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La Radio, entre la realidad y los sueños

Silencio. Efectos. Sonidos. Voces. Música…, el mundo a través del éter, directo al oído. Desde las antenas, hasta el suelo; justo hasta la intimidad del hogar. Lo humano y lo divino. Todo tiene lugar en el espacio de la Radio, elevado a la categoría de arte porque ¿acaso hay otra manera de denominar la capacidad sin fin de narrar, comunicar, y emocionar?

 

 

Desde el máster nace la magia diaria, embestida de la locuacidad de los locutores, de la habilidad de los realizadores de sonido, que suelen ser detallistas, obsesivos y anónimos; ellos hacen práctica la precisión del director en cada idea o la anticipación y la concepción inicial del asesor que otea la realidad para luego ser contada de mil maneras.

Mas, antes de esta vorágine cobrar vida, el escritor pone «manos a la obra» y una vez trata de seducir a los jóvenes y, en otra oportunidad, narra una trama, bien histórica, policial o dirigida a los niños. Así nacen en Radio Victoria, Caminos, Campanita de colores, Caso cerrado…, la ficción o la narración de un suceso cobran vida en las interpretaciones de los actores, y absorben, atrapan, dejan lecciones…

Sin embargo, el latir de una emisora implica muchos corazones dispuestos en la obra. Algunos como los periodistas vibran ante la urgencia de los acontecimientos, son los eternos apresurados y ocupados; otros, como los técnicos, resultan los incondicionales e imprescindibles para que todo funcione con la precisión exacta y necesaria. Mientras, con la instantaneidad y las emociones del momento los narradores hacen del relato deportivo pasión; ellos son maestros en el ejercicio de la palabra. Dignos de todo honor son también los investigadores y quienes velan por la calidad de cada emisión o por acercarse a los intereses del público y definir qué programa colma las preferencias de la audiencia.

¡A tantas manos se debe esta obra diaria! ¡Hay tanta «bomba» en cada minuto al aire! Todos cuentan, porque nada sería posible sin el chofer presto y diligente, sin el personal de oficina, sin aquel que te recibe en el lobby, el que vela por el cuidado de un estudio de grabaciones o el que afina los suministros para sostener los procesos.

Por todo esto suele suceder que en las radios, muchos, la mayoría, están allí desde la mocedad de la juventud; fueron, con seguridad, los mismos que conocieron de los discos, casetes o de las cintas reproductoras dispuestas a mano en una intríngulis ahora incomprensible y cuyas máquinas permanecen en los estudios, como si esperaran una regresión imposible. Hoy el mundo digital signa a la radio y desde Las Tunas Tiempo 21 procura hacerse un espacio en esa mar compleja y versátil. Los más jóvenes nutren la sabia de tantos años.

Por estos lares el medio continúa sembrando sueños y causando desvelos, (re) construyendo la realidad fáctica y tangible o pintando con sonidos la ficción que usted logra «ver» gracias a tanta magistralidad. No, no hay extraña condición aquí, la radio se nutre de la realidad y los sueños, de lo humano y lo divino. (Tomado de Periódico 26)

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