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Blanquito: un gran caricaturista popular

También llamado Blanquito por sus colegas y amigos, el prestigioso caricaturista Francisco Blanco Ávila, nacido en La Habana en 1930, dejó una profusa página de valiosos servicios en la gráfica y el humor, avalada por más de medio centenar de premios nacionales e internacionales, entre estos el de Periodismo José Martí 2018. Fue director de Palante durante 15 años (1970-1985) y miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS).

 

Foto: tomada de Bohemia

 

Graduado en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling (1958), Blanco publicó su primer dibujo en la revista Fotos, en 1948. Luego se desempeñó como caricaturista editorial del periódico El Mundo (1960), y dibujante de la agencia de noticias Prensa Latina (1959), también fue fundador del semanario Palante y Palante, que dirigió durante más de 15 años.

Sus creaciones gráfica, alcanzaron gran resonancia entre los lectores cubanos que aún recuerdan sus series con intención  didáctica Matilda y sus amigos, Pol Brix contra el ladrón invisible, Los siete samuráis del 70, Trucutuerca y Trescabitos, Garabatos deportivos, Grandes aventuras del mar (revista Mary Pesca), Pase usted al campismo, Pitifeo y sus amigos y Ay, vecino, mantenida desde el año 1967 en Palante . También fue fundador y editor de las revistas de historietas Cómicos, LPV, Pablo, La Calle y Mi Barrio. Entre sus libros más solicitados se encuentran Pequeño mataburros humorístico ilustrado, El Caballero de París, la leyenda que camina,  K-milo 100 fuegos, criollo como las palmas, Bolívar en Martí y 5 años, 5 meses y 5 días. Los tres últimos a cuatro manos con su hijo.

En su amplísimo currículo sobresalen cerca de 30 exposiciones personales, 22 libros, infinidad de diseños gráficos, dibujos e ilustraciones en disimiles publicaciones y por lo menos 40 premios en concursos, salones y bienales nacionales e internacionales.

También acreedor de la Distinción por la Cultura Nacional, en la década del 80, recreó la imagen de Martí, cuyo rostro concibió con letras que componen un fragmento de la carta inconclusa del Héroe Nacional, en vísperas de su muerte, donde revela claramente los propósitos patrióticos y antimperialistas de su lucha. Esta caricatura de notable valor por la manera sencilla y directa de comunicar una idea y por el impacto de su contenido revolucionario, apareció por primera vez como portada de Palante.

Aunque estudió periodismo, oficio que de alguna manera desempeñó sobre todo en la argumentación textual de sus dibujos, Blanco trascendió más por ser un caricaturista popular. Sus obras, desde que comenzó a realizarlas hacia finales del año 1948 del pasado siglo —cuando aún era un joven que laboraba como linotipista— se caracterizan por captar esencias del mundo que le rodea, expresadas con líneas precisas y limpias que tienen que ver más con la figuración minimal en su sentido más general, ya  que son narraciones de corte humorístico despojadas de “elementos” sobrantes.

Sus trabajos se destacan asimismo por el uso de colores expresivos, que apuntalan los discursos gráficos para establecer inmediata comunicación con el observador. En tal sentido sobresalen su infinidad de caricaturas en blanco y negro sobre personalidades de la cultura, la política, el deporte, la salud… en las que resaltan rasgos identitarios como los labios, la nariz, los ojos, la barbilla, el pelo…, y en ocasiones con poses muy personales que él convirtió en clichés. Fue un maestro de este arte que estableció cátedra no solo dentro de la caricatura periodística sino también en las artes visuales de Cuba e Iberoamérica.

Buena parte de esos trabajos pueden disfrutarse en su visitado blog en internet al cual le adjudicó como nombre el de una de sus más conocidas series: ¡Ay, Vecino!,  en el blog de igual nombre, donde se reúnen más de 700 posts.

 

 

Blanco fue un narrador y cronista por excelencia de la vida insular, de sus gentes, de sus éxitos, adversidades y problemas —sociales y domésticos—. De ahí que su producción iconográfica sea esencialmente humanística, en tanto comprometida con su pueblo y con el proceso transformador llevado a cabo en Cuba inmediatamente después del triunfo del Primero de Enero de 1959. “Nosotros (los cubanos) tenemos una cultura que es revolucionaria y radical, es decir, que viene de las raíces. Para mí esa es nuestra principal fortaleza. Cuando un cubano dice ‘No’ es ‘No, no y no’”, dijo al colega Yoandry Ávila Guerra, de Cubaperiodistas.

Igualmente colaboró con el periódico Trabajadores, medio en el que publicó caricaturas editoriales y una tira titulada Prudencia, dedicada a la prevención de accidentes laborales. Asimismo,  caricaturas de su autoría también aparecieron regularmente  en Granma, Juventud Rebelde, Tribuna de La Habana, el sitio digital Cubaperiodistas y la revista Prisma… entre otros muchos órganos de prensa.

La partida definitiva de Francisco Pascasio Blanco Ávila, se produce en la víspera de la inauguración de la XXII Bienal internacional de Humor Gráfico, evento que durante sus sesiones evocará la obra y la vida de este sencillo cubano que también integra el selecto salón existente en la Casa de la Prensa (sede de la Upec) donde aparecen las más relevantes figuras del periodismo insular.

 

 

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