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Recordando la hazaña de construir un camino de piedra sobre el mar

Hace 30 años ,este 15 de diciembre, se inició la construcción del Pedraplén Caibarién-Cayo Santa María. La idea del Comandante en Jefe Fidel Castro de gestar un polo turístico en la zona nordeste de Villa Clara  tendría como enlace ese vial de 48 kilómetros y 48 puentes.

 

Foto: Archivo

La obra , realizada contra todo pronóstico en medio del periodo especial por el que transitó Cuba en la década del noventa, del pasado siglo, estuvo a cargo del Contingente Campaña de Las Villas , dirigido por Orlando Rodríguez Pérez, quien fuera Héroe del Trabajo de la República.

 

Luego de construido el pedraplén, se inició el desarrollo de este paraíso natural que es la cayería con más de 17 kilómetros de playas vírgenes, flora y fauna endémica  que cuenta actualmente con  decenas de hoteles, delfinario, marinas y pueblos marineros, donde llegan turistas de los más disímes países .

Reproducimos en esta ocasión varias crónicas de la periodista Lourdes Rey Veitia compendiadas en el libro Puño de piedra y espuma,  publicado en 2006 por editorial David, de la CTC, en el que se resume aquel momento fundacional  y la epopeya laboral de esos hombres.

Más allá del horizonte

Las gaviotas están al borde del camino. Están también al final. Solo ellas sabían la ruta exacta.  Han ido custodiando todo el trayecto. Venían al  encuentro cuando menos  se esperaban. Se alejaban cuando  no lo imaginaban. Siempre estuvieron cerca, pero no tanto como para poder atraparlas.Estaban  allí libres aquel día en que cayeron, en un burbujeo silencioso, las primeras piedras al mar.

Las gaviotas saben toda esta historia. Ellas y el mar son quizás quienes más la han vivido. Los hombres han estado íntimamente en el ir y venir de las olas y el verter del rocoso, que las gaviotas y el mar, pasaban inadvertidos para algunos. Había tanto que hacer que ni aquel encuentro cauteloso y confidencial  entre mar y gaviotas detenía las labores.

El mar parecía el enemigo, en cambio se convirtió en compañero. Bravo a veces, sereno casi siempre, tan cerca y tan lejano que solo mirarlo daban deseos de vencerlo,  pero amigo al final.

El mar, las gaviotas, los hombres y una idea. Una idea que era  ya una obsesión para ellos. Una idea que se impulsaba porque en ella iban tantas otras, que había que hacerla  cierta. Sería un camino de años, podrían ser muchos más de los que se creyó en un inicio.

Aquella cinta plateada, que estaba  dibujada como un trazo infantil, se agigantaba en la memoria, encontraba vericuetos insospechados en el trayecto, aunque eso sí, las gaviotas y el mar abrirían paso. Nada los detendría, nada pararía aquella fuerza que brotó por un sueño. Ni el sabor amargo de las almendras que están a la entrada del camino, ni los amaneceres que parecían oscuros, cuando no había gaviotas. Ni los rumores de un, no seguir, porque no había calma en el mar. Porque el mar, siempre encontró el momento exacto para dejar ir hacia delante.

Todo comenzó una noche cuando nada se vislumbraba. Cuando alzar las primeras piedras parecía una hazaña. Antes hubo tanta energía que solo ahora se aprecia el porqué, de aquellas acciones. Había tanto que cuidar, desde el mar, las gaviotas y sus hombres, hasta la idea.

Cuando se trazó la curva que construirían, únicamente Orlando sabía que estaba en el borde del camino. Lo acompañaban en aquel pensamiento el mar y las gaviotas. Sus hombres lo seguían. Orlando sabía que podía llegar hasta la última gaviota. Soñó entonces con alcanzar una sola. Aquella que se encontraba más allá del horizonte.

La primera piedra

Cuando se tiró la primera piedra al mar el burbujeo  fue sencillamente silencioso. Eran las  2 de la tarde del  15 de diciembre de 1989. Después vinieron cientos de miles y ya el burbujeo fue tomando sonido y color cada vez que se avanzaba un metro. Se hacía espuma al verter.

El primer camión iba lento, acaba de llenarse minutos antes  en la cantera de Guajabana,  frenaba  y hacía desprender el aire característico que se exhala de las gomas, el chofer manejaba con cuidado, sabe que lleva la carga más preciada de su vida encima, sabe que será histórica, todos junto a él lo miran, detrás una fila de otros trece equipos esperan  para realizar la misma operación. Osvaldo  Leal había sido el elegido para  llevar la carga fundadora. “Yo trabajaba hasta ese entonces en el Ministerio del Azúcar (MINAZ),  como a todos los del contingente nos habían seleccionado para integrar esa fuerza  y  empecé a tomar conciencia  de lo que iba a hacer.

» Orlando estaba obsesionado con la idea y nos obsesionaba a todos , fue un  honor iniciar los tiros”, dice  quien dejó un día la combinada y tomó un camión para desafiar las olas.“ Este colectivo cambió mi vida, llevo 15 años como Vanguardia Nacional. En otro centro de trabajo nunca lo hubiera logrado. Soy otra persona, aquí he dado un extra que solo es posible obtenerlo por el tesón y el compromiso con lo que haces. Soy más integral, con convicciones que se  adquieren al pie de la obra y viendo a tu jefe al lado. Además siento orgullo, sé que lo que hicimos es único en el  mundo y repetirlo en las condiciones en que lo logramos, creo que solo nosotros”. Osvaldo está ligado a la obra para el resto de su vida.

Saberse iniciador, el primero que vertió piedras al mar, lo enorgullece. “Cuando los rajones de piedra blanca cayeron al agua parecían espuma. Se disolvían como una simple pompa de jabón o sencillamente como globos infantiles, pero yo me dije, con Orlando y tirando piedras para adelante, se llega lejos”.

El mar tragaba las piedras y en aquel rumor parecía decir que necesitarían millones de viajes para lograr el deseo. “ No se  pensaba en el final, no lo conocíamos sencillamente, solo sabíamos la importancia de la obra y lo trascendente del proyecto”. Desde noviembre ya se trabajaba en el lugar desbrozando los manglares y despejando la ruta de ese momento el buldocero Raúl Ferrer recuerda  que ni en el horizonte se veía Cayo Herradura.

Para sorpresa de todos  el día 16 de diciembre, a las 6 de la tarde al terminar la primera faena  se habían  hecho los primeros 30 metros. El mar los emplazaba cada mañana, y cada atardecer, no tenían descanso, sabían que un día llegarían a la meta. El 21 de mayo se culmina el KM #3 , es ese el momento en que se constituyen como contingente con el nombre de Campaña de Las Villas.

 

Empate del pedraplén luego de varios años construyendo ese camino de piedra. Foto: Archivo

Rápidamente la fuerza crecía, el 28 de junio de 1990 nacían la segunda y tercera brigadas, esta última tenía como objetivo abrir un frente que avanzaría desde Cayo Las Brujas hacia Caibarién, lo que ocurre el  11 de agosto del propio año.

 

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