Un año con COVID, el aniversario que nadie quiere celebrar

Un año con COVID, el aniversario que nadie quiere celebrar

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La calle donde vivo amaneció con un silencio sepulcral. Los ruidos lejanos, esos que llegan de un carro que dobla la esquina al percatarse de la barrera o la voz de un vecino de la otra cuadra, estremecen a los de aquí. Por segunda ocasión, en un año, la COVID-19 sitia a mi cuadra, como a otras tantas en Sancti Spíritus.

 

Un año después de confirmarse los primeros casos con la COVID- 19 en Cuba, Sancti Spíritus presenta una situación epidemiológica compleja, por lo que se multiplican las acciones para cortar transmisión del SARS CoV-2. Foto: Yuleiky Obregón Macías

El impacto del coronavirus se siente en el frenazo del tránsito, en el sosiego de las dos escuelas que la circunda, en los vecinos que no se asoman a la puerta, en los pequeños negocios cerrados otra vez.

Una vuelta atrás al almanaque, nos traslada a aquel 11 de marzo del 2020 cuando el Ministerio de Salud Pública confirmara los primeros casos positivos al SARS CoV-2 en el territorio nacional. Tres turistas italianos que se encontraban hospedados en un hostal de Trinidad.

Se encendieron las alarmas y se creó, a modo de ensayo clínico en la práctica, el primer antídoto anti- COVID, establecer y aislar a la cadena de contactos.

El Hospital de Rehabilitación “Faustino Pérez”, de la central provincia, se abría como el primer centro de aislamiento del país. El Instituto de Medicina Tropical “Pedro Curí” de la capital cubana y el Hospital Militar de Villa Clara, estrenaban los protocolos para atención de los primeros enfermos.

Las cifras que entonces desparramaban bocas y alteraba a las abuelas, a la postre parecen ridículas y ya suman más de 1 300 los espirituanos contagiados desde aquel 11 de marzo.

Un año de convivencia con el SARS CoV- 2 y el virus continúa poniéndonos barreras. Ello nos dice que el uso correcto del nasobuco, la desinfección de las manos y el distanciamiento social  han sido lecciones mal aprendidas para muchos.

A esas prácticas- imprescindibles para mantener a raya al coronavirus-  la rutina parece afectarles tanto como a un matrimonio, y el “enemigo”  ha aprovechado cada desliz para mantenerse vital 365 en nuestras vidas.

Los cubanos, acostumbrados a celebrarlo casi todo- y en esa festividad se encuentra otro de los sazones que han aderezado al “bicho”- lejos estamos de querer conmemorar este “dichoso” aniversario. Menos en momentos, cuando las estadísticas traducen cifras de contagiados exponencialmente superiores a las del desde el inicio de la pandemia.

Menos, para quienes han vivido la incertidumbre de un diagnóstico, la convalecencia de sus seres queridos o despedir a algún familiar sin funeral. Tampoco para mis vecinos, otra vez cercados con cintas amarillas, porque la responsabilidad y el autocuidado de unos, no ha podido darle un portazo definitivo a la negligencia de otros.

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