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El sirio de las mascarillas (+Video)

Lway Aboradan, empresario Sirio. Foto: Beatriz Farramola Díaz

Lway Aboradan, empresario sirio. Foto: Beatriz Farramola Díaz

El general y presidente de Siria Hafez al-Assad, y el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se admiraban, respetaban y estimaban mutuamente. En el 2013, ya empezada la guerra contra Siria, Fidel recordó que esa nación “es un valiente país árabe, situado en el corazón de más de mil millones de musulmanes, cuyo espíritu de lucha es proverbial, y ha declarado que resistirá hasta el último aliento”.  Foto: Soldado de las Ideas

Cuando Lway Aboradan nació en aquel humilde hogar de Alepo en agosto de 1975, Cuba era ya una palabra cargada de significados para los sirios.

Desde 1971 el general Hafez al-Assad, amigo personal de Fidel Castro Ruz, alcanzó la presidencia encabezando una coalición de partidos políticos (Frente Nacional Progresista) lidereados por el Partido Baaz Árabe Socialista de Siria. Ellos impulsaron una nueva Constitución que reforzó la vocación laica del país y la definió como “una República socialista, democrática y popular, no islámica”.

Por esa misma época (1973), militares cubanos llegaron hasta ese milenario corredor cultural del mundo a pedido de Al-Assad, quien buscaba preservar la integridad territorial y soberanía sirias, amenazada desde entonces. Los caribeños no tuvieron que entrar en combate, sirvieron más bien de fuerza disuasoria, aunque el contingente médico de especialistas en Ortopedia y Rehabilitación sí tuvo intensas jornadas con las víctimas de la llamada Guerra de los Seis Días.

El gesto solidario de Cuba sembró en Siria sentimientos de simpatía y hermandad que duran hasta hoy.

En tal contexto, la familia Aboradan aceptó que sus hijos varones cruzaran el mundo hacia la Mayor de las Antillas, a fin de cuentas, la migración les venía por tradición familiar. Primero viajó Mustafá, el hermano mayor, quien se graduó en la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey en la que poco después completó la especialidad de Cirugía. En 1994 llegó Lway, estudió licenciatura en Farmacia y más tarde hizo una maestría en Farmacia Clínica. Fue uno de los cientos de becarios sirios a los que Cuba ofreció formación universitaria.

El humanismo de la gente sencilla compensó la ausencia de la familia numerosa que había quedado atrás. Para el año 2000 el agua del tinajón había hecho su parte y Lway decidió casarse con Ingrid Melendi, aquella médica camagüeyana que tan pacientemente le ayudó a dominar el idioma español cuando ambos recorrían cargados de sueños los predios universitarios.

 

Lway e Ingrid llevan más de 20 años casados. Han constituido una familia pluricultural y tienen tres hijos de 20, 19 y 10 años. En la imagen, Lway e Ingrid durante el montaje de la planta de mascarillas en Cuba. Foto: Beatriz Farramola Díaz

 

Recuerdos

Durante mucho tiempo, Alepo —con más de mil 800 años de historia— fue la segunda urbe más poblada y próspera de Siria. Su Ciudad Vieja había sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986 gracias a la conservación de espectaculares monumentos como la gran mezquita del siglo XII, la ciudadela del siglo XIII y sus madrazas, palacios, caravasares y baños de vapor (hammam) del siglo XVII…

Alepo era una ciudad de bibliotecas, de arte milenario, de mercadeo y negocios. Allí convivían, en santa paz, comunidades musulmanas judías, griegas ortodoxas, armenias… A ese ambiente regresó Lway en el 2009, iba acompañado por Ingrid y los dos hijos que ya tenían. Luego llegaría el tercero.

 

La mayor parte de los tesoros patrimoniales de Siria han sido destruidos por la guerra. En la imagen de la derecha, la Mezquita de los Omeyas en el 2010 y, a la izquierda lo que había en diciembre del 2016. Fotos: REUTERS/Khalil Ashawi

 

Allí estaban cuando en el 2011 se desató el horror. La ciudad y el país quedaron desfigurados por la guerra, sus tesoros fueron reducidos a escombros y millones de pobladores se vieron obligados a escapar. Lway había previsto varias rutas, pero todas parecían cerradas. En el 2012 Cuba le tiende nuevamente la mano.

 

¿Refugiado en Cuba?

Así como el mar arrastra, dispersa y abandona los restos de un naufragio, así han quedado los sirios por el mundo. Según datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el conflicto ha dado lugar a una de las peores crisis de movilidad forzada en décadas: más de 4,8 millones de personan han cruzado fronteras y otros 6,5 millones se han desplazado dentro del propio territorio.

 

Estadísticas de la Acnur afirman que más del 48 % de la población siria vive en el extranjero. La emigración masculina es superior a la femenina y sus principales asentamientos se encuentran en Turquía (45,51 %), Líbano (14,13 %) y Arabia Saudita (9,76 %). En la imagen, familia huyendo de Siria luego de arreciar los bombardeos sobre Alepo. Foto: John Stanmeyer/ National Geographic

 

“De repente mis hijos corrían peligro y yo necesitaba ponerles a salvo, marcharnos era nuestra única opción”, recuerda Lway. “Dejamos todo atrás, lo único imprescindible era esa carpeta donde aún guardo mis documentos y recuerdos de Cuba. En ella están mis postales firmadas por el Comandante en Jefe Fidel, la primera me la regaló cuando nos graduamos en el año 2000 y la otra en la Feria Internacional del Libro de La Habana. También su respuesta a una carta que le enviamos cuando tuvo el accidente en Villa Clara en el 2004; y otros títulos y reconocimientos recibidos por mi labor en Cuba.

La Acnur les ayudó a llegar. Fue un viaje azaroso y largo de Siria a Jordania, Turquía, Holanda, República Dominicana y finalmente La Habana: “En aquel momento inicial de la guerra, los refugiados podíamos pedir que nos asentaran en Alemania, Suiza, en países europeos, pero nosotros preferimos quedarnos donde nunca me he sentido un refugiado, esa palabra perdió sentido para mí desde que llegamos a Cuba. Este país me ha dado todo, aquí estudié, hice una familia, me convertí en empresario…, por eso mi compromiso y gratitud son enormes.”

 

Necesario y oportuno

Lway Aboradan trajo dos líneas de fabricación de mascarillas. Tuvo además que asumir el montaje de la planta pues los técnicos no podían viajar a Cuba debido a la COVID-19. Foto: Beatriz Farramola Díaz

“Viendo las comparecencias del Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en las que explicaba la importancia de sustituir importaciones, concatenar procesos y aumentar las exportaciones; y tomando en cuenta las dificultades potenciadas por las medidas de Donald Trump contra Cuba, y por la COVID-19, se me ocurrió traer una fábrica de mascarillas quirúrgicas y sanitarias. Sería la primera, además de necesaria y oportuna.

“La fabricación de textiles es parte de la herencia patrimonial de mi pueblo, muchos de mis familiares refugiados en Turquía continuaron y modernizaron el negocio con los llamados tejidos no tejidos (TNT). Otros se fueron hasta China y trabajan en la producción de plantas automatizadas como las que se usan para hacer mascarillas, así que solo bastaba enlazar las dos puntas de un mismo lazo familiar.

“Gestionamos el patrocinio del Ministerio de Salud Pública de Cuba (Minsap), y gracias a mi amigo matancero Abel Corzo contactamos al Grupo Empresarial Gardis y a una de sus unidades de base, la Empresa de Producciones Textiles Unimoda, con quien finalmente se pactó la operación. Se armó una gran familia y, a pesar de los muchos contratiempos, ya Cuba tiene su primera fábrica de mascarillas sanitarias de alta calidad”.

 

Bloquéame, no me importa

“Casi todas las empresas que he acometido en mi vida han estado relacionadas con Cuba. Eso me ha obligado a estar constantemente sorteando el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EE. UU. Siria, por otra parte, ha sido ubicada por ellos en el ‘eje del mal’ y también la bloquean. Tenemos un enemigo y una causa común. No queda otra opción que apoyarnos.

“Una de las preocupaciones de aquellos con los que he conversado sobre mi labor es mi futura relación con EE. UU. ‘No te dejarán hacer negocios allí’, me dicen, pero si algo tengo claro es que no me importa. Ese país no está nunca en mis planes.

“Como sirio sé lo que representa EE. UU. para el mundo y como cubano igualmente lo he sufrido. Por eso, cuando mis parientes en China me dijeron que las únicas máquinas de mascarillas disponibles en ese momento era un encargo de allí, sentí un placer inmenso al decirles: ‘De esas sacas dos y mándamelas para acá’.

 

Mascarillas para Cuba

Todo indica que luego de la pandemia por SARS-CoV-2, las mascarillas quedarán en el cotidiano de la gente, ellas protegen de gotículas y aerosoles suspendidos en el aire. Su rendimiento depende en gran medida del ajuste al rostro y capacidad de filtración.

Las referencias acerca de su empleo remiten a 1918, cuando se fabricaban con gruesas capas de gasa. Luego se introdujeron materiales como celulosa, algodón, lino, fibra de vidrio, microfibra polimérica… y llegamos al tejido no tejido (TNT), cuya materia prima principal es el polipropileno que, sometido a chorros de agua a alta presión, conforma textiles de usos específicos. China y Turquía figuran en las listas de los principales fabricantes.

 

Según datos aportados a Lway por el Minsap, cada mascarilla quirúrgica comprada por Cuba en el mercado internacional tiene un costo promedio de 46 centavos de dólar. En cambio, el estimado de las producidas en la nueva planta rondará los 6-7 centavos de dólar. La capacidad instalada en Matanzas permitirá fabricar 160 mascarillas por minuto, esterilizadas y de alta calidad, lo que garantizaría casi 2 millones al mes en jornadas de ocho horas diarias. Foto: Cortesía del entrevistado

 

“Las máquinas que hemos traído a Cuba tienen tecnología turca, se fabricaron en China con especificaciones mías que se convierten en valores añadidos. El primero, y más importante quizás, son los 30 servomotores distribuidos a lo largo del proceso que aumentan la estabilidad, eficiencia y precisión; potencian la productividad; y aseguran al menos un año de producción continua, sin interrupciones.

Cada tapabocas está conformado por tres capas: la exterior (spunbond) sirve de barrera a partículas grandes, líquidas y sólidas; la capa intermedia (meltblown) a bacterias y virus; y la interna (spunbond) absorbe la humedad, es hipoalergénica y protege la piel.

“Sustituimos el aluminio original de las superficies y bandejas por cromo que es más adecuado al clima y salitre propios del Caribe, además de disminuir el riesgo de contaminación con virus o bacterias. Ese material es menos resistente a la fricción, lo cual optimiza el proceso productivo, facilita la limpieza, y le confiere mejor visualidad.

“La planta tiene todo el software en español y le agregamos una máquina esterilizadora y empacadora, que garantiza la asepsia absoluta de las mascarillas y su calidad. Todo esto encareció la inversión, pero habíamos decidido que el producto final tenía que estar a la altura del prestigio del sistema de salud cubano en el mundo.

“Al carecer Cuba de un protocolo o norma específica para la fabricación y certificación de mascarillas, asumimos las de la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea. Con ese alto estándar montamos una planta de dos líneas que permitirá fabricar dos tipos de cubrebocas, quirúrgicos y sanitarios. La única diferencia radica en la capa intermedia que eleva la calidad del filtrado de 94 % a 99 por ciento”.

Según aseguró Maribel Rodríguez, directora de Unimoda, los principales clientes serán los ministerios de Salud Pública y Turismo, así como las ventas minoristas a la población. “En breve haremos la inscripción del fabricante ante la entidad reguladora para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cedmed), y les solicitaremos auditar la esterilizadora para certificar la calidad del producto final con vistas a su exportación”, dijo a Trabajadores.

“Nuestra empresa está muy agradecida a Lway, trajo la máquina y la ensambló él mismo pues el personal que debía hacerlo no pudo venir desde China por la COVID-19. No es ingeniero, pero es ingenioso. También buscó la forma más viable y beneficiosa para financiar el proyecto, nos ha acompañado a lo largo del proceso y estoy segura de que seguirá haciéndolo, como proveedor de materias primas y cliente. Los matanceros estamos contentos de que nos haya dado la oportunidad de ser parte de algo tan importante para Cuba en su combate a la COVID-19”.

 

¿Qué más podemos hacer?

“Queremos seguir en esta línea de la producción de mascarillas, traer otras plantas y montarlas en La Habana y Santiago de Cuba quizás, pero siempre estamos preguntándonos qué más podemos hacer en Cuba, y tenemos varios planes pendientes.

“Años atrás ejecutamos proyectos en Holguín y Camagüey, entre estos una exposición acerca de la presencia árabe en la Revolución cubana. De esa experiencia nació un proyecto de ambientación y decoración inspirado en la cultura árabe con el que acudimos a las Romerías de Mayo, a las Ferias Internacionales de Artesanía (Fiart), a Iberoarte y a otros eventos en el país.

 

El proyecto de decoración desarrollado por Aboradan y presentado en varios eventos del país tiene el propósito de difundir la cultura árabe en Cuba. En las imágenes, las carpas que reproducen el ambiente sirio; y Lway junto a su amigo Abel Corzo. Fotos: Cortesía del entrevistado.

 

“Ahora estamos centrados en darle continuidad a nuestra experiencia en el mundo editorial. En el 2006 montamos el primer stand árabe en una Feria Internacional del Libro de La Habana. El país invitado de honor era Venezuela. Hugo Chávez participó en la inauguración junto al Comandante en Jefe Fidel Castro y tuvimos el honor de recibirlos en aquel espacio que representaba a Siria.

“Para esa oportunidad trabajamos, junto a mi esposa, en traducciones de cuentos clásicos infantiles del árabe al español, y viceversa. Los imprimimos y presentamos en la Feria. Durante varias ediciones hemos sido coordinadores de la presencia de países árabes en ese evento y ya estamos preparando la del 2022 que esperamos sea todo un éxito luego del cierre por la COVID-19.

“Con Cinesoft hay proyectos en marcha, entre ellos el de audiolibros infantiles. Bastará escanear un código QR y una voz comenzará a narrar la historia. Es algo de gran utilidad para los más chicos, los que no saben leer, los ciegos, los maestros, los padres… Será una asociación económica internacional, la entidad cubana pone el software y nosotros el soporte tecnológico, sean tablets, libros impresos, o lo que sea.

“De todos los países en los que he estado, Cuba es la que menos prejuicios tiene con respecto a los árabes. Acá, si nos identifican, piensan en camellos y desierto, nadie nos relaciona con terroristas ni bombas. En otras partes han envenenado la mente con esas ideas, y han deformado muchísimo mi religión.

“Aquí somos respetados, eso explica que la mayoría de mis compañeros de estudio en la universidad han regresado y se han asentado. Los que llegaron como refugiados entre el 2012 y el 2013 de Siria, Yemen, Egipto, o Libia también decidieron quedarse. El humanismo y la solidaridad de ustedes los hace únicos”.

 

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