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La penúltima barbaridad de Trump

Al todavía inquilino de la Casa Blanca se le ha caracterizado de muchas maneras, aunque la que mejor le viene bien es la de un “elefante en una cristalería”.

 

Foto: Reuters

 

Así lo ha demostrado en estos terribles cuatro años de desgobierno, rompiendo tratados internacionales, sancionando a diestra y siniestra e, incluso, admitiendo que mandó a matar a algunos de sus adversarios.

La penúltima de sus barbaridades fue dada a conocer en mayo al anunciar  que Estados Unidos abandonaría el Tratado de Cielos Abierto (OST) con el tan repetido argumento de que la Federación Rusa lo incumplía. Muchos esperan cual será la última.

Este documento fue suscrito por decenas de países en 1992, en la capital finesa, Helsinki. El Tratado permite a los observadores militares “realizar vuelos de vigilancia aérea para obtener imágenes de movimientos de tropas y buques en un vasto territorio desde la ciudad canadiense de Vancouver hasta el puerto de Vladivostok, en el Lejano Oriente”.

La actitud de Washington hacia el Tratado comenzó a empeorar cuando el sobrevuelo ruso de Estados Unidos se volvió algo común, y sobre todo cuando Rusia fue el primero en crear equipos de observación digital e instalarlos en aviones participantes en el OST, afirma la Cancillería.

 

¿Realmente una apertura?

Hay que recordar que en la década de los cincuenta Washington propuso la idea de sobrevuelos mutuos de territorios de los Estados para la fotografía aérea y a fines de la década de los ochenta regresó a ella e inició la conclusión del OST.

Aunque la Casa Blanca lo presentó como evidencia de su compromiso con la política de apertura es obvio que quería, en primer lugar, ver el territorio de la Unión Soviética que le era inaccesible, comentó en su momento la Cancillería rusa.

“Hace más de 10 años, nuestros colegas estadounidenses también iniciaron la digitalización de la implementación del OST, aparentemente con la esperanza de asegurar su ventaja científica y técnica”, argumentaron.
Sobre tal decisión Rusia señaló a fines de noviembre estar dispuesta a permanecer en el Tratado de Cielos Abiertos siempre y cuando las demás partes lo cumplan rigurosamente, declaró el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, lo que fue reportado por la agencia de noticias Sputnik.

«Estamos dispuestos a seguir cooperando en el marco de este importante documento, siempre que las demás partes que quedan cumplan a rajatabla con los requisitos de este documento», puntualizó en declaraciones a la cadena Rossiya 24 y afirmó que otros participantes occidentales del Tratado «se dan cuenta de que perder ese acuerdo equivaldría a una pérdida de la seguridad, sobre todo en Europa».

 

 

Por su parte, el viceministro de Exteriores de Rusia Serguéi Riabkov no descartó la posibilidad de salir del Tratado tras EE.UU. Tampoco descartó otras acciones, incluidas unas decisiones provisionales, respondió a una interrogante periodística.

En opinión de Riabkov, Rusia podría abandonarlo si el resto de signatarios traspasan información recolectada en el marco de los vuelos de observación a EE.UU., que ya no forma parte del acuerdo, o si van a impedir que Rusia realice vuelos sobre las instalaciones militares estadounidenses ubicadas en el territorio de los signatarios del Tratado.

Ese documento, en vigor desde el 2002, contaba hasta hace poco con 34 signatarios.

El entonces asesor de Seguridad Nacional Robert O’Brien dijo en aquel momento que la decisión adoptada por la Casa Blanca se enmarca como otros de los “tratados y acuerdos obsoletos que fueron beneficiosos para nuestros oponentes, en detrimento de la seguridad nacional”.

A principios de este mes, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia Sergei Lavrov exigió garantías (por escrito) a los miembros restantes de la Otan de que los datos que recopilen a partir de ahora no se compartirán con Estados Unidos, antes de avisar de que las bases estadounidenses en Europa no quedarían al margen de las misiones de vigilancia rusas.

Con esta medida, ya son tres los acuerdos militares rotos por Trump desde su llegada a la Casa Blanca, después de sacar a Estados Unidos del pacto nuclear con Irán y del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio suscrito con Rusia.

Como siempre, la tan socorrida “seguridad nacional” permite todo lo que le venga en gana al imperio.

 

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