTF

A Daniela apenas la he visto de lejos. En los Juegos Panamericanos de Lima 2019 alentaba a sus compañeros desde las gradas después de perder en la ronda de 16. Meses antes había sido noticia cuando ganó el campeonato del Caribe en Georgetown, Guyana, en la categoría sub-21 y en la de mayores. No había cumplido 16 años.

Esta muchacha parece destinada a grandes emociones, punto a punto, remate y defensa, reflejos supersónicos. La mesa de 274 centímetros de largo por 152,5 de ancho es su campo de batalla y su cojín más placentero. Voló 60 horas para jugar en Rosario, Argentina, y ni siquiera el ajetreo y el cuidado por la pandemia la hicieron resbalar en su idea fija, o mejor, en esa capacidad de sorprender a todos. A todos.

Nacida en Perico, Daniela recuperó así la presencia de la mujer cubana en el ping pong olímpico, tras la última presentación de dos estelares como Maricel Ramírez y Leticia Suárez en Sídney 2000. Y cuando los entrenadores y su compañero de batería Jorge Moisés Campos saltaban las vallas para hundirla de cariño por el acariciado cupo, ella alcanzó a saludar a Silva con una frase en su mirada: “hoy fui mejor, pero todo queda en suelo yumurino”, pues su rival dio sus primeros gritos en Unión de Reyes antes de ser tres veces olímpica, subtitular centroamericana, entre otros lauros.

Reitero que la inspiración de estas líneas llegó cuando vi la raqueta de Daniela por el aire tras el punto 12 del séptimo set. Tras la premiación y antes de irse para el hotel, otro buen fotógrafo ayudó un poco más al cronista. Nos regaló a la joven sentada con sus manos en la cara en la clásica pose de “esto es increíble”. Jugar ping pong no es cosa solo de los reyes y reinas asiáticos. Desde hoy en América hay que reverenciar a una cubana. Al menos hasta que la raqueta olímpica vuelva a volar.

Daniela con sus manos en el rostro. Foto: ITTF

Posdata:

Como si dejara más apretado el pecho para otra actuación, este sábado Daniela se unió a Jorge Moisés Campos en el doble mixto y consiguió la única clasificación a la lid de los cinco aros de esa especialidad. Su zurda poderosa hizo estragos en este Clasificatorio Latinoamericano.

Dupla brasileña favorita a primera hora, pareja mexicana en semifinales y un binomio chileno en la final probaron la derrota. Esta vez no lanzó la raqueta al aire. Cortó el aire con un abrazo a Moisés. Y luego volvió a sentarse con las manos en el rostro. Tranquila, pero acompañada por miles de cubanos que le agradecemos este trozo de felicidad.

Daniela y Jorge Moisés Campos. Foto: del evento
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