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Cuba despide a un maestro

Enrique Pineda Barnet.
Enrique Pineda Barnet.

Ha muerto un maestro del cine cubano. Y mucho más: un escritor, un actor, un periodista… un hombre grande de la cultura. El saber enciclopédico de Enrique Pineda Barnet, su singular sensibilidad, su buen talante para asumir proyectos y concretar sueños, lo distinguieron en el paranorama de la cinematografía nacional, de las artes todas. Era un torbellino creativo, un intelecto inquieto, un inconforme permanente.

Público y especialistas parecen estar de acuerdo: La obra cumbre del cineasta es La bella del Alhambra (1989), clásico del cine cubano, probablemente el más emblemático de los musicales que se hayan rodado aquí, con toda certeza el más popular. Inspirado en la novela testimonial Canción de Rachel, de Miguel Barnet, fue un gran éxito de público. La crítica lo aclamó. Recibió numerosos reconocimientos, incluido el premio Goya al mejor filme extranjero de habla hispana. El crítico Luciano Castillo señala que el filme representa en el contexto del cine cubano revolucionario el saldo tardío, pero válido, de una deuda con un género teatral de arraigo popular que los espectadores nacionales (y de otras latitudes) esperaron durante varios decenios. Todos los temas que Beatriz Valdés cantó en la película, con donaire encantador, forman parte de la banda sonora esencial de una época.

Pineda Barnet fue también el director de otra significativa producción: el primer largometraje consagrado a la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso, quien protagonizó para el cine una de sus más grandes creaciones: la versión del célebre ballet Giselle. Filmada en blanco y negro, que la dota de una atmósfera mística, la película es referente indiscutible en su género y constituye un testimonio extraordinario del arte de la Alonso y de la compañía que fundó y dirigió por años.

Durante su ejercicio creativo, Enrique Pineda Barnet exploró los vasos comunicantes entre la ficción y el género documental, en filmes de desiguales resultados y acogida, pero frutos de interesantes y audaces planteamientos. Es el caso de Mella, de 1975, una superproducción histórica que recrea el itinerario vital y revolucionario del gran líder estudiantil. O de Tiempo de amar (1983), en la que versionó la novela Brumario, de Miguel Cossío. Ahí se abordan las peripecias de una pareja que debe separarse durante la crisis de los misiles.

Otros títulos significativos en su extensa filmografía fueron David (1967), Aquella larga noche (1979), y los documentales Cosmorama (1964), Che (1968), Versos sencillos (1975) y Ensayo Romántico (1985). Desarrolló también una importante labor como guionista. Fue, por ejemplo, asesor y coautor junto al poeta soviético Evgueni Evtushenko del guion de la coproducción soviético-cubana Soy Cuba, dirigida por Mijaíl Kalatózov en 1964.

Pineda Barnet no creía en tiempos muertos. En la década de los noventa trabajó con el grupo Arca, Nariz, Alhambre en la realización de cortometrajes en video. Esa agrupación fue un pujante taller creativo que lo tuvo como pilar.

Sus últimos largometrajes La anunciación (2009) y Verde verde (2012) no pasaron inadvertidas y propiciaron el debate entre críticos y espectadores. Es lo que siempre quiso: generar polémica, a partir del acercamiento a temas sensibles, algunos considerados tabúes.

Premio Nacional de Cine en 2006, laureado en muchos festivales, Enrique Pineda Barnet fue un intelectual raigal, un animador cultural, un profesor de muchas promociones de realizadores. El cine cubano despide a una de sus figuras esenciales. Su obra, pródiga y diversa, le garantiza la permanencia.

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